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Liberación Mental

Friday, January 1, 2010

A más creencias, menos ciencia. Las organizaciones de creencias, son estructuras de poder, básicamente. Los especuladores de ideas, no se conforman con poseer las vidas de quienes se enganchan a sus cebos. Quieren poseer países. Donde puedan sentirse más poderosos.

Si algo debemos tener bien claro, es que no se ha de buscar la verdad en otros, sino en uno mismo. La propia verdad, que surge de nuestro interior, es la válida para cada individuo. El mundo está en nosotros, como nosotros estamos en él.

El progreso científico y económico, la acumulación de bienestar por la Humanidad, comenzó cuando los hombres de ciencia pudieron liberar sus estudios de condicionamientos mágicos, místicos y doctrinales.

Los hombres religiosos tienen, implícitamente, tendencia al conservadurismo. Miran más a la herencia del pasado, que a la innovación futura. La verdad se puede ocultar, pero eso no la cambia. Su esencia permanece.

El derrocamiento de Saddam Husein fue, en sí y por sí, una bendición para Irak. Pero ha sido torpemente devaluado, por la zafiedad de los ocupantes. El pueblo liberado no parece disfrutar mucho con su nueva libertad. Si antes morían de hambre en un país sojuzgado, ahora nadie percibe que les vaya mejor. Sólo podemos estar seguros que, con el bronce de las estatuas derribadas de Saddam Hussein, nadie moldeará figuras de los líderes invasores. Aunque, ahora, se pretenda inculcarles nuevos dogmas, en sustitución de los anteriores. Lo que les crea problemas añadidos de identidad y creencias.

El alma de un pueblo, como la de un individuo, siempre es singular. Allí está naciendo un nuevo mundo, con viejas raíces. La mejor intervención es dejar que nazca libremente, naturalmente. Sin cesáreas ni parteras.

Sobran los dogmáticos, de todo signo. Lo que los pueblos liberados necesitan, son legiones de científicos, que enseñen a pensar en libertad. Sin adoctrinamiento alguno. En cambio, se está produciendo una invasión de predicadores, mahometanos y cristianos, que no contribuyen al bienestar y liberación mental del pueblo iraní, sino a incrementar su confusión y crear nuevos conflictos de identidad. En un pueblo que necesita, urgentemente, liberarse de doctrinas autoritarias y el recuerdo de gobiernos dictatoriales. Se ha destruido una dictadura, sin liberar el país de sus consecuencias. El caos no presenta muchas ventajas sobre la dictadura.

Nunca habría revoluciones, si no se frenara la evolución natural del pensamiento. Quien trate de evitar la libertad del pensamiento, es el mayor provocador de explosiones intelectuales. Como las que estamos viviendo actualmente, en el mundo de las religiones, convertido en un hervidero destructivo. Las religiones institucionalizadas, no son proclives a los cambios sociales. Y eso tiene consecuencias.

El alma de un pueblo necesita expandirse. Siempre tiene antecedentes ajenos a los de otros pueblos, que condicionan sus reacciones presentes y futuras. En el continente euroasiático, está naciendo un nuevo mundo que condicionará nuestro futuro. La mejor intervención es dejarlo que nazca. Por sí. Admiremos el proceso, sin intervenir, como contemplamos un bello amanecer, pasmados. Sin ponerle decorados al firmamento, que no los necesita.

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