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Futuro infinito

Tuesday, July 14, 2009

La historia de la Humanidad es, afortunadamente, mucho más que el relato de guerras, batallas y matanzas. Esa es sólo la historia de los ambiciosos de poder. Que deberían desaparecer de nuestros recuerdos, para poder construir una hermandad universal. La cultura común tendría que ser prioridad en toda enseñanza y no las batallas habidas.

La justicia es un acuerdo entre quienes tienen, aproximadamente, el mismo poder. Quien carece de poder, no puede ser candidato a la justicia, sólo a la piedad. La balanza se equilibraría si, a ambos lados, hubiese un peso equivalente. El cobarde busca la impunidad. No es más valiente el gigante que aplasta más enanos. No es civilizado, en esta edad de razón y ciencia, hacernos creer que las bombas se lanzan por amor al pueblo que las sufre. Así no se cultivan amores.

Es una humillación sádica, peor que las bombas, el que, los mismos soldados que matan, ofrezcan agua y víveres a los masacrados. Eso es la destrucción de la dignidad moral de las víctimas. Lo único que les quedaba. Tierra, lengua, familia y creencias amalgaman a los pueblos. Si, quienes llegan, hablan otra lengua, adoran a un Dios distinto, se apoderan de tu tierra y matan a tu familia, destruyen también tu identidad. Ya no eres quien eras.

Los caudillos infalibles no pertenecen a la clase política. O son religiosos, o dictadores. Y, las más de las veces, ambas cosas juntas, religiosos dictadores o dictadores religiosos. Tanto monta, monta tanto. Pues el concurso de las organizaciones religiosas se hace indispensable en tales casos de convergencia etéreo - terrenal.

La mezcla de credos religiosos con principios políticos, excluye al mundo de las tinieblas a quien no sea creyente obediente. Pues la fe suprime, como impostura, cuanto no se encuentre dentro de ella misma. La certeza individual de hallarse en posesión de la única verdad, crea más fosos que puentes. Sin una visión total de la armonía, no es posible la existencia en la Tierra.

Este equilibrio debe partir de nosotros, extendiéndose por cuanto nos rodea. No sólo la Naturaleza en general merece una oportunidad, también el Hombre ha de tenerla. La inmensa mayoría de las guerras habidas han sido justificadas para asegurar la prevalencia de unas creencias sobre otras. Cuando, nadie es mejor o peor por el hecho de pertenecer a distintos credos. El mal está en las batallas egoístas entre jefes de distintas creencias, que prefieren el sufrimiento de sus pueblos antes que la extinción de sus privilegios. Si existen los dioses, supongo que les dará igual qué rito se use para demostrarles respeto. Con el cambio de ritos no pierden los dioses, sino los oficiantes. El destino de las oraciones va siempre dirigido al cielo.

El Hombre, en sí, no es un ser externo a la Naturaleza, sino parte de la misma; también los rayos y tempestades transforman cuanto tocan. La inteligencia de que ha sido dotado el ser humano, puede hacerle comprender que, si no hay equilibrio y paz en la Naturaleza, no podrá haberlo en la Humanidad.

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