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Creando Monstruos

Thursday, April 17, 2008

A cañonazos se vence, no se convence. Cuando nos hacemos preguntas sobre algo que desconocemos, nuestra inquietud intelectual nos lleva a buscar respuestas. Y esto conduce, al menos, a tres caminos de solución: la fantasía, la investigación y la mezcla fantasiosa. Si nos servimos de la imaginación pura y la inventiva, crearemos una fábula más. Razonada, quizá, pero irreal. Indudablemente, el camino de la ciencia es más difícil, lento y complicado que el de la fantasía. Cuando, en vez de fantasear, tratamos de investigar y razonar, para llegar a la verdad, estamos creando ciencia, introduciéndonos en la realidad.

Cualquier pequeño paso adelante, en el mundo de las ciencias, está cimentado sobre el trabajo arduo de anteriores investigadores del conocimiento. Cada uno de los cuales es un eslabón, imprescindible, del progreso. En el cual no existe el fin, sino la continuidad del progreso. En la búsqueda de lo perfecto, lo importante es el camino.El fin no existe.

El Universo irreal y sus dioses de fantasía, lo encontramos en todas las civilizaciones y sistemas de creencias. Tan variados, en sus miles de versiones, como cualquier otra literatura fantástica. Son productos del humano primitivo, que busca realidad en la fantasía.

El mundo de la fantasía es inconsistente. ¿Cuántas veces han sido incluidos y excluidos, del catálogo oficial de mundos espirituales, el limbo, el purgatorio, el infierno y la gloria? Se catalogan y descatalogan, según las necesidades del mercado. No todos los papas y líderes espirituales han tenido el mismo concepto de premios y castigos para las almas de los difuntos. Con soberbia y autosuficiencia no se arregla el mundo. Se lo confunde. Hay que aprender, antes de predicar. Si no, confundimos el poder con la razón. Y, generalmente, no van unidos. El Universo es finito, pero sin fronteras. No podemos dividirlo en parcelas.

Los cruzados siguen cabalgando, tratando de parcelar el mundo. En su tiempo, fueron el brazo armado de una ideología imperialista, para extender el poder de los monarcas y sus ideólogos dominantes. En la actualidad, los fines son los mismos, diversificando los métodos. Se intenta convencer al avasallado de que quien le pisa la cabeza, lo hace con cariño. El adoctrinamiento tiene por fin producir la ceguera mental de los pueblos, para, así, poder convertirse en su guía, no cuestionado. No es mejor el pastor que el lobo. Ambos pretenden comerse a la oveja. Difiere el método, no el fin.

No se puede ceder ante la fiera hambrienta. Alimentarla no sirve para calmarla, sino para fortalecerla. Con lo que su necesidad de alimento será siempre mayor.

Quienes se creen los elegidos de los dioses, son, siempre, los causantes primarios de los conflictos humanos. Sencillamente, porque creyendo ser los representantes del Bien, ignoran que lo son del Poder. En el mundo, cada cual se representa a sí mismo, aunque actúes en nombre de otros. No puedes pedir a la sociedad, lo que no le hayas dado. Para cosechar, se ha de sembrar primero.

Con soberbia y autosuficiencia no se arregla el mundo. Hay que aprender de quienes padecen el mal, no de quienes ni siquiera lo conocen. El mundo occidental está matando civilizaciones vivas, e injertando piezas externas, para darles una vida nueva. Con lo que estamos creando monstruos, al estilo de Frankenstein, inutilizados, desde el principio, para sobrevivir por sí mismos. En vez de crear nuevas civilizaciones, creamos caos y confusión alrededor del mundo. Destruimos, sin construir.

La magia en que se basaban las religiones antiguas, no ha dejado de estar presente en los cimientos de las actuales; sobre todo con la vuelta a la ortodoxia tradicionalista, protagonizada por el rebrote de los movimientos integristas, que las reafirma como organizaciones de poder, cuya principal arma es el miedo a lo desconocido. Las leyes con trasfondo religioso, suelen ser duras, inflexibles. Los principios de dominio siguen teniendo su base en el miedo, que puede derivar en terror. Sólo la forma exterior adquiere refinamientos, necesarios para su adaptación a la sociedad actual. Aunque los ungidos prefieran volver al Medievo y los tiempos oscuros.

El traspaso de estructuras antiguas a organizaciones modernas, no es infrecuente. La iglesia Romana sustituyó la divinidad directa de los emperadores romanos, por el mantenimiento de la autoridad divina, función encomendada al Papado. Los papas se convirtieron en vicarios de Cristo, delegados de Dios en la Tierra. Fue, como se ha visto tantas veces en la Historia, la sustitución de un poder por otro. Cambiando sólo algunas ideas, se conservó la estructura piramidal, aristocrática, del mando, tanto en Roma como en Bizancio. Se montó un imperio tras el imperio. Pieza a pieza. Con una organización calcada, en muchos elementos, de la usada para la administración de las provincias romanas. Se recogió y cultivó el latín como idioma unificador del imperio, e incluso se copió la administración territorial y dirigente. Las divisiones en provincias, mandatos de las distintas diócesis, coincidieron, desde un principio, con los nombres y divisiones del imperio. Algo que había sido efectivo, mientras duró, se copió como modelo. La organización pagana sigue siendo eficaz en lo clerical.

