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Ciencias Infusas

Thursday, April 17, 2008

No hay más ciencia infusa que la ignorancia. Las verdades religiosas, mágicas o morales y la verdad científica natural, son esencias distintas, heterogéneas, que, en muchos casos, no tienen punto de coincidencia alguno.

Un ejemplo notable de pre-científico religioso fue el Papa Silvestre II, quien tuvo fama de mago. Dadas sus aficiones predilectas por la Alquimia y la Astrología. Su dedicación a cálculos astronómicos le condujo, al parecer, a la construcción del primer reloj de pesas.

Ayudó al torcimiento de su fama el que su papado coincidiera con la transición del primer milenio, fecha en la que las profecías adventistas vaticinaban el fin del mundo. Por inducción, algunos anales llegaron a vincularlo con la supuesta venida del Anticristo, durante el cambio de milenio. Con tal base teórica, una parte de los creyentes no lo pensó más: lo identificaron como la encarnación del Anticristo. A ello contribuyó, quizá, su vida un tanto liberada.

Decisivo, en el progreso científico, fue, desligar la ciencia de la religión. Para que no se temiera ofender a Dios, y topar con la justicia de sus ministros, cada vez que se pretendiese avanzar un paso en los estudios humanos.

Ciertos pastores evangelistas, se especializan en sesiones de sanación masivas, como medio de administrar sus poderes inmanentes. O sea, se infiere que, su dedicación al culto, como profesión elegida y medio de vida, les convierte en seres especiales. Sacralizando a la persona, por su contacto con lo sagrado. De forma derivada, se sienten capacitados para obrar prodigios. En otras corrientes cristianas, como la Christian Science americana, los doctores de su iglesia pretenden curar enfermedades, mediante la emisión de sus propias ondas, considerándolas benéficas. Dicen basar sus poderes en la aplicación de diferentes ondas magnéticas y el convencimiento de que el Hombre, como hijo de Dios, está cercano a la perfección. Pudiendo alcanzarla, si es consciente de su bienestar espiritual eterno. Mediante técnicas de radiestesia y autosugestión, aseguran poder eliminar el mal de la naturaleza humana.

Principios parecidos de curas por la mente, sostienen los teóricos de la Cientología o Dianética. Aunque se haya demostrado, cientos de veces, la irrealidad de tales curaciones milagrosas, los adeptos incondicionales siguen acudiendo, masivamente, a las reuniones de sanación.

En todas las monarquías de la antigüedad, donde se conectaba la realeza directamente con la divinidad, los conocimientos científicos esenciales fueron ocultados sistematicamente. Permaneciendo como dominio privado de la clase sacerdotal, que los administraban para su provecho, ocultándolos incluso al monarca, para acrecentar el valor de su saber. Era el poder de lo esotérico, el conocimiento oculto. La astronomía, la meteorología, la geología, la psicología, la química, la arquitectura, se enseñaban sólo a personas escogidas, que debían jurar mantener sus conocimientos en secreto, bajo amenaza de muerte, por traición a su clase. Así se explica el que Moisés, por su educación entre sacerdotes-magos cortesanos egipcios, conociera perfectamente las fechas de las inundaciones del Nilo. Cada 365 días. Mientras los soldados que lo persiguieron no habían sido informados de ello. Lo que condujo a su ahogamiento, bajo las aguas desbordadas del Nilo, no en el Mar Rojo. El secreto es el poder de los tiranos.

La profesión de sacerdote, brujo o mago, sigue siendo, en muchas civilizaciones, heredada. Aunque en las sociedades modernas se vayan derribando, lentamente, las barreras de clases, aún quedan suficientes vestigios de las antiguas murallas, casi infranqueables.

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