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La nada Inalterable

Friday, May 15, 2009

Nada es estable, nada es eterno; más que la propia eternidad. Todo lo vivo evoluciona. Sólo la nada permanece inalterable. Lo no existente no puede cambiar, al menos, en la realidad. Sólo las fantasías que puedan hacerse sobre lo inexistente, podrían adquirir cualquier dimensión, preferentemente la infinita. Suponen que lo más grande es lo más poderoso. Es una forma de ocultar su inexistencia: el misterio de lo inabarcable. Se impone, preferentemente, lo infinitamente, grande. Por tanto, fuera de nuestra posibilidad el alcanzar a verlo. ¿No estarán confundiendo el Universo con quien quisieran presentar como su creador? Creación y creador serían el mismo sujeto. Es natural creer. No lo es tanto el convertir las creencias en religiones, con pretensiones de dogmas eternos. Quien trate de imponer sus dogmas, sus ignorancias, a otros, cae, simplemente, en la tiranía. La creencia implica ignorancia, de quien cree, sobre lo creído.

La historia de las religiones, es la historia de los fanatismos. Los que piensan de forma distinta, no son tratados como diferentes, sino como disidentes y enemigos, que han de ser destruidos. Quien no entiende de matices, se impone por la razón de la fuerza. Su rasero lo ejerce cortando cabezas. Las creencias dogmáticas son excluyentes. Cuando una teoría, que no contiene nada, más que un sistema de misterios, inventados para ser impuestos, anulando la ley de la razón, se enfrenta a otro, creado con el mismo objetivo, no cabe el acuerdo, sino la supervivencia del más destructor. La fuerza de su imposición, reside en la intolerancia hacia lo diferente. No hablemos de amor, sino de odios ciegos. La verdad se encuentra investigando, no quemando, o apedreando, a quienes la buscan.

No respiramos el mismo aire dos veces. Moriríamos intoxicados. La vida es cambio constante. Creación continuada. Quien cree en lo inmutable, se autoexcluye de la lista de los seres vivos. La vida es mutación incesante. La hibernación, para la vida. Quien permanezca en la historia, se limita a vivir en el reino de los muertos. Imponer creencias, es congelar la vida. Quien cree, no sabe, no razona para saber.

El fanatismo irracional se inculca en la niñez. Eso lo saben bien los responsables de las organizaciones de poder milenarias, dedicadas a crear adeptos de por vida: ‘dejad que los niños se acerquen a mí’.

Los miedos ancestrales, las dudas ante la eternidad, la limitación de nuestros conocimientos, la sensación de pequeñez ante la inmensidad de del Universo, nos aplasta. Ese conjunto de sensaciones dudosas, forma el campo ideal donde se cultivan las teorías que dan base al fanatismo. Fomentado, direccionado, exigente de leyes limitadoras. Que apuntan en la misma dirección: la inculcación, de por vida, de los miedos ancestrales, que incluyen, principalmente, el deber de obediencia y la aceptación jerárquica, indiscutida, e indiscutible, de la autoridad máxima del jefe de grupo. El objetivo no es más que uno: la creación de robots humanos, que son formados, de forma continuada, para no pensar por sí mismos: especialmente las mujeres. A quienes aún se impide progresar en el conocimiento, creando guetos de ignorancia, diseñados especialmente para ellas.

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