En la actualidad, existen movimientos, para volver a creencias antiguas, que, al explicar, a quien lo quiera oír, la aparición de santos y seres celestiales a personas devotas, incluso admiten el fenómeno llamado ectoplasma. O reconstrucción visual de la imagen de personas ausentes, casi siempre difuntas. Es decir, la revivificación del espiritismo más clásico y oscurantista, dentro de los movimientos ocultistas que movilizaban multitudes en tiempos pasados. Explican que la mente es personal, asentada en la materialidad del cuerpo, pero, a su vez, participando de las cualidades del espíritu, al que acompaña. Consideran que la mente del difunto, guiada por su espíritu, es la que puede comunicarse con los humanos, una vez traspasada la frontera de la muerte. O sea, tras haber abandonado el cuerpo material. La fantasía lo transforma todo. Si no flaquea la fe.

Tratan de explicar, racionalmente, en apariencia, lo más irracional. Después, consideran que el dilema, no solucionado, de creer o no creer en la posible existencia del alma, o de esa fuerza vital, de forma independiente y posterior a la muerte del individuo como tal, es algo especulativo, o accidental. Una perspectiva más, entre muchas.

En el Espiritismo clásico, la muerte no existe, los muertos no existen. Esta sentencia, clave del Espiritismo, podría ser interpretada en el sentido natural de la existencia. Es decir, lo que ha muerto ha dejado de existir como entidad unitaria. Ha dejado de ser la unidad que era. Sin desaparecer. Sin que el cambio habido anule su vivencia potencial, energética, pues la desintegración no significa desaparición, sino el pase a encontrarse descompuesta y reincorporada, separada y parcialmente, a distintas identidades, sin conservar la propia. Al morir la persona, se disocian sus componentes. En lo futuro, llevarán una existencia separada y no interdependiente. Bien, esta disociación, total o parcial, es también admitida, en religión y magia, en los estados de éxtasis. Dando como cierta la posibilidad de que el espíritu personal pueda ausentarse, temporalmente, de su residencia corporal, sin causar la muerte del cuerpo. Realmente, mi mente no alcanza a tanto. No penetro en la oscuridad deliberada.

Toda ideología que impida pensar con libertad, modifica el desarrollo natural del pensamiento humano. Es un freno al progreso de la Humanidad, en beneficio de unos pocos.

Los mártires que, intencionadamente, buscan el martirio, no son muy distintos a quienes buscan la eutanasia. Quieren morir en el momento en que deseen hacerlo.

Todo lo que signifique adueñarse de una parte de la voluntad humana, es privarla de su dignidad como persona. En principio, todas las leyes morales, impuestas según el criterio de otros, humillan a quien se la imponen, privándolo de su libre albedrío. En sí, esta apropiación indebida, es una acción de suprema soberbia e hipocresía.

Auto atribuirse poderes, hipotéticamente cedidos por la divinidad, adecuada a cada caso, está más cercano de la suprema necedad, que de la suprema inteligencia, que se le presupone a un dios, constructor del Universo. ¿Cómo tal señor se busca intermediarios y representantes tan imperfectos? Apasionados del poder, las riquezas y las intrigas políticas. No olvidemos que, señores como Bush, han sido elegidos para sus cargos, con el expreso mutuo apoyo de dirigentes cristianos de todo el mundo. Apoyar a los poderosos, no es amar a la Humanidad, es esclavizarla, apropiándosela.

Hasta los chinos, a imagen y semejanza de europeos y americanos, han montado sus propias iglesias nacionales, vista la eficacia de la patente de corso, que otorga poderes a tirios y troyanos.

No se ha quedado atrás la iglesia ortodoxa en Rusia, apoyando a Putin, como otrora apoyara a los zares. Brindándose ayuda mutua. Los campos de creencias son fértiles, dan variedades adaptables a cada credo. En los países árabes, las monarquías y autoridades, basan su poder omnímodo en las leyes coránicas. Nadie quiere prescindir del poder que otorga la atribución divina a sus poderes privativos. ¡La amalgama total, resultaría de una ilógica suprema! Misterios de las divinidades%u2026 ¿Son todos el mismo, o diferentes poderes reflejados en el espejo unitario del poder? Quien quiere uno, lo quiere todo. La información es riqueza. Poder, información y riqueza, si no son lo mismo en esencia, son equivalentes en potencia. Esto tiene una base sólida; el control de toda la riqueza, como base del poder total.

