Go to content Go to menu

Nombres Divinos

Wednesday, April 16, 2008

Como simple referencia, no olvidemos que, uno de los primeros nombres dados en la Biblia a Yahvé es el de El-Ohim, identidad divina preexistente en Babilonia, cuya traducción literal es: “Unión de fuerzas”, o “Unión de Espíritus”. Lo que evidencia la idea primitiva de que el poder excepcional de Yahvé residía en el hecho de estar constituido por una asociación de fuerzas complementarias.

Su nombre tiene mucho que ver con La Menorah, candelabro de siete brazos(o ramas) usado en el culto judaico y que ha llegado a convertirse en el símbolo del estado de Israel. Este candelabro singular, tiene su origen en la religión mágico-astral de Mesopotamia. Era representación de la unión de los siete dioses, correspondientes a cada uno de los planetas, conocidos en aquel tiempo, que daban su nombre a los días de la semana babilona.

El apelativo que, dicho candelabro, recibía entre los babilonios, era el de 2árbol de la luz”. El tronco que une estas siete ramas o luces, representando cada una a un poder planetario, era llamado El-Ohim, cuyo significado es ‘unión de fuerzas’, o “unión de espíritus”. Es decir, en el tronco del “árbol de la luz” se concentraban todas las fuerzas de sus siete ramas. Con el tiempo, tras la prolongada estancia de gran parte del pueblo hebreo en Babilonia, llegó a transformarse en el nombre y símbolo primitivo del Dios de los hebreos. Que se cita con este apelativo en los libros más antiguos de la Biblia. En el Génesis, se puede apreciar cómo Elohim habla de sí mismo en plural. Y, es que, el nombre, en sí, es un plural. El sufijo “-im” lo indica. Puesto que su concepto básico era el de “unión de poderes”, actuando bajo una sola personalidad.

Ese es el primer concepto de Dios que nos refleja la Biblia. En el comienzo era el caos.

La costumbre de referirse a un mismo personaje, con distintos nombres, para proteger, u ocultar, unos nombres con otros, no es actual. En la Biblia, se dan a Dios distintos nombres: Elohim, Yahvé, Él. No olvidemos que también se llamaba “El” a Baal, el dios creador de los fenicios. En el Corán, también Alá tiene muchos apelativos.

En las civilizaciones del Índico, esta costumbre se ha practicado desde que existe memoria. El uso, de poner varios patronímicos a los recién nacidos, viene justificado, no sólo por el deseo de mantener alguno de ellos oculto, el verdadero, el más poderoso, para que no pudiese ser maldecido, sino que es debido, por acumulación, a la suma de poderes mágicos, que emana de cada nombre, en singular. La agregación de estos poderes, sirve de protección añadida. A nadie, que no fuese de la más íntima familia, se le podían dar a conocer todos los apelativos del recién nacido. La justificación es básica: Para que un hechizo, o maldición, adquiera completa eficacia, se ha de conocer el nombre cabal del maldito y recitarlo junto al conjuro. Esto nos sigue recordando que ‘el poder reside en la palabra’. En el Libro Egipcio de los Muertos, dice el dios supremo: ‘Yo soy Atom, el gato divino de Heliópolis, que, con los poderes mágicos de todos mis nombres, he creado la bóveda celeste y la divina materia que la compone. No olvidemos el largo período, de siglos, que el pueblo hebreo hubo de vivir en Egipto.

Muchas de las ideas básicas, sobre el mundo de ultratumba, vertidas en la Biblia, coinciden, en un muy alto porcentaje, con las aceptadas en el sistema religioso egipcio de la época.

Ninguna religión nació completa y terminada. Todas han ido construyendo su edificio con una parte de materiales prestados por sus vecinos. Se pulen los más preciados, conservándolos y luciéndolos como gemas. Otros, con el tiempo, se desechan, quedando enterrados, ocultos en los cimientos del conglomerado ideológico.

No hay región en el mundo, habitada desde la antigüedad, donde no encontremos una montaña sagrada. En tiempos pretéritos, al parecer, los dioses de la época preferían tomar contacto con sus profetas en las cumbres montañosas. Cuanto más elevadas, mejor. Sitios aislados, poco habitados, tranquilos. Apropiados para la meditación trascendental, el retiro y la escritura, se deduce.

En toda Asia, es notable el número de montañas sagradas que, conforme evolucionan las religiones del entorno, mantienen su carácter sagrado, cambiando paulatinamente sólo el nombre de los dioses, que en ellas se manifiestan, o las habitan, como inquilinos sucesivos de una misma residencia. Igualmente, en África y América, los dioses creadores suelen morar en las montañas más altas e inaccesibles. A sus alturas pueden acceder sólo los chamanes, brujos o sacerdotes. Es terreno vedado a los habitantes de las tribus cercanas, especialmente a las mujeres.

Las montañas impresionantes, las mayores, las más escarpadas, las de formas más impactantes, eran el lugar de morada preferido por los dioses. Recordemos a Moisés, en el Monte Horeb o Sinaí, cuando, ante la zarza ardiendo sin quemarse, Dios le ordena que se quite el calzado, porque la tierra que pisa es santa. En casi todas las religiones antiguas, se nota el carácter sagrado que se atribuía a los montes elevados. Para el sacrificio de Isaac, Abraham también escogió la cima de un monte.

