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Lo Indeciso e Incompleto

Sunday, April 13, 2008

Proporciona más felicidad efectiva cualquier avance científico nimio, que toda la acumulación de conformidad producida por la ignorancia. La explotación supersticiosa de objetos, imágenes, situaciones, gestos, danzas, fuegos, yerbas, perfumes, ceremonias o invocaciones, tenidas por milagrosas, encierran un resto importante de las antiguas creencias animistas. Su uso, no sólo es ilógico, roza lo irracional. No es más, ni menos, efectiva una danza tribal, en honor de los dioses de la lluvia, para atraerla, bailada en medio de una selva, ante un fuego a cielo raso, que una ceremonia multitudinaria en el más lujoso templo que haya construido jamás la Humanidad.

Resulta altamente inmoral inducir a creer que tales objetos, situaciones e invocaciones, pueden salvaguardar de riesgos, catástrofes, o epidemias, por el simple hecho de haber sido bendecidos por un oficiante de alguna creencia determinada. Ese tipo de ceremonias, se ofician en numerosas religiones. Desde las más primitivas a las más sofisticadas. Pero la ciencia y el conocimiento no están en sus manos, ni en su mente. Sólo dominan, magistralmente, el arte de explotar el miedo a lo desconocido, que invade a todo humano, cuando se enfrenta a situaciones inesperadas. Confiando en su efectividad milagrosa, se induce al incumplimiento de las más básicas y efectivas medidas de precaución reales. Para entregarse a la hipotética acción de los poderes convocados. El milagro no lo realiza el objeto o ser venerado, sino la convicción del creyente en su efectividad. Las verdaderas fábricas de milagros están, hoy día, recluidas en laboratorios, centros de estudio e investigación. La esquizofrenia de los creyentes es que, aún cuando vean una cosa, se ven inducidos a creer otra. Eso debe producir sentimiento de doblez, hipocresía, falsedad, fracaso de los propósitos cimentados en el vacío, o un éxtasis total, carente de razones, producido por la absoluta confianza en lo sobrenatural. Básicamente, es un retroceso en el cumplimiento de los derechos humanos. Se priva a la gente de su derecho a dudar. Aprovecharse de la buena voluntad e ingenuidad de los creyentes, es propio de timadores. Las creencias no se buscan, se encuentran, en el ambiente social que nos rodea. La sumisión a ellas, produce atrofia del pensamiento. Quien cree, no piensa, no deduce, acepta. Pensar más allá de la creencia, implanta un sentido de culpabilidad. El creyente ha sido enseñado a pensar que, la infidelidad mental, es pecaminosa.

La orientación general continuada de las ideas religiosas es, en la actualidad, hacia el Sincretismo. La unión de credos, donde cada cual mezcla, a su manera, ritos, dogmas y creencias de diversa procedencia. Dando como resultado un nuevo producto. En un mundo cambiante y globalizado, las convicciones básicas de los adeptos a las macumbas y santerías americanas, aglutinan en sí una síntesis de credos y liturgias, procedentes de medio mundo, desde las más primitivas, a las más sofisticadas. Pudiendo representar, perfectamente, al Sincretismo vivo, en plena evolución, donde aún se iluminan las raíces de creencias tribales.

Incluso la Astrología, que siempre fue una mezcla de ciencia, empirismo, magia, y superstición, está volviendo a ser fusionada con religiones y seudo-ciencias. Astronomía y Astrología fueron, durante miles de años, la misma ciencia supersticiosa. Con derivaciones y fundamentos mágico - religiosos. En los albores del Renacimiento, con la resurrección del saber antiguo, se perfilaron netamente sus fronteras. Desde entonces, la Astronomía se limita a estudiar los fenómenos físicos del Universo. Mientras, la Astrología ha pasado a ser una pseudo - ciencia, plagada de misterios mágicos y supersticiones. Más relacionada, desde entonces, con pretendidos magos y echadoras de cartas. No olvidemos que los Reyes Magos, aunque no fuesen reyes, sí eran magos. Es decir, sacerdotes-astrólogos de la religión mesopotámica. Entre cuyas creencias figuraba la de que cada estrella es la personificación de un dios. De ahí su interpretación de que la visión de un meteorito significaba el nacimiento de una nueva estrella, es decir, de un nuevo dios. La fantasía no tiene fronteras.

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