Sin embargo, este parece ser el propósito inconfesado de todos los textos fundacionales religiosos. Da igual que consideremos el Corán, la Biblia, o los Vedas. La religión, en general, pone fronteras, sus límites propios, a casi todo, menos a la credulidad. Y condena el ansia de saber. Como pecado mortal de los engreídos, los vanidosos, los científicos.

Quizá no haya pasaje bíblico donde se condene más claramente el deseo de saber, la curiosidad, sin lo cual el hombre no sería Hombre, que en la escena protagonizada por Eva, la manzana y la serpiente. Pero también nos podría servir de ejemplo la pobre mujer de Lot.

Ellas no pretendían pecar, querían conocer, simplemente. Pero esto les estaba vedado. Se les mandaba permanecer en la ignorancia, no investigar. Y luego, para rematar lo razonado de la orden, se identifica en la Biblia la palabra ‘conocer’ con la de fornicar. Y ya sabemos todo lo malo que esto último puede ser. Desde el punto de vista religioso, pos supuesto. Así, no es de extrañar que religión y ciencia hayan mantenido relaciones tan poco cordiales a lo largo de milenios.

Pensar, dudar, reflexionar, conocer, deducir, experimentar, son verbos conjugados por los científicos. Creer y obedecer son los verbos fundamentales y casi únicos de toda doctrina. Conjugados en tiempo imperativo. Con ello, la práctica religiosa se ha convertido en el triunfo del no pensar. ¡No sabemos agradecer a nuestros gobernantes el esfuerzo que hacen, para evitarnos preocupaciones mundanas, disminuyendo las horas lectivas de ciencias y matemáticas en los centros de enseñanza, para poder aumentar las dedicadas al estudio trascendental de la religión¡ Cualquier día de éstos nos crecen alitas. Sería la evolución, al revés. Nos veo, a los españoles todos, con cara de pingüinos. Siempre diferentes, no necesariamente mejores.

No hay dioses sobre la Tierra, ni héroes en el cielo. Todos los políticos, y gobernantes que nos rigen, han dejado de convertirse en dioses. Para ser venerados, aún en vida. Pero han llegado los tiempos de hacer valer la honradez política y la defensa de la verdad. El pensamiento positivo construye, el negativo destruye.

Necesitamos héroes cotidianos, que no busquen la gloria eterna, con el sacrificio de sí mismos y los suyos. Los héroes trágicos, destruyen más que construyen. Queremos gente que busque la victoria del día a día, con honradez, con trabajo, con progreso, con ideas nuevas y continuo estudio de posibilidades innovadoras y justas. Estamos hartos de héroes sangrientos y mártires de las ideas. El progreso se gana con ideas vivas, no con idearios sangrantes.

La palmera datilera, en Babilonia y Egipto, era considerada una planta divina. Entre los egipcios, simbolizaba al árbol de la vida. Y, entre los griegos, al árbol de la luz. Dadas estas características atribuidas, a los héroes y hombres notables se los festejaba blandiendo hojas de palmeras a su paso. Por su condición de árbol de la luz, se colocaba alguna hoja de palma en el balcón principal de la casa, para impedir la entrada de seres oscuros malignos. Las hojas de palmera y palmito, eran usadas en algunas regiones, para efectuar barridos mágicos en las casas, de las se quisiera expulsar algún mal espíritu. Dado que, en nuestra tierra, hay tantas palmeras, preferiría seguir viéndolas con sus dátiles maduros, antes que adornar los balcones de los héroes.

Las heroicidades traen más dolor que celebraciones. El heroísmo es, con frecuencia, un extremismo innecesario. Por cada héroe vivo, hay muchos héroes muertos, de las mismas o encontradas ideas. Fundamental es, considerar que: La auto - liberación del individuo, se obtiene a través del propio esfuerzo. En el que la constancia es más fructífera que el ardor extremo. Casi siempre, causa de muertes, propias y ajenas.

Pedir el final de una vida, para que se pueda festejar su muerte, atribuyéndole una existencia llena con la práctica de virtudes heroicas, me parece irracional, más cerca de lo primitivo, que de una civilización racional.

En este siglo de inquietudes que vivimos, en muchas religiones, se pretende volver a las raíces. A la fe ciega, a la ortodoxia. A los tiempos heroicos. El moderno movimiento fundamentalista, comenzó como una corriente de ortodoxia cristiano %u2013 protestante, en la segunda mitad del siglo XIX. De ahí fue pasando al Judaísmo, con secuelas en el Sionismo, y al resto de las confesiones cristianas. Incluido el Catolicismo. Y, posteriormente, al Islam, afectando, de paso, intensamente, a la política de los países musulmanes. Sumidos, en la actualidad, en una sucesión inacabable de guerras, guerrillas y escisiones. La creación del Estado de Israel, consecuencia directa de la mala conciencia de Occidente, por su inoperancia ante el sangriento Holocausto del pueblo judío, durante las dictaduras nazis, fascistas y comunistas europeas, ha contribuido a perfilar, un Oriente Medio plagado de conflictos raciales, religiosos y territoriales.

