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Creando Copérnicos

Tuesday, April 15, 2008

Fomentar el miedo a lo desconocido, es un negocio. Lo mismo sirve para vender seguridad ciudadana, que salvación del alma. Lo explotan todos los grupos esotéricos, que meten miedo a la gente, con lo que pueda pasarles, a ellos, a sus almas y familiares, si eluden las reglas que tales organizaciones les dictan. Desde las amenazantes cartas en cadena, a la obligación de publicar anuncios, proclamando la consecución de favores, o la rutina lava-cerebros de rezar a diario ciertas oraciones repetitivas, para salvar el alma. Está claro que son viejos métodos para inducir autosugestión. Las mantras, o letanías, recitadas en tonos monocordes, se usan desde hace miles de años. Dando buenos resultados de obnubilación, en todos los sistemas de creencias, habidos y por haber. Si, afortunadamente, se resuelve, durante ese tiempo, alguno de los favores pedidos, ya hay un adepto más. Tales grupos, se presentan como salvadores universales. Trucos semejantes, utilizan los políticos salva-patrias. O ellos, o el diluvio. Y, siempre encuentran oídos atentos.

En la actualidad, Benedicto XVI apoyó la abstención de los católicos, en el referéndum sobre reproducción asistida, celebrado en Italia. Se pretendía cambiar la restrictiva y obsoleta ley de reproducción italiana, por una más parecida a la actual ley española. Consiguiendo la abstención, se intenta imposibilitar el quórum necesario para su aprobación. Cultivar el inmovilismo, parece el bien supremo, para algunas mentes congeladas. Cuanta más ignorancia haya en el mundo, más posibilidades de medrar tienen las creencias. Todavía hay grupos que se oponen a las transfusiones de sangre. Y no están lejos los tiempos en que se consideraba, un gran pecado contra la voluntad divina, el aprobar un transplante de órganos, o facilitar el parto sin dolor. Los ortodoxos defendían, y aún defienden, que no se pueda alterar el mandato divino a Eva, al ser expulsada del Paraíso:”Parirás con dolor”.

Si continuásemos la línea estática, inmovilista, respecto a los progresos científicos, terminaríamos de nuevo en las cavernas. Sin una ciencia progresista, libre, no hay cultura, ni bienestar. Al mundo cristiano, puede empezar a sucederle, lo que ya pasó con la cultura musulmana. De ser una civilización progresista, en sus mejores tiempos de esplendor, ha pasado a ser una rémora para la Humanidad. De vuelta a los tiempos oscuros de las primeras épocas, de leyes santas y guerras sagradas. El camino de la imitación lo tenemos fácil. No hay más que seguir las prédicas de los hombres santos, que, siempre, ven en el pasado, lo más remoto posible, tiempos de mayor pureza. Pero, ¿es eso lo que la Humanidad desea y necesita? Podemos escoger entre una sociedad más próxima a los ángeles, cantando en coros celestiales, u otra más cercana a la felicidad terrenal, con una sociedad menos llena de sangre, sudor y lágrimas. ¿Tiene que estar reñida la felicidad con la bondad? Quien sufre y se sacrifica más, no es, necesariamente, mejor persona.

La verdad la canta el silencio. Si, en ciencia, se siguieran criterios religiosos, aplicando el principio de que “dudar es pecar”, llegaríamos, pronto, al fin de la ciencia. Poner trabas al progreso, no nos conduce más cerca de Dios. La ciencia es duda constante, y ésta fuente de estudios, que conducen a la verdad. Es una lástima que, tantas mentes privilegiadas, trabajen sólo para negar evidencias. Intentando parar el mundo, mediante la paralización del pensamiento. Quien cree, reafirma el pasado. Quien duda, investiga el futuro. Cualquier rama de la ciencia, que aporte conocimientos nuevos, está cambiando la vida de la Humanidad, hacia mejor. El saber humano, aún cuando sus fuentes sean diversas, va formando un todo global. Toda idea, tras su floración, cuando a alguien le empieza a parecer hermosa, la difunde. Pero no ha habido generación espontánea. Todo fruto es resultado de una semilla anterior, cultivada en el medio y tiempo adecuados. Por tanto, una idea original, antes de ser reconocida como tal, ha recorrido un camino, ha vivido un ciclo en la sombra, hasta salir a la luz.

Sirviendo, a su vez, de punto de partida para otras conclusiones tan originales como sus antecesoras. Puesto que, cada una de ellas, es origen de otras. Para la adquisición de nuevos conocimientos, es importante no considerar verdades indiscutibles nuestras ideas y conceptos previos. Nada es estático, nada permanece, todo evoluciona. El cuestionamiento sistemático, es básico, a la hora de no querer convertirnos en piedras. Ser inamovibles en moral, conocimientos y costumbres, es estar momificado de antemano.

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