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Democracias Postsoviéticas

Thursday, April 17, 2008

Rusia, y las repúblicas que fueran parte del sistema soviético, gozan, todavía, de una democracia embrionaria, que no acaba de abrir sus alas. La democracia jerarquizada, no alcanza al pueblo. Las libertades reales quedan confinadas en las altas esferas, que son quienes elaboran las reglas. La cabeza del estado sigue dictando qué libertades quiere otorgar y a quién. No hay un derecho a la libertad, generalizado, y aceptado, por todos. Perduran demasiados miedos a quienes ostentan el poder. Además de los muchos años que subsistió la dictadura comunista, casi todo el siglo veinte, la iglesia ortodoxa no perdió su poder en el imperio. No dejaron desaparecer sus raíces. Protegiendo su existencia condicionada. Los gobernantes ateos del partido comunista pudieron afianzar, aún más, su poder. No permitiendo la extinción de las organizaciones religiosas del pueblo ruso. Al tenerlas controladas, controlaban a sus creyentes. Los zares, como todas las grandes monarquías, se mantuvieron en el poder, durante siglos, arropados por las jerarquías religiosas. Si, al temor político, se le añade el temor religioso, el miedo a lo desconocido, el más primitivo, asentado firmemente en el ser humano, quien organice ambos, organiza la sociedad. Con dios, o sin dios, se construye un ideal, que ha de cumplirse. A esto se ha añadido, en la actualidad, el control de la economía, a través de grandes compañías, que organizan la distribución de toda la energía: petróleo, gas o electricidad. Putin, que siempre trabajó en la policía política soviética, ahora ya multimillonario, se interesa más por controlar la economía del país.

Quien se para en dogmas, no avanza. Los dogmas son un muro insalvable, puesto en el camino de las ideas. Y a Rusia le ha llegado el momento de entrar en el mundo del pensamiento libre. Los dogmáticos son los peores enemigos de la verdad. Están condicionados por los límites de su pensamiento. La ignorancia es la creadora de todos los mitos. Quien no averigua sus orígenes, los tendrá siempre ocultos. En las sociedades dogmáticas jerarquizadas, los derechos humanos pasan a un segundo plano. La prioridad la ostenta el jefe, después, la doctrina, y, por último, los derechos de otros humanos. Que parecen estar ahí sólo para ser utilizados en beneficio propio. Quien vive de la historia, tiende a olvidar el presente. Lo dogmático es un quiste de creencias endurecidas. Con ellas se da cuerpo y consistencia a la era irracional de la Humanidad. Con lo que, el camino que conduce al freno del pensamiento libre, queda abierto. Con ello, se consigue la negación del mayor progreso evolutivo del ser humano: la razón. Actualmente, en Rusia, tiene lugar un nuevo amanecer de todo tipo de creencias, autóctonas e importadas. El pueblo parece que tiene sed de ilusiones. Pero, si vuelven al mundo de los dogmas, significará la paralización del pensamiento lógico. Y eso es lo que parecen estar impulsando, nuevamente, algunos dirigentes de los creyentes: la hipnosis colectiva.

Los jefes jerárquicos de grupos de creencias, que inciten a sus adeptos a combatir, contra quienes no sean totalmente fieles a su propio credo, piensan poco en el bienestar de sus seguidores. No son amantes del género humano, sino sus flageladores. P=ara ellos, es vital que demuestren, aún a costa de sus propias vidas, fidelidad. Las muertes y destrucciones les parecen accesorias. Simples daños colaterales. Sirven de ejemplo a quienes se opongan a sus designios, pero no los consideran lamentables. Simplemente, accidentes menores, que no alteran el ritmo, ni el sentido de sus órdenes. Obstáculos en el camino de su mayor gloria. Cuando llegó la oscura Edad Media cristiana a Europa, comenzó la paralización del desarrollo del pensamiento lógico griego. Y eso es lo que parece estarse impulsando, nuevamente, por parte de algunos dirigentes de los creyentes.

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