La religiosidad no lleva al cielo, sino las buenas acciones, aunque éstas sean laicas.

Dentro de la Iglesia Católica, es un movimiento de reacción de los tradicionalistas, ante la apertura y modernización puesta en marcha por el Papa Juan XXIII. Adquirió mayor fuerza, tras el Concilio Vaticano Segundo, como protesta por el abandono de ciertas líneas conservadoras. Esto ha creado tensiones, entre las iglesias de los países pobres, más deseosos de cambios actualizadores, y las iglesias del viejo mundo, más quietistas.

En el Judaísmo, los fundamentalistas representan a los israelitas más reacios a la innovación. En especial, los Sionistas ortodoxos, conservadores en lo religioso y lo político. Anclados en la historia milenaria del pueblo judío.

Mantienen un antagonismo beligerante con los palestinos, nativos de Israel. Este movimiento sionista, se inició a finales del siglo diecinueve, en la diáspora. Mediante la inmigración masiva, pasa a ser una fuerza político - religiosa en Palestina. Tras la independencia, el estado de Israel, después de su fundación, en 1948, adoptó la modalidad de estado confesional judío. Acción y reacción. Cuando la historia se repite, el resultado es el caos.

Los movimientos políticos, cuando comienzan a dogmatizar sobre sus principios, considerándolos inmutables, irrenunciables, están intentando entrar en terreno religioso. Eso suele llevar a confusión y conflicto.

Pues, la sucesiva reinterpretación acumulada de sus mensajes, es lo que ha ido creando un cuerpo dogmático diferenciado. En la práctica, el socialismo, el comunismo, el populismo, o la democracia parlamentaria actual, en su conjunto, no son el producto de una sola mente privilegiada, sino la obra acumulada de una sucesión de continuadores. Una construcción viva, en evolución constante. Igual ocurre en las organizaciones religiosas. Actualmente, las enseñanzas y dogmas de algunas organizaciones de origen cristiano, son irreconciliables con los aceptados por la misma organización en otros tiempos, o en otras ramas del mismo tronco. El fenómeno se repite en las numerosas variantes coránicas.

Desde un punto de vista exterior a cualquier dogma, no podemos considerar, sin más, como inspirados, directamente por Dios, todos y cada uno de los numerosos textos venerables que, como tal, se nos presenten. Ya que su origen, evolución y desarrollo han desembocado en teorías de muy diversa conjugación. No es el fin buscado, lo que cuenta, sino el encontrado. Deja de ser la obra de una mente única y privilegiada. Suponerlo así, implicaría adjudicar demasiadas dudas, contradicciones, vaivenes y errores a un cerebro zigzagueante. Lo que no lo colocaría a la altura de algo admirable. Es la unión de mentes lo que nos permite escoger. Nos quedamos dentro o fuera de un grupo seleccionado, pero, inmediatamente, pasamos a formar parte de otro. No hay exclusión, sino trasvase de convicciones. Quien se permite dictaminar sobre lo que es o no es verdad, en cuestiones de convicciones y creencias, se está adjudicando una superior legitimidad, para juzgar la autenticidad de nuestro criterio. Donde se impone la autoridad por razones de jerarquía. Los cismas son saludables, evitan el triunfo del pensamiento único, conservado, clonado y congelado en sí mismo. Viviríamos, si no, en la artificiosidad de un constante pasado presente.

No tienen para nada en cuenta, estos grupos, que, una cosa es el Dios Creador en sí, y otras las incontables religiones, organizaciones y comunidades que dicen servirlo y representarlo, de distintas formas. ¿Todo es Uno, o Todo en Uno? ¿Todo es Dios, o todo en Dios? ¿Panteísmo o Panenteísmo? ¿Necesita Dios portavoces, defensores y administradores? Creo que se debe bastar a sí mismo. Si es que continúa activo. O, más bien, Dios está en nosotros, sin sujetarse a normas ni dogmas, ritos o ceremonias. Todo lo accesorio, lo prescindible, es obra humana. Dios es un sentimiento, que el Hombre necesita tener, para sentirse protegido. Admitiéndolo como la última explicación de lo inexplicable.

Lo más probable es que fuesen sucesivos descubrimientos inconexos y deducciones individuales, los que formaron un núcleo de creencias asistemático, que luego fue conformando la sucesión de teorías, origen de los primeros sistemas mágico - religiosos, con el desarrollo del pensamiento organizado El monoteísmo no fue adoptado , en los tiempos bíblicos, entre los judíos, más que de una forma paulatina. Si bien se puede hablar de monolatría, es decir de adoración de un solo dios, el propio, no se dudaba de la existencia de distintos dioses, pertenecientes a otros pueblos. Aunque, al no ser dioses de la etnia, se los clasificase, a veces, como manifestaciones del Mal. Claro que el origen de esta clasificación no carecía de lógica: Si los pueblos vecinos eran enemigos, sus dioses no podían ser buenos, ni amigos.

