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Perdón y Venganza

Sunday, April 13, 2008

La venganza es un castigo, para quien la ejerce. Una carga que aplasta y condiciona, antes y después de cumplida. Quien siente la venganza como un deber, no puede descansar, hasta que la cumple. Lo peor es, que tampoco es feliz luego del cumplimiento, pues siempre le cabrá la duda sobre la justicia de la misma. El ciclo no se cierra. Ni cumpliendo, ni sin cumplir. La venganza más justa, y menos traumática, es el olvido; el olvido total. La falta de recuerdo debe ser el castigo de quien hizo algo malo, algo tan malo que debe ser olvidado. Los peores enemigos del olvido, son los maestros de creencias. Quien depende de sus creyentes, procura afianzar sus creencias. Cuestión de supervivencia.

Quien hereda creencias de venganza, va aviado. Ya tiene trabajo para toda la vida. Esta tarea no acaba nunca. Es como la marea, tras el flujo, viene el reflujo. Sin pausa. El equilibrio natural lo exige. Quien se convierte en verdugo, deja de ser víctima, pierde sus derechos como tal.

Los más antiguos libros de la Biblia, aceptan perfectamente el concepto de un Dios guerrero y vengativo. Abraham recibió, directamente de Dios, la promesa de que su descendencia poseería las ciudades de sus enemigos. Casi podría deducirse que, cultivar enemigos, puede ser una ocupación rentable. Así les va. Siguen sintiéndose aislados, en medio de la Humanidad. Como si fueran una raza aparte. ¡Qué desgracia! Sentirse solos, entre millones de semejantes.

En el Génesis, después de que Abel hubiese muerto, su hermano Caín dice a Dios: ‘He aquí que tú hoy me arrojas de esta tierra…y andaré fugitivo por el mundo… por tanto, cualquiera que me hallare, me matará.’ Respondiéndole Yahvé: ‘No será así… y le puso una señal, para que ninguno que lo encontrase lo matara. ‘

Teniendo en cuenta que Adán y Eva aún no habían tenido a su tercer hijo, Set, se da, sin embargo, por sentado, que había ya, en aquella época, más gente en el mundo, que podían tomar venganza sobre Caín. Posteriormente, se afirma que Caín marchó a vivir al país que está al Este del Edén, (podría ser Persia), y que allí conoció a su mujer. Por tanto, Adán y Eva son, según estos pasajes, bien claros y explícitos, los progenitores del pueblo judío, no los de la Humanidad en pleno. Puesto que ésta ya existía, al menos en los alrededores del Paraíso.

Esencialmente, el Dios de los musulmanes es el mismo que el de los judíos y cristianos; sólo varían detalles, y, por supuesto, la doctrina sobrevenida. Es totalmente identificable el origen común, a partir de una sola raíz.

Quien haga un mal, ignorando que lo hace, será perdonado. De todas formas, hay un principio, si no dogmático, sí doctrinal, que aboga por la imposibilidad de escapar al destino. Lo que ha de suceder, sucederá. Hagas lo que hagas. Puesto que Dios conoce el pasado, el presente y el futuro, no puedes escapar de Él. Tal doctrina, aceptada cotidianamente en el ámbito popular musulmán, puede conducir, y de hecho conduce, a la aceptación del destino como algo prefijado por la divinidad. Contra lo que no se puede luchar. La extensión de esta creencia es, posiblemente, el mayor motivo del freno actual en el progreso de la civilización musulmana.

El error básico de las guerras actuales es haberlas montado como un negocio en comandita. Donde cada socio recoge su parte de botín, petróleo, oro, uranio, o lo que sea, interviniendo lo menos posible en el conflicto. Todo se reparte en función del capital y el esfuerzo aportados. Cuando se habla de negocios, la moralidad queda aplastada bajo el peso de las ganancias. Así, la supuesta lucha contra el fanatismo, termina siendo una disputa entre fanáticos, enfrentados por el reparto de beneficios.