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Dolor y Consuelo

Thursday, April 17, 2008

Cada pensamiento, obra, acción u omisión, generan su propia consecuencia. En nosotros está, el poder de conducir pensamientos y obras por el buen camino. Al tomar el camino, fijamos la meta.

Quien se aferra a lo material, sufre. Sufre constantemente, por temor a perder aquello que se afana en retener. Siendo lo material inestable, cambiante, asirse a ello es como querer parar el tiempo. Pretender vivir el mismo segundo eternamente. Un imposible doloroso, que, en el mismo deseo, lleva su fracaso. Vivimos el instante presente, no el que pasó, ni el que vendrá. Sólo alcanza la felicidad, quien no siente deseos de más. La transitoriedad engendra insatisfacción. La posesión, dolor. El amor a sí mismo, esclavitud. El sufrimiento es el mayor mal de la Humanidad, que se ha de erradicar, para llegar a la plenitud.

Una mente que sufre, no puede ser libre, está atada a su dolor. Para liberarse, se ha de eliminar primero el dolor. Ha de centrarse la mente en lo trascendente, olvidando lo transitorio. No asentar la vida propia en la autosatisfacción.

Se ha de creer lo que se comprende, y aquello a lo que se llega, o puede llegar, por la experiencia y el conocimiento. La paz se alcanza mediante un equilibrio centrado, que conduce a la eliminación del sufrimiento. Se ha de vivir intensamente el momento, místicamente. Con desprendimiento, equilibrio, entrega y compasión. E intentar comprender la razón de nuestras acciones, sin extremismos. Sin dogmas.
La semilla del futuro, se siembra en el presente.

Ritos, ceremonias, oraciones, o confesiones y arrepentimientos, no pueden borrar un acto del pasado. El hecho quedó y tuvo sus consecuencias.

Las religiones son machistas, profundamente. No nos preguntemos de dónde nos viene la organización machista de la sociedad. Lo tenemos claro. En el origen de nuestras creencias. En su expulsión del Paraíso, Dios ordena a Eva estar bajo el mando, potestad y dominio del hombre. La mujer queda marcada como parte culpable en la pérdida del Paraíso. Por lo que su condicionamiento religioso ya está señalado. Así será, si así nos conviene.

Sintomático es que, aún hoy en día, cuando la medicina paliativa está tan avanzada, en medios eclesiales insistan en cosas tales como que la mujer ha de parir con dolor. Y ha de cumplir con el embarazo hasta el fin. Sea o no deseado, o forzado. Ella ha de sufrir, por siempre, el placer momentáneo del hombre. Para cumplir con el mandato bíblico. Por supuesto, la jerarquía eclesiástica está formada por hombres célibes. Irresponsables.

Ejerce alguna influencia derivada la primitiva ley mosaica, en el hecho frecuente, donde esté en vigor la actual ley coránica, en que, los herederos del esposo difunto, no sean la esposa o esposas enviudadas, sino los hermanos del muerto, con lo que éstos pueden heredar no sólo sus bienes materiales, sino también a sus mujeres e hijos, como parte de los mismos.

Respecto a la herencia que recibirá la hija, de sus padres, será la mitad de lo que reciba su hermano. Se dan numerosas reglas para la partición de la testamentaría, pero siempre beneficiando al varón sobre la hembra. Eso sí, haciendo saber que esa es la voluntad divina. El fluir constante de la vida que percibimos, es sólo la parte que conocemos de ésta, pero no el todo. Dado que nada es permanente, todo es transición.
Consolémonos.

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