Cuando Dios habla a Jacob, le dice: “Soy tu Dios, el Dios de Betel.” Es decir, necesita singularizarse, identificarse, para evitar la posible confusión con otros dioses contemporáneos.

Parece como si las ideas dinásticas hubiesen calado hondo en el Caribe. El Presidente Chávez se sucede a sí mismo, y Fidel Castro traspasa el mando a su hermano. Castro, al parecer, prefiere fundar una dinastía familiar. Ya veremos cómo continúa la saga.

Estos hombres, que, en su día, fueron revolucionarios, ahora, en la senectud, se transforman en involucionarios. Conservadores de lo malo, más que de lo bueno.

Todo gobierno, que se sucede a sí mismo, debería aportar novedades. Si se limita a repetir la función, el pueblo puede aburrirse pronto. Se cree en los milagros una vez. Repetidos, se convierten en un número circense.

Las dictaduras están basadas en el miedo al dictador y sus disposiciones. Una dictadura de la gerontocracia es muy posible que no tenga larga vida. Su peor enemigo es la propia naturaleza. No necesitan buscarlo en las playas de Miami.

Una cosa demuestran, claramente, los actuales gobernantes cubanos: que prescinden, totalmente, de la voluntad y bienestar del pueblo al que pretenden gobernar. Se justifican, concentrándose en ideologías demostradamente ineficaces para proporcionar felicidad a los pueblos. Sólo convenientes para crear fábricas de esclavos desmotivados e ineficaces. Esas ideologías, productoras de mentes clonadas, sólo son convenientes para las cúpulas del régimen.

Lo del gobierno, por y para el pueblo, es pasado, si es que alguna vez existió. La realidad actual, la marca un gobierno fuertemente jerarquizado, donde la aristocracia gobernante coincide con la cúpula del partido. Y todo ello basado en una desmesura de burócratas, funcionarios, militares y policías. Todos espían a todos. Mientras, el pueblo se convierte en plebe, sin voz ni voto. Sólo con mucha capacidad de aguante. Y una enorme fantasía para poder sobrevivir de la picaresca.

Nunca comprendí, como ejemplo cívico, la supuesta heroicidad de un médico, dedicado a matar, para salvar a los pobres campesinos. ¿No podría haberlos salvado de sus males, curándolos y aconsejándolos?

Si todos los héroes míticos tuviesen esa base ideológica, podríamos borrarlos de la lista de bienhechores de la Humanidad. No quedarían mal colocados en la de aventureros y guerrilleros. Quien no evoluciona, se queda antiguo, fuera de su tiempo, fabricando dinastías al estilo visigodo.

Encendiendo nuestra fe, se nos apaga la angustia vital, pero, para ello, se hace necesario disolver, antes, los gobiernos dictatoriales del mundo. La libertad intelectual es la mayor fuerza creadora del mundo.

Últimamente, despiertan expectación internacional los intentos recientes de retomar las buenas relaciones entre el Gobierno cubano y el Estado Vaticano. Siempre ha sido una especialidad de la curia vaticana el tener buenas relaciones con dictadores, parece como si hubiese, entre ellos, un sentimiento identitario, que los acerca.

Quienes esperen ver una masiva reconversión al Catolicismo en la isla de Cuba, pueden esperar sentados. Los cubanos carecen de muchas cosas, pero no de creencias. Cuba ya fue católica durante quinientos años. Pero, siempre, de una forma muy especial. Durante todo este tiempo, el Animismo, llegado de África y Oriente, ha estado omnipresente. La santería cubana proporciona color a las ceremonias pseudo-mágicas africanas, que se mezclan con santos y ritos católicos. Aunque esto represente sólo el exterior de las mismas. Más que nada, los nombres y ritos cristianos sirvieron de ocultación a orichás africanos. Durante el período colonial, los negros esclavizados y, posteriormente, los orientales, fueron autorizados a formar cofradías religiosas. Siempre que estuviesen bajo la advocación de un santo católico. Esto constituyó la única oportunidad de reunirse con sus compañeros de cautiverio, sin despertar las sospechas de sus señores blancos. Así, lo que, en principio, estuvo permitido, para fomentar la fe cristiana, entre los esclavos, derivó en la conservación de sus creencias animistas. Los espíritus africanos cambiaron de nombre externamente. Pero eso fue casi todo. Se pusieron figuras de santos católicos en los lugares de culto y a ellos iban, externamente, dirigidos los ritos y oraciones. Pero los esclavos sabían íntimamente, que, tras la estampa del santo, se escondía la energía venerada en África por sus ancestros. Y eso sigue así.

Creencias no faltan, faltan libertades.

No podemos estudiar magia o religión sin tener en cuenta sus conexiones. No son elementos contradictorios, sino complementarios.

