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Razones irracionales

Friday, August 21, 2009

El fanatismo se asienta en la eliminación del pensamiento racional. Las creencias están basadas en pensamientos primitivos. Prescinden de la lógica y los conocimientos acumulados por la Humanidad. Constituyen un continuo retorno a la ignorancia total y la falta de lógica de las ensoñaciones.

Cuando se mezclan intereses ideológicos, o religiosos, con territorios y economía, las consecuencias son previsibles. Las creencias irracionales, las magias todas, no son sólo una droga del cerebro, sino cárceles del alma, del espíritu, del pensamiento. Sus defensores atacan a quienes se niegan a mover el mundo a su dictado. Si las tratamos como humanismos heterogéneos, se hace imposible su conocimiento racional. Usar la irracionalidad como arma, no puede reconducirnos más que, de nuevo, a las cavernas.

Los razonamientos religiosos caen dentro de lo poético. De forma que tales argumentos no necesitan ser racionales. No se puede exigir a Hacienda que sea sentimental, pero sí racional, si quiere convencernos de sus razones para cobrar.

Nada es arbitrario, casual o irracional en el discurrir de la Naturaleza. Todo suceso es producto de otro anterior. No puede haber consecuencia sin antecedente. Quienes convierten en dioses a hombres que nunca pretendieron serlo, entran en la categoría de los mistificadores, movidos por el entusiasmo. O quizá intereses de participar en lo misterioso, para disfrutar de sus ventajas. Aunque alguien no llegue a entendernos y quizá nos admire, el hecho no nos transmuta en seres supra terrenales. Es la alquimia del pensamiento admirador, la que sublima al hombre en dios.

El mismo efecto pendular se produce en los credos políticos de los electores, que en los creyentes. Están fuera de toda lógica razonable. Se pueden concebir palpitaciones de opinión, que den más importancia a unos detalles que a otros, pero resultan irracionales las oscilaciones sucesivas de un extremo a otro del horizonte político. No deja de sorprendernos que siga produciéndose el fenómeno de la aparición de ’salvadores’ del signo contrario, cada vez que surgen crisis en el otro extremo de las preferencias. Si no es inesperado, sí resulta desconcertante. Parece como si el ideario de los humanos estuviese formado por alguna sustancia gelatinosa, informe y temblorosa; en ansiosa espera de una mano externa que le dé forma definitiva.

Las épocas de crisis crean el deseo de buscar protección. Y, entonces, llega la primavera de los bocazas, los salva-patrias, los fascistas y populistas. No vivimos en una época de excepción, los ciclos se repiten; sólo cambian los protagonistas y escenarios, no el argumento.

El mayor acto de progreso que puede experimentar el ser humano, es el de su liberación de las creencias. Mientras el peso de las convicciones lastre su mundo, no levantará el vuelo. Prescindir de conceptos inculcados irracionalmente, es básico para el avance de la mente.

No podemos basar nuestra vida intelectual en conceptos mágicos y creencias irracionales, con la única justificación de que ‘siempre ha sido así’. Lo que no es cierto. Ningún momento de nuestra vida actual es igual a otro anterior.

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