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Cielos Imposibles

Thursday, November 27, 2008

Se nota que las religiones han sido concebidas por hombres. Incluso en las relaciones de pareja paradisíacas se pide a la mujer sumisión. No acaban de comprender que, antes que hombres y mujeres, somos seres humanos. En los cielos, supongo que, sin cuerpo, seremos sólo el recuerdo que de nosotros quede.

Las religiones dan forma a las culturas y sus leyes. Si encontramos defectos en la pirámide social, busquemos su origen organizativo en las viejas creencias heredadas. Donde la mujer tiene reservado un papel de servidora del hombre. Hay que abolir directrices arcaicas. Que vayan buscando teorías nuevas a “la costilla de Adán”. La sumisión no puede ser eterna. La obediencia debida en la pareja, atañe a ambos, por igual.

En el Corán, también se da cabida en la vida eterna del Paraíso a los animales. Base para ello, es el párrafo siguiente: ‘ No hay bestia sobre la tierra, ni pájaro en el aire, que no forme comunidades semejantes a las humanas. No hemos descuidado nada en el Libro. Luego, junto a su Señor, serán reunidos.’ Se piensa que tal creencia la pudo recoger Mahoma del antiguo Mazdeísmo, aún vivo en su época.

El Cielo debió ser concebido por ángeles, seres andróginos, al fin y al cabo, que no deben tener muy claro lo que prefieren: si carne o pescado. Según sea la religión de que tratemos, los cielos difieren. Entre paraísos, llenos de mancebos y huríes, potros retozones y frutas aromáticas, aguas frescas y flores fragantes, o quietud y paz suma.

En fin, cada soñador lo ha concebido a imagen de sus sueños. Parece imposible que puedan contentar a todos los soñadores de buena voluntad, que vayan a reunirse en su cielo prometido. Seguro que están divididos por zonas, como los parques temáticos.

¿Se figuran que todas las almas benditas fueran a parar al mismo cielo? Budistas y musulmanes, inuis y maoríes. Unos buscando paz y otros dando la lata a sus huríes, caballos y ballenas. Creo que sería un caos, más o menos como en la Tierra. Aficiones y pretensiones polivalentes, multicolores. Debe ser complicado eso de intentar proporcionar felicidad continuada, excelsa, a millones de personas, o espíritus personales. Simultáneamente, eternamente. Quienes concibieran los cielos paradisíacos, en las distintas religiones, debieron ponerse de acuerdo, al menos, en esto: ¿Qué entretenimiento ofreceremos a las almas benditas, durante toda la eternidad, que es larguísima, para que no se aburran del mismo espectáculo, durante miles de años? Yo, personalmente, preferiría que mi cielo, tras la muerte, fuese la Nada. Apagón total. Fin. La verdad es que, la Eternidad, me resulta un poco demasiado larga, para aguantarla. Me salgo.

A la serpiente se la condiciona como reprobada por Dios, sin cabida en el Paraíso. Representa a Satanás, se peca al tocarla. Esta clasificación, puramente moral, no natural, de las serpientes, las ha convertido en objeto de numerosas leyendas de maldad. Y esto ya a partir del poema de Guilgamesh, antecedente babilonio del relato bíblico sobre el Paraíso.

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