Tanto la magia como la religión, son expresiones distintas de un mismo sentimiento: La creencia del Hombre en fuerzas suprahumanas y en la posibilidad de manipularlas a su favor.

Magia y Religión deberían estudiarse de forma conectada, por su origen común. No buscamos en ellas verdad, sino confirmación de nuestras creencias.

Ambos sistemas, participan de numerosos elementos tradicionales. Pues, en muchos casos, si no son la misma cosa, pudieran superponerse, hasta confundirse. Aunque resulte difícil de comprender, los mitos antiguos se vuelven a poner de actualidad. No hace falta razonar, sólo creer.

Cuando busquemos magia, procuremos no confundirla con la alquimia. Como se ha hecho asiduamente. Los alquimistas, más que magos, eran precientíficos. La mezcla de ambos conceptos, consecuencia inducida de persecuciones religiosas, dio lugar a muchos equívocos funestos.

La alquimia era una ciencia en pañales. Investigaban, experimentaban, sin desligarse de creencias preconcebidas. Los alquimistas, que representaban la práctica de una filosofía unitaria de la Naturaleza, no estaban tan equivocados en sus principios. Erraron más en sus métodos de investigación.

Su capacidad científica y doctrinal falló, al pretender unificar no sólo el cielo y la tierra, sino el espíritu y la materia. Basando sus razonamientos en creencias previas, buscaron soluciones materiales, a problemas del espíritu y al contrario. Se metieron en un callejón sin salida.

Algo parecido sucede, cuando, algunos líderes religiosos actuales, pretenden controlar la ciencia. Como pasa, actualmente, en los estados sureños de Norteamérica. Las escuelas han sido forzadas, en estos estados, a reintroducir el concepto creacionista para explicar la presencia del ser humano en la Tierra. Arrinconando en el cuarto oscuro de los despropósitos a Darwin y sus teorías evolucionistas. Parece que no estemos en el siglo XXI, sino de regreso en la Edad Media Europea. Las persecuciones religiosas contribuyeron a la confusión, en su tiempo, tanto como las nuevas preferencias de los obcecados actuales, frenan la evolución científica en el presente. Al identificar a los científicos, como discípulos de Belfegor; el vanidoso demonio que, dicen, inspira a los científicos, para hacerles creer que pueden ser como dioses creadores. Con lo convierten la creación científica en objeto de pecado.

Las transmutaciones de elementos, con las que soñaban los alquimistas son, en la actualidad, perfectamente posibles. Han sido llevadas a cabo, modernamente, casi en su totalidad. Sólo que partiendo de un mayor conocimiento de las estructuras atómicas de los compuestos terráqueos y la actual evolución hacia medios técnicos más poderosos. Pero, como sus anotaciones fueron condenadas a la hoguera, el resultado de sus experimentos quedó olvidado durante siglos. Su conocimiento fue declarado perjudicial para los creyentes.

Para retomar el progreso científico, en los últimos siglos, fue decisivo poder desligar la ciencia de la religión. Para que no se temiera ofender a Dios, y topar con la justicia de sus ministros, cada vez que se pretendiese avanzar un paso en los estudios humanos.

En toda religión, encontramos teorías evolucionadas y otras que han permanecido cerca de sus orígenes. El creyente no suele ser crítico, se lo prohíben sus propias reglas. Así, admite cuanto le viene dado. Si le surgiesen dudas, las achacaría a su falta de fe, no a fallos doctrinales. Un motivo más para aumentar su sentido de culpabilidad. Fomentado por algunas organizaciones religiosas entre sus adeptos, como arma de poder.

En el viejo Egipto, se decía que nada toma ser, si antes no recibió nombre. Con ello se quería expresar el convencimiento de que la palabra es el origen de las cosas. Esta doctrina está bien representada en todas las religiones animistas y espiritistas africanas. En ellas, es fundamental el poder de la palabra. Según los antiguos egipcios, Atom, dios creador egipcio, conocía todas las palabras que definen las cosas, desde la eternidad. Nombrándolas, las creó. La misma Biblia continúa esta doctrina. Yahvé nombraba las cosas antes de crearlas. Y Alá siguió la misma tendencia en el Corán.

En algunas doctrinas, no sólo se piensa que la palabra, por sí, tiene un poder determinado, sino que su misma grafía o sonido, aún careciendo de significado concreto, puede convocar poderes. Así se entiende en el Tíbet, donde existen sonidos sagrados. El poder de las palabras sagradas puede ser incrementado, o disminuido, según quien pronuncie el sonido mágico y en qué circunstancias se haga. En el Animismo, se considera también que toda persona transmite, emana, irradia u origina energías. Y una parte de estas energías es transportada y comunicada por sus palabras, por lo que las palabras encierran de medio poderoso.

