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Poder de las Creencias

Monday, December 8, 2008

Las organizaciones religiosas, a través del respeto debido a los dogmas impuestos, devienen en organizaciones de poder, que dominan las mentes y regulan la conducta. Procuran ser consideradas a la altura de sus enseñanzas. Aprovechando el temor ante las deidades y númenes que sienten los pueblos. Las organizaciones de creencias, siempre han sido cómplices del poder político, en cuanto competidor por el control de la sociedad. Ambos poderes están concebidos y orientados a valerse de su servicio a la sociedad, para poder controlarla, a su mayor conveniencia. Es el truco perfecto: Con aparente humildad, pretendiendo vocación de servicio, sitúan sus símbolos por encima de las cabezas coronadas.

Las creencias lo absorben todo. Difuminan lo diferente, hasta convertirlo en una excreción informe. Pretenden que, cuanto se distinga, sea como un reflejo de sí mismas. Son maestras en crear complejos de culpabilidad. No necesitan insuflar verdades, sino dudas. Las creencias se transforman en organizaciones egocéntricas. Que se aceptan sólo a sí mismas, como únicas en posesión de la verdad.

El ser humano, cuando ve que la situación escapa a su control lógico, busca ayuda exterior. Más poderosa que la de sus iguales. Acudiendo a creencias ancestrales, pasan a ser sus consejeros, magos, brujos, o sacerdotes.

La supeditación del poder político al religioso, no es ajena a ninguna sociedad humana. El mismo juramento que se ha de prestar, al ocupar un cargo político relevante, tiene un contenido, de aceptación y sumisión a lo religioso, evidente en sí.

Los califas y sultanes islámicos, administran directamente el poder de Dios sobre la Tierra, siendo los guardianes de sus leyes. El Emperador de Japón, no sólo era Sumo Sacerdote, sino dios viviente, descendiente directo de Amateratsu, la diosa del Sol.

Los emperadores chinos eran, así mismo, Hijos del Cielo, dioses sobre la Tierra, ejerciendo al tiempo el papel de Sumo Sacerdotes. Este privilegio, está ya documentado desde la Edad de Hierro en China. Desde unos mil años antes de Cristo, los emperadores de la Dinastía Chan eran los encargados de ofrecer los sacrificios de fin de año a los espíritus del Cielo y la Tierra.

Los reyes cristianos de Europa, ostentaban su poder “por la Gracia de Dios”. Aún hoy día, los monarcas nórdicos son cabeza de sus iglesias nacionales, Los emperadores europeos, eran ungidos y coronados por el Papa, comprometiéndose con ello a la defensa de la Iglesia Romana. Al tiempo, tal ceremonia era como un signo externo de sumisión al poder papal. En la actualidad, en España, la concesión y sucesión de títulos de nobleza, conserva un trámite en el que emiten su informe, de buen cristiano, las autoridades eclesiales de la diócesis donde resida el futuro titulado. Se ha de tener en cuenta que los nobles, la aristocracia, eran los ‘defensores de la Cristiandad.’ Estas ceremonias, permitían mostrar que los monarcas ejercerían su poder como un don de Dios, con lo que, desobedecer al rey, se convertía, subsidiariamente, en rechazo de leyes divinas.

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