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Alquimia, Ciencias y Creencias

Wednesday, April 16, 2008

No podemos estudiar magia o religión sin tener en cuenta sus conexiones. No son elementos contradictorios, sino complementarios.

Tanto la magia como la religión, son expresiones distintas de un mismo sentimiento: La creencia del Hombre en fuerzas suprahumanas y en la posibilidad de manipularlas a su favor.

Magia y Religión deberían estudiarse de forma conectada, por su origen común. No buscamos en ellas verdad, sino confirmación de nuestras creencias.

Ambos sistemas, participan de numerosos elementos tradicionales. Pues, en muchos casos, si no son la misma cosa, pudieran superponerse, hasta confundirse. Aunque resulte difícil de comprender, los mitos antiguos se vuelven a poner de actualidad. No hace falta razonar, sólo creer.

Cuando busquemos magia, procuremos no confundirla con la alquimia. Como se ha hecho asiduamente. Los alquimistas, más que magos, eran precientíficos. La mezcla de ambos conceptos, consecuencia inducida de persecuciones religiosas, dio lugar a muchos equívocos funestos.

La alquimia era una ciencia en pañales. Investigaban, experimentaban, sin desligarse de creencias preconcebidas. Los alquimistas, que representaban la práctica de una filosofía unitaria de la Naturaleza, no estaban tan equivocados en sus principios. Erraron más en sus métodos de investigación.

Su capacidad científica y doctrinal falló, al pretender unificar no sólo el cielo y la tierra, sino el espíritu y la materia. Basando sus razonamientos en creencias previas, buscaron soluciones materiales, a problemas del espíritu y al contrario. Se metieron en un callejón sin salida.

Algo parecido sucede, cuando, algunos líderes religiosos actuales, pretenden controlar la ciencia. Como pasa, actualmente, en los estados sureños de Norteamérica. Las escuelas han sido forzadas, en estos estados, a reintroducir el concepto creacionista para explicar la presencia del ser humano en la Tierra. Arrinconando en el cuarto oscuro de los despropósitos a Darwin y sus teorías evolucionistas. Parece que no estemos en el siglo XXI, sino de regreso en la Edad Media Europea. Las persecuciones religiosas contribuyeron a la confusión, en su tiempo, tanto como las nuevas preferencias de los obcecados actuales, frenan la evolución científica en el presente. Al identificar a los científicos, como discípulos de Belfegor; el vanidoso demonio que, dicen, inspira a los científicos, para hacerles creer que pueden ser como dioses creadores. Con lo convierten la creación científica en objeto de pecado.

Las transmutaciones de elementos, con las que soñaban los alquimistas son, en la actualidad, perfectamente posibles. Han sido llevadas a cabo, modernamente, casi en su totalidad. Sólo que partiendo de un mayor conocimiento de las estructuras atómicas de los compuestos terráqueos y la actual evolución hacia medios técnicos más poderosos. Pero, como sus anotaciones fueron condenadas a la hoguera, el resultado de sus experimentos quedó olvidado durante siglos. Su conocimiento fue declarado perjudicial para los creyentes.

Para retomar el progreso científico, en los últimos siglos, fue decisivo poder desligar la ciencia de la religión. Para que no se temiera ofender a Dios, y topar con la justicia de sus ministros, cada vez que se pretendiese avanzar un paso en los estudios humanos.
En toda religión, encontramos teorías evolucionadas y otras que han permanecido cerca de sus orígenes. El creyente no suele ser crítico, se lo prohíben sus propias reglas. Así, admite cuanto le viene dado. Si le surgiesen dudas, las achacaría a su falta de fe, no a fallos doctrinales. Un motivo más para aumentar su sentido de culpabilidad. Fomentado por algunas organizaciones religiosas entre sus adeptos, como arma de poder.

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