Incluso existen palabras sagradas, que no se debían enunciar, como los nombres del Señor. Estaba prohibido “invocar el nombre de Dios en vano”. O, por el contrario, se asegura que, ciertas palabras, atraen sobre quien las pronuncia, los efectos deseados, sirviendo de llave al cumplimiento de sus peticiones. Esto último, está claramente conectado a los conjuros mágicos. Recordemos el Abracadabra, abridor de arcanos. Grabada esta palabra, en escala descendente, sobre un ónice, se colocaba sobre los enfermos, para bajarles la fiebre.

En el Hinduismo, los Hare Krishna, una corriente religiosa de moderna creación, y pretendida antigüedad, que ha trascendido las fronteras de la India, creen que, la pronunciación continuada del nombre del Señor Krishna, produce efectos benéficos sobre la persona que lo recita, contribuyendo decididamente a su salvación. La lógica de tal práctica es la siguiente: El nombre del Señor es parte de su mismo ser. Estando, tal nombre sagrado, omnipresente en nuestras mentes, nos encontramos acompañados por el Señor constantemente. En tal compañía, sólo se puede ascender a los reinos celestiales.

Estos nombres divinos, pueden estar incluidos en mantras, frases, letanías, advocaciones, sonidos o expresiones, a las que se atribuye un poder mágico. Es una práctica habitual, el pronunciarlos en situaciones difíciles, para atraernos su protección.

Esta técnica, seguida en la vida más prosaica, es usada, modernamente, en sicología, propaganda y mercadotecnia. La repetición constante de palabras, o consignas, hace que se fijen en la mente individual, influyendo en su pensamiento.

Dentro del Cristianismo, la repetición de letanías, jaculatorias u oraciones, también se invoca como medio de acercarse a Dios, hacerse perdonar pecados o acumular méritos, para alcanzar un objetivo. En el Islamismo, se confeccionan talismanes, con frases sacadas del Corán, portándolas al cuello, encerradas en pequeños estuches. Estas expresiones sagradas han de proteger al creyente, contra toda clase de contingencias, o malos deseos y maldiciones de sus enemigos. Su efectividad reside en el principio mágico de que el poder está encerrado en la palabra. Las jaculatorias, invocaciones a la divinidad, se repiten, desgranando las cuentas de una sarta de bolas, que ayuda a concentrar el pensamiento en el Ser Divino. Tales instrumentos contables son usados en numerosas religiones, desde la más remota antigüedad.

En las religiones antiguas se observaban numerosas disposiciones, en las que se enumeraban, de forma precisa, los precios a pagar por los distintos servicios de los sacerdotes. En el gran templo de Jerusalén, todos los perdones tenían un precio establecido. Ello es un remanente claro de la costumbre universal de los magos, de poner precio a sus ceremonias. Quien administra el uso de la magia a favor, o en detrimento, de otros, es el ‘dueño de la palabra’. En general, esto implica una unción. Que se suele obtener por herencia, transmisión o iniciación. La aplicación de fórmulas, casi siempre secretas, y el pretendido contacto del mago con los espíritus o fuerzas que invoca, son la base de su poder. Frecuentemente, los magos se refieren a sus artes como de origen ancestral. Pretendiendo derivarlas de los antiguos egipcios, mayas, iranios, celtas, o cualquier otro pueblo de la más remota antigüedad.

Recordemos el caso de Simón el Mago, en tiempos de los Apóstoles. Se dice de él, en los Evangelios, que ejercía la magia en Samaria, arrogándose la facultad de aplicar el poder de Dios. Consecuente con la práctica mercantilista de su oficio, ofreció dinero a los Apóstoles, si le conferían el poder de transmitir la gracia del Espíritu Santo. Se ve que el principio, predicado por Buda, cinco siglos A.C., de ‘actuar rectamente, sin esperar recompensa por ello’, no le era aún conocido. Aún cuando ya hubiese oído decir a los Apóstoles que, el interés de las buenas acciones, se cobra en el Cielo.

Cuando rezamos, aunque no sepamos con certeza si algún dios nos estará escuchando, al menos nos consolamos suponiéndolo. Lo que nos ayuda a mantener la fe. Nuestra fe nos apaga la angustia. Pues, nosotros, sí oímos nuestra plegaria. Puede que eso nos ayude a reunir el ánimo, tiempo e información que necesitamos, para llegar a conseguir nuestro deseo. Todo junto, puede lograr que actuemos con la fuerza de un pequeño dios privado, un numen, que nos lleve más allá de nuestros límites conocidos. Algunos milagros perceptibles podrían explicarse así.

En cuestiones mágicas y religiosas, siempre hay un interés por la tradición, por la vuelta atrás, por el conservadurismo. Pero todo conservadurismo, aunque no lo perciban así sus adeptos, es evolucionista, de forma selectiva. Pues, basan su constante doctrinal en algo cambiante, fluido, como son las ideas expresadas, las palabras.

Las organizaciones religiosas siempre han tendido a la acumulación de poderes.

