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Religiones antiguas

Wednesday, April 16, 2008

En las religiones antiguas se observaban numerosas disposiciones, en las que se enumeraban, de forma precisa, los precios a pagar por los distintos servicios de los sacerdotes. En el gran templo de Jerusalén, todos los perdones tenían un precio establecido. Ello es un remanente claro de la costumbre universal de los magos, de poner precio a sus ceremonias. Quien administra el uso de la magia a favor, o en detrimento, de otros, es el ‘dueño de la palabra’. En general, esto implica una unción. Que se suele obtener por herencia, transmisión o iniciación. La aplicación de fórmulas, casi siempre secretas, y el pretendido contacto del mago con los espíritus o fuerzas que invoca, son la base de su poder. Frecuentemente, los magos se refieren a sus artes como de origen ancestral. Pretendiendo derivarlas de los antiguos egipcios, mayas, iranios, celtas, o cualquier otro pueblo de la más remota antigüedad.

Recordemos el caso de Simón el Mago, en tiempos de los Apóstoles. Se dice de él, en los Evangelios, que ejercía la magia en Samaria, arrogándose la facultad de aplicar el poder de Dios. Consecuente con la práctica mercantilista de su oficio, ofreció dinero a los Apóstoles, si le conferían el poder de transmitir la gracia del Espíritu Santo. Se ve que el principio, predicado por Buda, cinco siglos A.C., de ‘actuar rectamente, sin esperar recompensa por ello’, no le era aún conocido. Aún cuando ya hubiese oído decir a los Apóstoles que, el interés de las buenas acciones, se cobra en el Cielo.

Cuando rezamos, aunque no sepamos con certeza si algún dios nos estará escuchando, al menos nos consolamos suponiéndolo. Lo que nos ayuda a mantener la fe. Nuestra fe nos apaga la angustia. Pues, nosotros, sí oímos nuestra plegaria. Puede que eso nos ayude a reunir el ánimo, tiempo e información que necesitamos, para llegar a conseguir nuestro deseo. Todo junto, puede lograr que actuemos con la fuerza de un pequeño dios privado, un numen, que nos lleve más allá de nuestros límites conocidos. Algunos milagros perceptibles podrían explicarse así.

En cuestiones mágicas y religiosas, siempre hay un interés por la tradición, por la vuelta atrás, por el conservadurismo. Pero todo conservadurismo, aunque no lo perciban así sus adeptos, es evolucionista, de forma selectiva. Pues, basan su constante doctrinal en algo cambiante, fluido, como son las ideas expresadas, las palabras.

Las organizaciones religiosas siempre han tendido a la acumulación de poderes.

Las más antiguas referencias, documentadas, que nos han llegado sobre magos - sacerdotes, quizá sean las concernientes a las religiones mágicas de Mesopotamia.

La derivación más clara fue la identificación del poder religioso con el temporal.

Era el poder de lo esotérico. La astronomía, la meteorología, la geología, la sicología, la química, se enseñaban sólo a personas escogidas, que debían jurar mantener sus conocimientos en secreto, bajo amenaza de muerte, por traición. Así se explica el que Moisés, por su educación entre sacerdotes cortesanos egipcios, conociera perfectamente las fechas de las inundaciones del Nilo. Mientras los soldados que lo persiguieron no habían sido informados de ello. Lo que condujo a su ahogamiento, bajo las aguas desbordadas del Nilo, no en el Mar Rojo. El secreto es el poder de los tiranos.

Si hacer política es pretender el gobierno de lo posible, hacer de la religión una forma de política, es presionar con el dominio de lo imposible.

El mundo de la realidad y el de la fantasía son complementarios y paralelos.

La ventaja de especular con entes intangibles, invisibles, remotos e incorpóreos, es que se puede dar rienda suelta a la imaginación. La fantasía lo transforma todo.

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