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Ángeles o Demonios

Monday, August 4, 2008

En la antigüedad, la enfermedad se ligaba a los malos espíritus. Cuando se habla de curaciones milagrosas, se dice que el taumaturgo arroja a los demonios del cuerpo del enfermo. Este es un concepto de la enfermedad aún muy ligado a la magia y el animismo. No es de extrañar que magos, sacerdotes y médicos, fuesen oficios concatenados y superpuestos. Para curar la enfermedad, había que dominar al espíritu maligno que la provocaba. Aún es común oír referirse a las enfermedades como un castigo divino.

En consecuencia, los enfermos o disminuidos, fueron tenidos por impuros, individuos que habían merecido el castigo de Dios. Lo que conllevaba su aislamiento en el exterior de las ciudades, y la privación de sus derechos. En esta categoría se incluían los ciegos, sordos, mudos, epilépticos, leprosos, deformes, tullidos, etc. En la Biblia se hace prolija mención de ellos, como poseídos por espíritus inmundos.

Claro que, quien sea justo, desde el punto de vista de una religión, puede ser el mismísimo demonio, mirado desde otro credo religioso. Que todo es relativo, es la verdad más firme a la que podemos asirnos. La verdad final sólo puede ser una; aunque varíe la forma de acercarse a ella. Animismo y Espiritismo, estaban bien vivos en tiempos de Jesús. Los espíritus buenos (ángeles) o malos (demonios), actuaban con tal soltura, naturalidad y frecuencia, hablando, inclinándose, gesticulando, postrándose, etc., que parecen seres incorporados, de pleno derecho, a la sociedad semita de su tiempo. Tanto en el Corán como en la Biblia, los demonios son identificados con la rebeldía y el orgullo. A interpretar: Quien no obedezca las reglas establecidas, se iguala a los demonios.

Las persecuciones religiosas contribuyeron a una gran confusión. Al identificar a los científicos como discípulos de Belfegor, el vanidoso demonio que, dicen, inspira a los científicos, para hacerles creer que pueden ser como dioses, condenaron a la más absoluta ignorancia a toda la sociedad medieval , durante los siglos que duró la expansión violenta del cristianismo.

Quien, en sus actos crueles, se sienta respaldado por su fe en una doctrina que lo impele a ellos, puede actuar como un demonio de maldad, impulsado por su deseo de difundir el bien.

Quienes viven de meter miedo a la gente pobre de espíritu, atribuyéndose poderes sobrenaturales, deberían ser más prudentes en la asunción de tales atributos. Las llaves del cielo no pueden tener un dispensador único. La Humanidad es demasiado grande y heterogénea, para ser medida con una sola vara. Todos somos portadores de nuestras propias claves para la posteridad. Toda felicidad futura, reside en saber liberar nuestra mente de esclavitudes pasadas. Lo que sólo se puede ir conquistando, poco a poco, con la acumulación cotidiana de más conocimientos, y la ampliación de nuestros criterios. Para ir perdiendo el miedo a lo desconocido, hay que conquistar el conocimiento. La historia de cualquier ser viviente, es la historia de su evolución. El ser humano puede convertirse en su creador.

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