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Creaciones y Evoluciones

Tuesday, April 15, 2008

De todos los seres vivos, sabemos que no fueron siempre, desde el principio de su existencia, tal como son en la actualidad. Su estado y forma presente, sus cualidades y defectos, son consecuencia directa de la adaptación al medio, a través de casi infinitas generaciones. Sin estas mutaciones paulatinas, no existirían actualmente. La misma raza humana se habría extinguido, como lo hicieron sus antecesores.

Si esto es así, que nada vivo es estable, nada es estático, todo cambia, ¿qué nos impide ayudar a la Naturaleza en su búsqueda? No haríamos más que acelerar la evolución, en la dirección deseable. Nuestros genes, y la acción de ellos sobre nosotros, son modificados constantemente, aún sin pretenderlo. El simple hecho de alimentarnos selectivamente, hacer deporte, ejercitar el cerebro, elegir pareja, ya influye y determina. No sólo en nosotros mismos, sino, de algún modo, en nuestra descendencia. La consciencia de nuestro ser, nos transforma.

No veo, por tanto, que sea objetable la investigación genética. Siempre y cuando dejemos la ciencia en manos de los científicos. Sin que opciones políticas, o dictadas por estructuras religiosas (fuentes organizadas de poder totalitario), traten de apropiarse los resultados, en beneficio propio o detrimento de otros. La libertad para investigar, difundir los conocimientos adquiridos y hacer uso racional de los avances logrados, es básica en las ciencias. Sin ciencia no hay progreso, sino estancamiento.

El hombre, como ser pensante y moral, ha de someterse a sus propias leyes. No puede pretender regir el mundo, forzando la aplicación de códigos idealizados, hechos a la medida de los dioses circunstanciales. Las normas de conducta han de ser, en primer lugar, humanas, por tanto, naturales. Las leyes etéreas, dejémoslas para seres celestiales.

Hoy, cuando ya ha sido aceptada por la ciencia una edad para la Tierra de, al menos, cinco mil millones de años, y, para el Cosmos, otra más cercana a los quince mil millones de años, desde el mundo religioso se rebaten tales cálculos científicos. Sin argumentos en contra. Basándose en escritos poéticos de la época babilónica, extraen datos tales, deducidos de interpretaciones bíblicas, como que Caín mató a Abel en el año 4003 antes de Cristo. ¡Qué certeza! Desde el mundo religioso no se contradice a los geólogos, físicos, paleontólogos o astrofísicos, sencillamente se los ignora. Se prescinde de ellos. O bien, se pide que los escritos sagrados sean reinterpretados a la luz de los nuevos conocimientos. La fe lo puede todo. Es decir, debemos creer que los libros sagrados no se equivocan. Sólo la interpretación humana, que de ellos se hizo, condujo al error.

Cualquier rama de la ciencia, que aporte conocimientos nuevos, está cambiando la vida del Hombre. Por muy alejadas que estas aportaciones parezcan, del día a día cotidiano. El saber humano, aún cuando sus fuentes sean diversas, va formando un todo global, que infiltra savia de distintas raíces en las mismas ramas. Ya que todo conocimiento empieza y acaba en la Humanidad. Toda idea pertenece a una época. Y esta es la nuestra. No volvamos a tiempos de oscuridad. El riesgo de retornar, religiosamente, a la Edad Media, lo vemos en el avance imparable de los fanatismos, bien explotados por quienes ostentan el poder político en el mundo actual. Para desgracia de la Humanidad.

En todo caso, la evolución de lo existente sigue su curso. Está en la naturaleza de todo lo vivo. Se confirma con la evolución constante de las especies. Si hay algo claro en ciencia es, que hoy sabremos siempre menos que mañana., Porque la Naturaleza no es estática y las ciencias tampoco. La ignorancia científica de sus creadores, es lo que pudo estar en la base de teorías tales como las expuestas en el Génesis, sobre la creación y destino del Universo, puesto al servicio del Hombre.