Sentimientos y Conocimientos
Los códigos morales, basados en la idealización de lo imposible, no pueden conducir más que a la hipocresía y el masoquismo.
Una cosa es tender a la perfección de lo humano, y otra, muy diferente, hacer que la vida sea una continua persecución de lo imposible. Forzando al humano a prescindir de sus instintos básicos, deshumanizándolo. La perfección del humano está en su humanización completa. Mejorando todo lo humano, sin renunciar a su esencia perfectible.
La perfección, no consiste en renunciar a parte de su humanidad, sino en la culminación de una humanización total, sumando sentimientos y conocimientos. Quien más siente, conoce mejor. Aunque no se pueda sentir plenamente. Sentimiento y conocimiento se complementan. Sin antes conocer, plenamente, no se puede sentir, perfectamente. El humano dejaría de serlo, si no fuese aceptado en su complejidad. No somos seres perfectos, sino perfectibles, de forma continuada. Lo humano, más que un logro constatable, es un proceso en formación. Unos sentimientos y conocimientos conducen a otros. Lo más profundo del humano está en su raíz. A partir de la raíz y su sustrato, obtenemos el conocimiento del resultado. No somos ángeles, espíritus puros, sino materia sublimada. La idealización de nuestro origen y composición, conduce a falsedades. No somos hijos de los dioses, sino materia con pretensiones.
Conocer es la base del saber. No se puede pretender conocer, realmente, nuestro ser, si comenzamos falseando la realidad material de nuestro origen. Hay que estar inmerso en la realidad, para conocerla, y absorberla mejor. A quien pretenda conocer el mar, sin sumergirse en él, siempre le faltará experiencia, para sentirlo. A los moralistas, que pontifican, desde el encierro de sus cuatro paredes, siempre les faltará experiencia de la realidad. Permanecerán en el mundo exterior, ignorando que no son maestros, sino ni tan siquiera aprendices. Porque siguen en su propio mundo, aislados de la realidad. Los sentimientos no se pueden regular por leyes. Amar o no amar, se agrandan sintiendo, no legislando.
Por encima de las creencias están las ciencias. Verdades probadas y comprobadas. No podemos llegar al núcleo de las verdades sólo fantaseando. Necesitamos conocimientos. Y esos no se adquieren ignorando, deliberadamente, la realidad. Quienes así actúan, pretendiendo transmitir verdades, a través de una elaborada sarta de fantasías, sencillamente, engañan. Perjudicando el conocimiento y recto pensar de quienes en ellos confían. Con ello, no pretenden enseñar, sino adueñarse de voluntades. Tales personas, no actúan noblemente. No podemos asistir impasibles a la anulación del libre pensamiento de las personas, a favor de organizaciones internacionales, expertas en dominar mentes y torcer voluntades. Cuyo fin principal es la acumulación de poder. Lo que consiguen, magistralmente, a través de sus técnicas de torcimiento de voluntades, probadas durante siglos.
Temamos a quien dice hablar en nombre del Bien. Porque deja implícito que, quienes le contradigan, lo hacen en nombre del Mal. Son expertos en captar voluntades, en su propio beneficio.

