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Magia Pétrea Medieval

Thursday, July 24, 2008

Es curioso observar cómo las creencias mágicas de la antigüedad se van reciclando, adaptándose a los tiempos. La belleza de las piedras preciosas siempre ha encendido la fantasía de sus admiradores. Se les sigue atribuyendo toda clase de virtudes. Durante la Edad Media, fértil vivero de creencias insensatas, prevaleciendo recuerdos de tiempos pasados, gnósticos, cabalistas y alquimistas, recomendaban el uso de gemas para preservar de diversos males, tanto físicos como anímicos. Sobre todo, si llevaban grabada alguna efigie religiosa, o signos mágicos. Era como si tratasen de acumular fuerzas protectoras de toda índole. Tal simbología ha sido transmitida hasta nuestros días. Los adornos de amatista pasaron a simbolizar la pasión de Cristo entre los cristianos. San Isidoro de Sevilla, relacionó este cristal natural, simbólicamente, con la Santísima Trinidad.

El diamante, como símbolo de la luz, fue tenido por enemigo mortal de los seres oscuros. Por ello se usa, desde antiguo, como amuleto contra las fuerzas malignas, espíritus de la noche. Aparte de sus propiedades físicas, como la dureza y su particular forma de refractar y descomponer la luz, fue siempre muy apreciado como piedra protectora, en todas las magias antiguas. Entre los gnósticos, la mayor protección posible venía conferida por el conjuro, o signo mágico, que se grabase sobre un diamante.

El polvo de rubí, se usó para frenar hemorragias y devolver el vigor a los malheridos caballeros medievales. Así se pulverizaron numerosas gemas, tras los torneos. Al parecer, quienes fuesen tratados de sus heridas con tan caro remedio, recobraban las ganas de vivir. Recibir heridas y curárselas era cosa de ricos creyentes. Los pobres lo tenían más difícil. Todo lo más que conseguían era la imposición múltiple de algún granate de Compostela, que pasaba de herida en herida, con la intención de sanarlas. La ignorancia es osada. Es de suponer que la multiplicación de infecciones hospitalarias , habidas en la época, sería equiparable a la de los panes y peces. Hasta tiempos muy recientes, se usaron estas piedras en rituales de sanaciones, realizados en nombre de Cristo y los mártires de la Iglesia. Antes y después del exorcismo habían de recitar, tres veces, el Credo. Tales ceremonias fueron muy frecuentes en hospitales de, afortunadamente, tiempos pasados. Como preciosa aportación científica a la ciencia médica de la época. El jaspe rojo fue llamado la piedra de los arcángeles. Belleza poética no les faltaba.

La esmeralda fue considerada la gema de la locuacidad. Recomendaban llevarla a los actores, vendedores, abogados, oradores, políticos y otros profesionales de la palabra. Se dice que proporciona felicidad a quien la posee y trae desgracia a quien la pierda. Es la piedra de los misterios, que aloja fuerzas contrapuestas. Por ello, es también la piedra de los magos, de quienes ostentan poderes ocultos. El jade adquirió su mayor relevancia en la cultura china, que lo convirtió en la piedra preciosa por excelencia. Según las creencias taoístas, todas sus propiedades son positivas. Por tanto, quienes pretendan obtener protección del jade, han de ser personas bien intencionadas, con nobles motivaciones.

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