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Europa Libre

Sunday, April 13, 2008

Hay quien hace los mayores esfuerzos, no para avanzar, sino para quedarse anclado en el tiempo. Aunque los ideales justificadores cambien, las personas autoritarias permanecen ejerciendo su poder asfixiante. Ellos quieren ser la ley y el estado.

Durante la primera Guerra del Golfo, el Emir de Kuwait dejó claras sus preferencias:”La democracia no es una prioridad en Kuwait”. Nuestras tradiciones no la incluyen como forma de gobierno. Contestó a preguntas de periodistas. Al menos para él, soberano absoluto, no lo era entonces. Y sigue sin serlo hoy, está claro. Los monarcas y gobernantes musulmanes, al parecer, no se deben a sus pueblos, sino a Alá, que los ha colocado en sus puestos. Así que son portadores de órdenes y derechos divinos. Los demás creyentes sólo tienen obligaciones.

En otro mundo, la inmensa Rusia, ha surgido un nuevo zar: Putin no se siente obligado a instaurar la democracia real en su país. Argumenta una excusa risible: “No hay tradición democrática en la historia rusa”. Y él no quiere cambiar la tradición autoritaria, desde luego. Le resulta más difícil crear una nación libre, que aniquilar la libertad limitada que soportan los rusos post-soviéticos bajo su tiranía. Los no leales, desaparecen, misteriosamente.

En la actualidad, el panorama político mundial está escaso de grandes hombres. Que vislumbren que las palabras libertad, generosidad, comprensión, compasión, no encierran peligros y debilidades, sino que son la fortaleza de los sistemas democráticos. Donde todos somos importantes para conseguir la armonía social y la felicidad personal. Los sistemas autocráticos, piramidales, aplastan con su peso a los débiles, en vez de ayudarlos a ser fuertes. No hay felicidad sin libertad.

Bush, el pretendiente a emperador tejano, está haciendo retroceder el concepto que en el mundo se tenía de la democracia americana. Al considerar prioritaria la seguridad de los gobernantes, en detrimento de la libertad, aplasta el ideal. Los ciudadanos del mundo son, ya hoy, menos libres que hace pocos años. Por tanto, tenemos menos motivos para ser felices.

Menos mal que Europa ha comenzado a moverse en la dirección opuesta. La solidaridad mutua está creando un espacio de libertad, de libertades, que nunca existió en tan gran medida. El excesivo respeto a las tradiciones, cercena el avance de los pueblos, e impide la independencia de pensamiento. Cuando se actúa en concordancia con los principios universales de respeto a nuestros iguales, se logra perfeccionar la libertad de todos. Esa es la esencia de la felicidad. Aún cuando estemos condicionados por nuestra naturaleza y entorno físico, siempre podremos gozar de libertad mental.

Primero, hemos de tener libertad para crear, la creación viene luego. Sin libertad, la mente se petrifica. El individuo, en libertad, ejerce la armonía de su propia naturaleza, consiguiendo la plenitud. La unidad de criterio, como bien supremo a conseguir, es un cementerio de ideas. La anulación del pensamiento, progresista y progresivo. El camino hacia las dictaduras está empedrado con las cabezas de los “disidentes”: Aquellos que osaron pensar por sí mismos.

Los partidos políticos no son iglesias, con dogmas inamovibles. Han de adaptarse al correr de los tiempos y a las necesidades de los ciudadanos. Un partido político no puede estar concebido como un ejército disciplinado, con el general en jefe a la cabeza.

Eso puede derivar, solamente, en la constitución de una dictadura militarizada. Donde la disciplina, la obediencia, el acatamiento, se convierten en leyes supremas, petrificantes de la sociedad. En ese ambiente, muere la creatividad y se agosta la felicidad individual, base de toda sociedad equilibrada. No puede construirse una sociedad feliz, si se oprime a sus componentes, los individuos. El resultado final es la suma de sus integrantes.

Si no tenemos más tropiezos para poner en práctica la bella teoría de la Unión Europea total, podremos mirar hacia el próximo futuro confiados. Importante es que no escuchemos a hombres fuertes, autoritarios, sino a los abiertos de mente, y firmes en su bondad.

Libros de interés, de Emilio del Barco:

De la hoguera al cielo. Ed. Artesanía Literaria. Gran Canaria (España) ISBN 84 - 95575 - 32 - 9
Magia religiosa. Ed. Artesanía Literaria. Gran Canaria (España) ISBN 84 - 95575 - 08 - 6