Go to content Go to menu

Alfa y Omega

Sunday, October 19, 2008

Quienes dictaron los escritos sagrados de otras épocas, arriesgaron opiniones sobre cosas que desconocían: el Universo, los astros, la genética, la Humanidad en su conjunto, el reino animal, etc. Ese cúmulo de especulaciones, se ha quedado antiguo, obsoleto. No puede llegarse al extremo de considerar irrefutables los principios bíblicos sobre la Creación, los siete cielos, o los siete infiernos y pretender, en consecuencia, que las ciencias paralicen sus estudios, para no entrar en contradicción con sus afirmaciones fantasiosas.

El hombre, como ser pensante y moral, ha de someterse a sus propias leyes. No puede pretender regir el mundo, haciendo acatar códigos hechos a la medida de los dioses. Las normas de conducta han de ser, en primer lugar, humanas. Las leyes celestes, dejémoslas para los pretendidos seres celestiales. Las religiones actuales, en su inmensa mayoría, surgieron como religiones tribales, pertenecían a una etnia. No son universales. Su universo es el de una etnia limitada. Los principios implícitos en sus creencias, sobre la prioridad del pueblo escogido, prevalecen. Ahí se afianza la raíz del mal: en el arraigado y cultivado sentimiento de superioridad y exclusividad de algunos, que se consideran escogidos. Quienes profesan esa creencia, se sienten mejores hijos de Dios que el resto de la Humanidad, incluso exclusivos. El resto de la Humanidad no es digno de ponerse a su altura.

Para sobrevivir hay que adaptarse a las circunstancias. Más aún, la supervivencia exige evolución continuada. Eso en todos los órdenes. En la actualidad, aplicar principios religiosos a la política, conduce a resultados absolutistas. Fe ciega, obediencia absoluta, e infalibilidad del pastor del rebaño. Los corderos callan, bajan la cabeza y siguen la dirección indicada. El dirigente absoluto no admite réplica. Sólo confesión de culpa a quien no obedezca. Lenin, Hitler y Stalin fueron maestros en el manejo de tales principios. Y algún que otro discípulo menor actual, de los que imparten dogmas políticos, con aire de predicador místico. Y, a veces, de chulo de barrio. Obligar a los adeptos a seguir una línea de pensamiento única, es como un acto de sometimiento, de humillación, ante el confesor todopoderoso, que puede abrir las puertas del cielo, siempre que se sigan sus indicaciones. Va siendo hora de que el mundo despierte, hay que iluminar las tinieblas. No podemos adormecer nuestros cerebros. Que nadie pretenda hacernos volver a la prehistoria. El de ahora, es tiempo de ciencia y progreso, no de temores y creencias. El diablo no existe por sí. Lo crean quienes aprovechan la justificación de su existencia: los innovadores del miedo, creencias y males predestinados.

No veo que sea objetable la investigación genética. Siempre y cuando dejemos la ciencia en manos de los científicos. Sin que opciones políticas o religiosas (organizaciones de poder), traten de apropiarse los resultados, en beneficio propio o detrimento de otros. La libertad para investigar, es básica en las ciencias.

Lo que más molesta, a quienes se consideran dueños de mentes esclavas, es el conocimiento, y su cultivo. La razón lógica es su peor enemigo. Mortal. Las fronteras están para ser cruzadas. La inmortalidad vive en la memoria. Ni olvidar, ni ser olvidado.

Añadir comentario

Fill out the form below to add your own comments

Datos de usuario





Añadir tu comentario