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Ceguera Pasional

Tuesday, April 15, 2008

Tanto la sociedad, como los hombres que la forman, están en continua evolución. Cuando se pretenda llegar a ciertas metas revolucionarias, lo más seguro es: alcanzarlas por medios evolutivos. Presionando en la dirección deseada, de forma suave, pero constantemente. Al menos, es la forma ideal de no morir en el intento.

Individuo y sociedad son permeables e interactivos. Ambos se influencian, y son interdependientes en su existencia. Tal como las células de un cuerpo vivo. Nadie puede aislarse tanto que su situación le permita pensar como ente autónomo e independiente. Siempre habrá un antes y un después. Aparte de la influencia del medio en que se halle inmerso. La objetividad y la independencia son entelequias: útiles como referencias abstractas, pero inexistentes.

Todo hombre es esclavo de su propia historia. Ascendientes, descendientes y colaterales, nos han ido rellenando el cerebro con sus propias ideas. Al final, cada cual no hace más que digerir lo que ingirió. Desde tierras lejanas, desde civilizaciones diferentes, desde circunstancias distintas, con antecedentes diversos, ¿cómo podemos meternos en la piel de otros pueblos y juzgar la rectitud de sus hechos?

Quien actúe en circunstancias extremas, movido por la pasión, siempre encontrará razones que lo justifiquen. Sus propias razones, está claro. Probablemente serán muy distintas de las nuestras, pero ellos las consideran justas. Si así no fuese, no comprenderíamos que dejasen sus vidas en ello. Lo que pasa es que la lógica, las razones, la justicia y la vida, tienen muy pocos puntos en común. Al final, siendo siempre injustos, nos veremos obligados a medir a los demás con nuestra propia medida. Que no se ajusta a nadie más que a nosotros mismos. Sentimos lástima por los débiles, y acabamos dando la razón a los fuertes. La historia siempre la han escrito los ganadores. Quienes perdieron, procuran olvidarse de ello. ¿ Cómo tomar partido entre bosnios y serbios, entre blancos y negros, entre judíos y palestinos, entre guerrilleros y gobiernos? Al final, sucede como en la Naturaleza: quien pierde el hábitat, pierde la vida. O se transforma, o se extingue.

Y, a todo esto, nos negamos a cerrar los ojos para no ver las injusticias. Pero nos paraliza la duda sobre qué es injusto. ¡Dichosos aquellos que, sin analizar, tienen la certeza de la bondad de todos sus actos. Porque, todos y cada uno de ellos, van dirigidos a su propio beneficio!

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