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Adaptaciones

Sunday, April 13, 2008

Quien no se adapte a su tiempo, está fuera de él. La vida continúa a su alrededor, pero su interior estará muerto, vacío.

Nadie puede pedir que el mundo se congele, a su conveniencia. La evolución continúa, en conjunto, sin pausa. Hacia la perfección de seres distintos, compatibles y complementarios. Ni las personas son inmutables, ni las instituciones eternas. A Dios gracias.

Que nadie cante la inmutabilidad y eternidad de sus creencias, porque las creencias, si están vivas, evolucionan. La vida es crisis constante, mutación. Lo muerto es lo no existente. Porque, incluso durante su disgregación material, un cuerpo considerado muerto, está lleno de vida, de otras vidas. La putrefacción de algo que fue, no produce la muerte, sino otras formas de vida.

Ningún espíritu permanece quieto. Abrir arcanos, investigar, dudar, es la principal misión del creyente laico. Para saber lo más posible, se ha de creer lo menos posible. El principal defecto de nuestro sistema de enseñanzas, no es lo que se enseña, sino lo que no se aprende. No aprendemos a pensar, a investigar, a deducir, a dudar. Se nos enseñan demasiadas “verdades” indiscutibles, de las que se han de aceptar sin dudar, para ser considerado miembro aceptable de la sociedad biencreyente. Ni siquiera bienpensante, porque pensar conduce a la duda. Si siguiésemos tapando ventanas de nuestra mente, para que no entren ideas nuevas en ella, conseguiríamos tener un cerebro que sirviese sólo para mantener nuestro cuerpo erguido, con ideas muertas, inexistentes. Volveríamos al estado irracional.

En las escuelas está el vivero de las creencias, donde éstas enraízan su poder. Quienes las enseñan, saben que, si pierden el predominio de la enseñanza primaria, sus teorías pierden vida. Por eso, todos los sistemas de creencias, tratan de dominar el sistema de enseñanza primaria. Inundar las mentes infantiles con sus ideas preconcebidas, es la meta. Dejan los cerebros preparados para no dudar de ellos, de por vida. Las ideas de castigos eternos, con los que se amenaza a quien dude, rellenan los cerebros con pesadillas, espíritus malvados y eternidades infernales. Si no dudas de ellos, te ofrecen un cielo azul, repleto de placeres angelicales. La condición para alcanzarlo parece sencilla: obediencia debida,…nada más, nada menos.

En el “no dudar” se pierden miles de científicos, filósofos, investigadores, innovadores. Lo principal para estos captadores enseñantes, es que todo siga igual, como les conviene a los inmovilistas hibernados. Por eso, todas las teorías fanatizadoras defienden “verdades” únicas, las suyas, sin evolución posible. Aunque el devenir diario, sin pretenderlo, vaya creando nuevas tradiciones y consolidando creencias de nuevo cuño. Nada es estable, nada es eterno. Todo lo vivo evoluciona, cambia, con las sumas y restas que el tiempo ajusta.

Una de las tendencias comunes a las religiones, que han sido, casi en su totalidad, fundadas por hombres, es su repetida y latente misoginia. Tanto la Biblia, en el Talmud, como El Corán o los Vedas, aclaran que, a igualdad de derechos, habrá de prevalecer la razón del hombre sobre la de la mujer. Esto se sigue reflejando en numerosas disposiciones prácticas de la vida diaria. La figura femenina, en la mayor parte de religiones, pasa a un segundo plano, aún cuando, nominalmente, se le reconozca una importancia destacada, en su papel de madre y esposa, siempre sacrificada, virtuosa y, sobre todo, obediente. De ahí no pasan. El monoteísmo, considera a Dios como un ser masculino. Y esto fija todas las demás jerarquías. Mientras, la vida sigue.

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