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Sangre Religiosa

Sunday, April 13, 2008

Tanto el pueblo hebreo, como otros pueblos semitas del entorno, creían que el espíritu de la vida habitaba en la sangre. De ahí que, ofreciendo la sangre de los animales sacrificados a Dios, les ofreciesen con ella su vida.

Pero, según la Biblia, “quien ofreciere sacrificios a otros dioses, y no sólo al Señor, será muerto”. Añadiendo, para mayor seguridad:”No juréis por el nombre de dioses extranjeros, ni siquiera los mentéis. Lo que podría interpretarse como un doble rasero: no es tan malo matar o jurar, como hacerlo por el dios equivocado. Hay muchos creyentes de todas las religiones, que se ganan el cielo predicando sus propias creencias y trabajando para solucionar problemas a otras personas, cuidando enfermos, enseñando, etc.el campo reservado a las personas de buena voluntad es amplísimo. Pero, no olvidemos el gran número de santos que, matando infieles, conquistaron su santidad; al considerar que los no fieles son enemigos de su religión. “Quien no está conmigo, está contra mí”. San Luís de Francia, o San Fernando de Castilla, junto con el casi canonizado Francisco Franco, podrían servir de ejemplo a este tipo de santos matamoros. ¿Qué otra cosa sino “guerras santas”, calificadas como cruzadas, incluida la Guerra Civil Española de 1936-39, han sido tantas guerras, donde uno de los bandos dijera batallar en defensa de la fe? De su fe.

Tal camino a la santidad, puede también ser recorrido, triunfalmente, dentro del Islamismo, el Sikismo, el Sintoísmo, el Judaísmo, etc., así que, cada uno en lo suyo, cree hacer lo adecuado. ¿Son ellos justos? Podríamos decir que, desde un punto de vista religioso, quien muere luchando en defensa de su religión, al conquistar la condición de mártir, adquiere el derecho a un lugar destacado en el Cielo, en su particular cielo, no importa cuál haya sido su vida, ni, por supuesto, su religión. ¿Habrá fronteras entre los cielos de distintas confesiones?

En una ocasión, me resultó sorprendente oír, en medio de una noticia de guerra, en los Balcanes, la garantía expresada por el obispo ortodoxo de Kosovo, a sus fieles serbios: “Quienes permanezcan en la provincia, defendiéndola, irán directamente al Cielo”. Me causó impresión, no lo he olvidado. Esto implicaba que habían de seguir matando y dejándose matar, hasta la extinción. ¿De dónde habría sacado el Pope información tan confidencial sobre el futuro de las almas de sus fieles? Al parecer, la manipulación mental de los serbios, no fue sólo una exclusiva de Milosevic, o del General Tito. La Iglesia Ortodoxa Serbia, había trabajado junto con los gobiernos del dictador de turno, en la orientación y sumisión del pueblo serbio.

El problema principal de los Balcanes no es, básicamente, que sus habitantes pertenezcan a distintas etnias. Eso, con las actuales tendencias a la mayor porosidad de las fronteras, los matrimonios mixtos, la migración, se soluciona por sí solo, paulatinamente. Pero, si se le suma la pertenencia a diferentes corrientes religiosas, los enfrentamientos son inevitables y perdurables, el fanatismo lo llevan consigo. Las religiones organizadas, en general, parecen preferir cultivar sus cosechas de mártires, antes que permitir la apostasía de sus fieles.

Cualquier guerra, de tipo balcánico, se puede identificar como guerra de religiones. Con añadidos étnicos, territoriales, económicos, o lo que se quiera. Pero con una indudable base de lucha alentada por el poder religioso. Y una decantación clara, de los líderes carismáticos, por aquellos que pertenezcan a su grupo. Sean o no justos. Se tiende a pensar que los correligionarios siempre llevan la razón, al defender sus mismos intereses. Los muertos propios son nombrados mártires: santos camino del cielo. Los ajenos, agentes del Mal, esbirros de las Tinieblas, que se hundirán, por siempre, en las simas infernales.

¿Cuándo aprenderán, algunos líderes religiosos, a servir a la Humanidad, y no a servirse de ella?

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