Go to content Go to menu

¿Cómo se puede vivir rebatiendo, constantemente, la verdad científica, evidente, de la naturaleza viva, que contradice, vida a vida, todo lo que las teorías dogmáticas imponen, muerte a muerte? Creer o morir. Los creyentes no buscan la verdad, se la inventan, e imponen sus invenciones como únicas ‘verdades’ irrebatibles. Para ellos, verdad es todo aquello que mejor convenga a sus teorías. Creencia es igual a ignorancia. Primero inventan la teoría sobre su verdad y después la moldean, a su conveniencia. Quienes se erigen en ‘maestros de la verdad’, adoptan tal postura como único agarre forzado a sus creencias. La tozudez en defender lo irreal, es la única arma de quienes carecen de ellas.

Las ciencias naturales son demostrables. Las teorías fantasiosas, de los miles de sistemas teológicos, existentes y extinguidos, se contradicen, por la pura necesidad de marcar diferencias entre ellos. Ante la inconsistencia científica de todos ellos, no cabe más que forzar la voluntad lógica de quienes quieran creer. En la diferencia, justifican su existencia. Mientras más ilógicas sean las ideas a inculcar, más dispuesto a creer debe estar quien quiera adoptarlas. Son ideales como neófitos quienes buscan salir de alguna crisis, del tipo que sea. Vale casi cualquiera. Es, sencillamente, el momento de duda, de búsqueda, de incertidumbre, de confusión, lo decisivo. Quien está dispuesto a creer, cree, lo que sea le vale, por muy inconsistente que fuese, como punto de partida para sus hallazgos. Reales, adaptados, o inventados. Al parecer, mientras más intrincados sean los montajes teóricos que se les propone adoptar, como nuevas ‘verdades’ a las que aferrarse, más dispuestos están a creerlas. Es la anulación de toda lógica, en aras de de lo fantaseado. Los ‘iluminados’ no admiten lógica, ni respuestas sencillas, no las pretenden. Quieren el ‘misterio’, la prohibición de dudar, ante los montajes más surrealistas y enrevesados. No hay religión alguna montada sobre principios sencillos; su pretensión es vivir de lo incomprensible.

¿Dios puso al hombre en la Tierra? ¿O fue el hombre quien puso a Dios en el Cielo? Dentro de la lógica, y tal como están montados los sistemas de creencias, esto parece lo más probable. Quienes han querido dominar al resto de los hombres, siempre dicen estar situados más cerca de los dioses. Con lo que, al parecer, pretenden otorgarse preeminencia sobre el resto de los humanos. La historia de todas las religiones es un río de sangre y lágrimas que añade dolor a la existencia. La imposición por el dolor. Todos los imperios han impuesto, como su mayor medida de fuerza, la conquista de las mentes de los pueblos sojuzgados. Primero han de guardar las apariencias de acatamiento y, después, han de llegar a la autodisciplina de no admitir en su cerebro pensamientos contrarios a la doctrina impuesta. Más dominio no se concibe. El científico, en cambio, necesita su pensamiento libre, todo el pensamiento, todo el cerebro, para encontrar el hilo de comunicación entre todo lo existente. Ahí está su tarea inacabable. Emilio del

Añadir comentario

Fill out the form below to add your own comments

Datos de usuario





Añadir tu comentario