Las más antiguas referencias, documentadas, que nos han llegado sobre magos - sacerdotes, quizá sean las concernientes a las religiones mágicas de Mesopotamia.

La derivación más clara fue la identificación del poder religioso con el temporal.

Era el poder de lo esotérico. La astronomía, la meteorología, la geología, la sicología, la química, se enseñaban sólo a personas escogidas, que debían jurar mantener sus conocimientos en secreto, bajo amenaza de muerte, por traición. Así se explica el que Moisés, por su educación entre sacerdotes cortesanos egipcios, conociera perfectamente las fechas de las inundaciones del Nilo. Mientras los soldados que lo persiguieron no habían sido informados de ello. Lo que condujo a su ahogamiento, bajo las aguas desbordadas del Nilo, no en el Mar Rojo. El secreto es el poder de los tiranos.

Si hacer política es pretender el gobierno de lo posible, hacer de la religión una forma de política, es presionar con el dominio de lo imposible.

El mundo de la realidad y el de la fantasía son complementarios y paralelos.

La ventaja de especular con entes intangibles, invisibles, remotos e incorpóreos, es que se puede dar rienda suelta a la imaginación. La fantasía lo transforma todo.

Dentro de los fines inmediatos que, habitualmente, busca la magia, destaca el de la transformación de unos elementos en otros. La paja en oro, las ranas verdes en príncipes azules, la indiferencia en amor, o el amor en odio. Se busca lo que convenga, en el momento deseado.

La magia en que se basaban las religiones antiguas, no ha dejado de estar presente en las raíces de las actuales, suministrándoles su savia, extraída de los temores eternos del ser humano, debido a su inseguridad existencial. El creyente ideal es el inseguro total, cuanto más ignorante y temeroso, mejor, más manejable es, por los expertos en lavados de cerebros.

La vuelta a la ortodoxia tradicionalista, protagonizada por el rebrote de los movimientos integristas, las reafirma como organizaciones de poder, cuya principal arma no sólo es el miedo a lo desconocido, sino la inmediatez añadida de amenazas con terribles castigos corporales. Tales como diversas mutilaciones, o la muerte por lapidación. Como aún es práctica habitual en algunas corrientes islámicas. Y lo fue en todos los países europeos de creencias cristianas. Sólo que los cristianos usaban el fuego, como paso previo a la eternidad. Una antesala del infierno prometido a los infieles. Las leyes con trasfondo religioso, suelen ser duras, inflexibles.

Los principios de dominio, siguen teniendo su base en el miedo, que puede derivar en terror. No olvidemos que, los períodos de rigor ideológico, coinciden con los de la búsqueda de enemigos. Cuando uno se crea en posesión de toda la verdad, no podrá admitir que otros impongan una verdad diferente. Las verdades absolutas son el mayor enemigo de la Humanidad, pues no admiten la duda. Son el freno de todo pensamiento disidente. La condena del razonamiento. La tumba de todo progreso.

Cuando esas verdades absolutas van cambiando con el tiempo, cabe la duda sobre la legitimidad de su clasificación como dogmas de fe. La creación, olvido, negación y recreación del limbo, el purgatorio o el infierno, a los que distintos papas han prestado, o retirado, su credibilidad real o simbólica, son cuestiones de poder. Posibilidades de poder, a ejercer sobre la mente de los creyentes y el control de sus vidas y bienes. A más horrores augurados, más dominio efectivo sobre la mente de los ingenuos. Si ha habido oscilaciones dudosas sobre la existencia real de los lugares de castigo, también cabría dudar, al menos doctrinalmente, sobre la realidad del paraíso prometido. Sin ambos extremos, la moral religiosa estaría falta de sustento. Sería una balanza defectuosa, a la que falta un brazo. Tendríamos que descender a la tierra, y basarnos en la moral natural, humana, terrenal. Que también existe, con independencia de las creencias en premios y castigos postergados a una vida futura, post-mortem.

En la magia africana, los hechiceros son aún referidos como los dueños o “señores de la palabra”. Es decir, son quienes, a través de la palabra, sirviéndose de ella, realizan el hechizo. Por ello, mantienen en secreto sus palabras mágicas. Creen que, el recitado de las salmodias mágicas, puede traspasar su poder, a la persona que conozca la invocación. Todos pretenden lo mismo: la posesión exclusiva de la verdad última.

La forma más habitual adoptada por los creyentes, en sus respectivas iglesias, es la de considerar a sacerdotes y oficiantes como seres especiales. Intermediarios entre el hombre normal y la divinidad, o fuerzas telúricas.

Para el devoto, los oficiantes no son simples mortales dedicados al culto religioso, como profesión escogida, sino seres que hablan en nombre de la divinidad.

Se les atribuyen poderes sobrenaturales, tales como perdonar los pecados, o expulsar demonios, pronunciando el “Vade retro” y abrir las puertas del cielo al creyente. ¡Qué maravilla!