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Saber y Creer

Sunday, April 13, 2008

El objetivo final de la enseñanza religiosa es crear súbditos, no hermanos. Cuando entendemos el origen de nuestro temor, el miedo tiende a desaparecer. Por eso, quien es maestro temido, procura que no deduzcamos el origen de nuestro sometimiento. Deberíamos permanecer, siempre, como señores de nosotros mismos, sin convertirnos en sombra de quien nos ordena la vida. Si no tememos a la muerte, amaremos la vida.

El fin básico de la religión es el poder. Todas las creencias establecidas, basan el ascendiente sobre sus adeptos, en no permitirles dudar de sus maestros. El análisis queda excluido. So pena de ser castigados por el Dios Todopoderoso propio.

El saber libera. Los conocimientos aportan soluciones. Quizá ello explique por qué las sociedades donde las ciencias más progresan, son aquellas en las que los esoterismos han disminuido su poder.

Las instituciones más conservadoras, coinciden con aquellas cuyo poder está basado en el secreto, lo misterioso, lo oculto, lo vedado. Características propias, también, de sociedades basadas en lo religioso. Teniendo esos criterios como reglas básicas, no pueden evolucionar libremente. Se convierten en pantanos donde se ahoga el progreso. El progreso es luz, lo misterioso, noche y ciénagas. Las sociedades secretas, antiguas y actuales, algunas de ellas con reglas herméticas de carácter religioso, basan su poder en mantener reservados los conocimientos que vayan adquiriendo. Al no compartir con la sociedad exterior los secretos acumulados, a través de sus posiciones privilegiadas, tienen en sus manos el dominio de la sociedad. Los confesores o confidentes de los monarcas y jefes de Estado, siempre han sido sujetos poderosos.

En esos círculos cerrados, el maestro que pasa sus conocimientos al alumno, lo obliga a guardar el secreto, en un círculo muy limitado. Transformando las reglas religiosas en cárceles del espíritu. Muchas de las sociedades esotéricas actuales, tuvieron sus orígenes a la sombra de las catedrales, en ámbitos religiosos muy seleccionados.

Si se pretende crear una sociedad de progreso, los conocimientos han de ser abiertos, de libre disposición. Que el avance de una sociedad, signifique progreso para toda la Humanidad. En las sociedades cristianas, hasta bien entrado el siglo XX, cualquier cuestión científica, por evidente que fuese, quedaba supeditada al criterio lego de teólogos con mente estrecha. Esa forma de pensar subsiste en la actualidad. Se sigue considerando que las ciencias han de estar supeditadas a las creencias. Así se fijó, para la eternidad, en el Concilio Vaticano I., en 1869.

La moral natural no se deriva, necesariamente, del sentimiento religioso, ni necesita participar de él. Ya las sociedades animales observan conductas y pautas morales. La moral es anterior a la religión.

Durante la Edad Media, los conocimientos se acumulaban en los conventos, constituidos en centros de poder. Monopolizando, cicateramente, las ciencias de la antigüedad clásica, condenaron a la ignorancia al resto de la sociedad cristiana. Porque la mayoría de los libros antiguos habían sido destruidos o mutilados, por los clérigos y su lectura prohibida. Era su forma de asegurarse el poder social, en una sociedad donde ya tenían asegurado el exclusivo poder moral.

La ciencia moderna, comenzó a extenderse entre los pueblos, a partir del Renacimiento, con la disminución del poder temporal del papado. Que siempre ha funcionado siguiendo los organigramas del Imperio Romano. Ese es el principio y fin de todas las cosas, la acumulación de poder. Donde el fin es también el principio. Sabiendo que el conocimiento marca el camino de la libertad, han preferido tener pueblos sumisos e ignorantes, que no pudieran volar muy alto. Han querido tener servidores, no señores de sí mismos.