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Babilonia Reconquistada

Tuesday, April 22, 2008

En el Libro de los Números, en su camino hacia la Tierra Prometida, dice Moisés a su pueblo: ‘No temáis al pueblo de esa tierra, (Palestina), porque nos los comeremos a todos como pan. Dios nos protege’. Se deduce que el Dios de Israel tiene sus preferencias… continuadas.

Los ritos guerreros han sido bien cubiertos por religión y magia. Desde los pueblos más primitivos a los más civilizados, en este trance decisivo de la guerra, se pedía y pide ayuda, rindiendo honores a toda clase de dioses y espíritus, para obtener su favor.

También se adoptaban diversas costumbres, consideradas efectivas en la protección del guerrero. En los períodos de guerra, por ejemplo, se guardaba castidad. Debido a la antigua creencia de que, con el acto sexual, se escapaba parte de la fuerza vital del individuo.

Al partir hacia la guerra, los sacerdotes bendicen las tropas y armas de su pueblo. Esta bendición ha de protegerlos. En otras épocas, antes de entrar en combate, se realizaban baños rituales de purificación, ofreciendo sacrificios a los dioses y prometiendo enriquecer los templos con el botín capturado al enemigo. Los administradores de los dioses no se quedaban sin recompensa, por ponerlos a los dioses a su servicio.

Terminada la batalla, se lavaban las armas, ritualmente, en las aguas de fuentes o ríos sagrados. Aún hoy día, las aguas del Ganges, para unas religiones, o del Jordán para otras, son exportadas a medio mundo, para ser usadas en ceremonias de bendiciones, consagraciones, bautismos y ‘limpieza’ de culpas o pecados.

La influencia cultural de Babilonia en los pueblos circundantes, fue proverbial.

Hasta el punto que hubo momentos en que Asiría y Babilonia (Mesopotamia) poseyeron civilizaciones intercambiables. Así, conquistadores en lo militar, fueron conquistados en lo espiritual. El sistema mágico - religioso de la Acadia llegó, con las tropas asirías, a las orillas del Mediterráneo oriental.

La zona más fértil, en la época de hegemonía babilona, era la entonces llamada Edín, (Edén) situada junto a la confluencia de los grandes ríos Tigris y Eufrates. Cerca de su desembocadura en el golfo Pérsico. No es de extrañar que, para los semitas, habitantes de la reseca Arabia, aquello fuese lo más parecido al Paraíso, que se ofrecía a los justos, en sus escritos sagrados. Por las descripciones de la Biblia y el Corán, la ubicación de los Jardines del Edén, donde corren ríos, debió coincidir con aquella Edín de la Baja Mesopotamia, en las inmediaciones de la actual Basora, puerto petrolífero de Irak, junto al Eúfrates.

Esta zona de Oriente Medio, ejerce una especial fascinación entre los creyentes de las principales religiones actuales. Por ser la cuna de todas ellas, las disputas por su posesión se alargan durante siglos. En la actualidad, a este origen común de conflictos se ha sumado la riqueza petrolera de la zona, bendición y maldición conjunta. El petróleo se convierte en armas. Lo que pudiera ser fuente de riqueza y felicidad, deriva en luchas fratricidas por la posesión de la tierra. La lucha se justifica bajo la capa del enfrentamiento entre creencias.

Lo que nos causa estupor a quienes no conocemos el detalle de los acuerdos, son los motivos que pudo tener el papado para pedir el apoyo de los votantes católicos americanos para el presidente Bush, en su dos elecciones, incluso en contra del candidato católico que se presentó. Sorprende, porque los intereses de los presidentes Bush, padre e hijo, han sido, ostentosamente, los de proteger sus intereses petroleros particulares, como propietarios de grandes compañías. Aún a costa de la muerte de cientos de miles de personas. La justificación oficial fue, demostradamente, un puro montaje de falsedades. Que hayan podido ganarse el apoyo total, prolongado en el tiempo, de un dignatario religioso de tan alto rango, resulta, cuando menos, un misterio.

¿Volvemos a la Edad Media? Cruz y espada en una pieza.

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