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Lluvias y Cosechas

Sunday, April 13, 2008

El fenómeno de la lluvia puede traer abundancia a un pueblo, o arruinar las cosechas, si es inoportuno. En las civilizaciones más antiguas conocidas, es interpretado como la fecundación de la tierra por el cielo. De ahí la clasificación casi universal de la Madre Tierra y el Padre Celestial.

Vamos acercándonos a la comprensión de conceptos de otras épocas, con los nuevos conocimientos, mas nunca podremos entrar en la mente del hombre primitivo. Sencillamente, porque pasó sin dejar rastro de su pensamiento. Sólo nos quedan nuestras interpretaciones de los vestigios restantes. Así será, si así nos parece.

La conexión primigenia entre magia, política, religión, astrología y medicina, está clara en cualquier civilización que se estudie. Mantener unidos todos los conocimientos y autoridades, era una forma de acaparar y conservar el poder. La Edad Media europea puede servirnos de ejemplo. Las organizaciones religiosas atesoraron, en exclusiva, todos los conocimientos. Condenando al pueblo a la ignorancia. La lectura de libros era selectiva y restringida. Los escritos censurados, con estrictos controles de ideas y conocimientos. La cultura era un tesoro, que disfrutaban sólo los elegidos. Se impidió, activamente, la difusión del conocimiento.
Aún hay, en las sociedades tribales de vida primitiva, personajes que, como el mago, el brujo, el sacerdote, el chaman y el médico, se concentran en una sola persona. Hablar en nombre de los dioses, da un poder excepcional.

Tampoco es nada extraño, oír numerosos relatos de curaciones súbitas y hechos insólitos, atribuidos a personajes religiosos. En la antigüedad, y hasta hace un par de siglos, también se atribuían tales poderes a los reyes. La asignación religiosa a éstos, de conexiones con los dioses, presuponía la adjudicación de poderes extraordinarios, frente a la vida y la naturaleza. Quien fuese temeroso de Dios, debía temer a sus representantes, tanto políticos como religiosos. El poder nunca es inocente.

Todo cambia, todo avanza, todo se descompone, vive. Toda verdad, para ser efectiva, ha de adaptarse al nivel de conocimientos de quien la recibe.

Al leer textos antiguos, debemos tener en cuenta, siempre, que las afirmaciones hechas hace miles o cientos de años, no tienen una traducción inmediata y equivalente en nuestro tiempo e idioma. Los conceptos varían su valor, con la acumulación de conocimientos. Así, no podemos caer en el frecuente error de establecer escalas de valores, en otras épocas, por comparación con nuestros esquemas actuales.

Elemental es, considerar que ninguna religión, al menos que conozcamos, nació como sistema cerrado. Todas han ido evolucionando, dando nuevo significado a verdades que dejaron, con el tiempo, de serlo. La mayoría de los términos usados actualmente en religión, era desconocida a sus fundadores. Simplemente, porque aún no se habían acuñado. El pensamiento abstracto no es propio del hombre primitivo. Y, por tanto, el valor que damos en nuestros días a palabras y frases usadas en una época lejana de la Humanidad, está teñido, totalmente, de nuestros conocimientos, apreciaciones y mentalidad actuales. Con lo que falseamos, substancialmente, la evaluación original de su significado.

Los dioses cambiaron, con las condiciones de vida. El hombre primitivo no podía concebir que los rayos, truenos, tormentas y cualquier otra fuerza, energía, o función natural, actuasen por propia inercia secuencial. Las actividades más elementales, las atribuía a la acción de los supuestos espíritus internos de las cosas. En un estado más avanzado de pensamiento religioso, se asignó todo a la voluntad unívoca de un ser poderoso, que dominaba la parcela de naturaleza afectada. Así nacieron los dioses de los elementos. Thor, el dios escandinavo. Zeus, desde el Olimpo griego. Indra, en Persia y la India. O Júpiter, entre los romanos, arrojaban rayos a sus enemigos. El mismo Jehová, aparece rodeado de rayos y truenos en el Sinaí. Era totalmente normal que, en una época en que el hombre vivía en íntimo contacto con la Naturaleza, los dioses fueran los señores de ésta.

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