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Libertad y Obediencia

Wednesday, April 16, 2008

Quienes crean que pueden mantener la mente humana congelada, sin pensar, se equivocan. Los obedientes piensan, sólo que no actúan según sus pensamientos, sino siguiendo las órdenes recibidas. Quienes basan su poder en la ceguera mental cultivada entre sus seguidores, sí que tienen la mente fría. En el punto de congelación, conservan sólo una raíz, la del poder, alimentada por el miedo ancestral a lo desconocido. Que inculcan en la mente de sus obedientes subordinados. Condenar la curiosidad y el libre albedrío, es matar la ciencia. Quienes dan prioridad absoluta al principio de obediencia debida, no pueden ser adalides de la libertad. Obedeciendo órdenes, se aprende a vivir sin protestar, en sociedades monolíticas, con un solo señor. No mucho más.

Cultivar mentes planas, obedientes, es una labor que han perfeccionado, magistralmente, durante siglos, distintos sistemas de creencias. Labor ardua, larga, de equipo, siempre inacabada. El secreto de su continuidad. Quien busca la universalización de su verdad, es que no acepta la validez de las demás verdades.

Para llegar a estos fines, se empezó hace muchos siglos a borrar cuanto vestigio de racionalidad pudieran encontrar en su mundo. Siguieron, hace miles de años, el rastro dejado por los emperadores chinos y los reyes de Mesopotamia, que rescribían la historia en cada reinado, para atribuirse más méritos que sus antecesores. Y el de los escritores de la Biblia, que se escribió y rescribió, durante siglos, validando, o declarando apócrifos, libros que anteriormente habían sido considerados en sentido contrario. El pueblo estaba para callar y obedecer. En esta línea se ha trabajado siempre, como se pretende continuar. Adaptando la historia a la conveniencia del momento. Se quitan méritos a unos, para añadirlos a quien interese exaltar.

Una forma eficaz de hacer desaparecer el pasado, era borrarlo. Antiguamente, presentaba menos complicaciones que en la actualidad. Los libros, escritos a mano, no se reproducían por millones. Con formar una hoguera, desaparecían los de una ciudad. Es curioso y providencial que, algunos escritos de la antigüedad clásica, se hayan salvado de la destrucción total, por su ocultación, mediante aprovechamiento del soporte. Bajo numerosos pergaminos medievales, se han encontrado las huellas de textos griegos o latinos, que habían sido borrados, para volver a escribir sobre ellos. Son los famosos palimpsestos. Que ahora revelan, involuntariamente, sus intestinos ocultos. Los místicos monjes de la Edad Media, a quienes no interesaban las fórmulas matemáticas de los sabios griegos y menos su filosofía racionalista, decoloraban los escritos primitivos con zumo de limón o vinagre. Una vez borrado el texto primitivo, “reciclaban” el pergamino. Usándolo para copiar textos religiosos. Nunca pudieron figurarse que, en el presente siglo, debido a su cicatería, pudiésemos leer de nuevo el antiguo texto desaparecido, sin borrar el nuevo. Mediante el uso de luz ultravioleta y otros métodos de laboratorio, se vislumbran nuevamente escritos de Aristóteles, o Arquímedes. Un milagro técnico. Los miles de textos que fueron quemados por la Inquisición, antecesores, sucesores y adláteres, no podrán recuperarse, lástima. Pero, al menos, cabe la esperanza de que, bajo tanto libro de oración preservado, resurja parte de la cultura anterior ocultada. Más avanzada que la de quienes habían pretendido exterminarla. Cuando no se siguen las órdenes dadas, de refrenar la curiosidad, como se le mandó a la mujer de Lot, pueden pasar cosas dispares: Ella se convirtió en estatua de sal, según cuentan, Madame Curie se trocó en una científica excepcional. Todo depende de escoger el camino adecuado, se mire a donde se mire. Las reglas religiosas, no pueden convertirse en cárceles de la mente.

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