Aún sin referencia expresa, las apariciones divinas tienen lugar en la cumbre de las montañas, con gran frecuencia. Así, los profetas antiguos se retiraban a orar a los montes, para estar más cerca de Dios.

Dentro de las religiones que han dejado testimonio escrito de sus creencias, podemos observar, claramente, cómo la evolución siempre ha sido, desde unos ritos más ligados a la Naturaleza, hacia creencias más espirituales, que han ido sumiendo en el olvido su origen y vinculación. Cosa de lo más natural. Si el hombre se intelectualiza, ¿Por qué no los dioses?

El poema más antiguo, de entre los conocidos en la civilización occidental, que canta la epopeya de la Creación, fue redactado en Babilonia, varios siglos antes de comenzar a escribirse la Biblia. El relato, llamado Enuma Elish, es de singular belleza: En él se describe la separación, por el Dios Creador, de las aguas primitivas. Dividiéndolas en aguas de arriba y aguas de abajo, a partir del caos primigenio. Y la posterior Creación del Mundo. En el Génesis, se comienza diciendo que el espíritu de Dios se movía sobre las aguas, en una tierra informe y vacía, entre tinieblas. Después, Dios separó las aguas del firmamento, de las que estaban sobre el firmamento. Coincidencia o absorción, no importa, ambos relatos son igual de bellos y poéticos.

Y, a partir del poema de Guilgamesh, antecedente babilonio del relato bíblico sobre el Paraíso, encontramos también un cierto antecedente del mito de Adán y su caída, a través del pecado, en el relato mesopotámico de Adapa, el primer humano. Habiendo éste desobedecido al dios Aun, su creador, fue perdonado, pero cometió el error de no beber el licor de la vida que el dios le ofreció, en señal de reconciliación. Para su desgracia, la pérfida serpiente, aprovechó un momento de distracción para robárselo. Desde entonces, son los hombres, descendientes de Adapa, mortales.

No es nada raro que, la narración bíblica, haya tenido como antecedentes estos poemas babilonios, dadas las concordancias y el constante contacto, por su proximidad y convivencia, entre ambas culturas. Mientras, las serpientes, siguen renovando su piel todas las primaveras. ¿Será que resucitan?

A veces, las piedras que, en épocas anteriores, tuvieron un significado religioso, pierden su sacralidad, para convertirse en símbolos de un pueblo. Podemos contar entre ellas el Lorelei, en el Valle del Rin, Stonehenge, al sur de Inglaterra, o el Roque Bentayga, en las cumbres de Gran Canaria. La sacralidad de un objeto no tiene por qué estar asociada con la santidad. Es, más bien, una propiedad de lo sobrenatural. A la que no hace falta añadir valores morales.

Moisés, a quien se puede considerar el padre de la religión judaica, vivió hace poco más de tres mil años. Quizá entre el 1300 - 1220 antes de Cristo, siendo faraón Ramsés II. Si los fastos del culto judaico tienen claras raíces egipcias, muchos de sus conceptos y preceptos anteriores, son de indudable ascendencia babilonia. Ya, quinientos años antes de Moisés, habían sido plasmadas leyes semejantes a las mosaicas, por el rey - sacerdote - semidiós Hammurabi, quien, según tradición, las recibió directamente del dios Samas, rey del cielo, personificado en el Sol. El Código de Hammurabi, escrito sobre piedra, aún se conserva en el Museo del Louvre.

Los templos de Amon-Ra, dios del Sol, eran espléndidos, con todos sus enseres de culto revestidos de oro. El recuerdo de tales templos, se ve vivo en la descripción dada por Moisés para el Templo del Señor. Lo que sí está claro es que, hubo un antes y un después, en la concepción del lugar de culto. Lo que, antes del Éxodo, debía ser un lugar pobre, sencillo, un simple montón de piedras sin labrar, lo más cercano a la Naturaleza posible, se transforma en un conjunto palaciego rutilante, tras la iniciación del Éxodo, bajo el peso y la influencia del oro tomado al pueblo egipcio

Los primeros reyes de Israel, fueron, a su vez, sacerdotes. Al estilo de la época. Los monarcas asumían las funciones sacerdotales, en todos los pueblos circundantes. En el caso de Israel, los reyes no fueron, en muchos casos, precisamente grandes ejemplos devotos para su pueblo. Según algunos escritos religiosos de la época, el primer gran contraventor de la Ley Mosaica, aparte del mismo Moisés, fue Salomón. Al construir el Templo que lleva su nombre, conculcó todas las reglas, dadas primitivamente en la Biblia.

El templo resultó ser lo contrario de lo prescrito a Moisés, por primera vez, en el Sinaí: ‘No os haréis dioses de plata, ni de oro. No subirás por gradas a mi altar. Mi altar será de tierra, o de piedras sin labrar. Claro que, posteriormente, según la versión rabínico farisaica de la Biblia, rechazada por Samaritanos, Esenios, y otras corrientes judías, Moisés recibió de Dios instrucciones minuciosas, sobre su nuevo diseño de altar y templo. Con indicaciones precisas de medidas, materiales, metales a emplear, cantidades de oro y plata que habían de usarse, maderas preciosas, bronce, piedras finas, sofisticados perfumes, etc. Del altar de doce piedras sin labrar, se pasó a construir un templo palaciego, adosado a la residencia real, con toda clase de lujos y multitud de sacerdotes. Todo parecía conducente a resaltar el esplendor de los monarcas.

Entre las indicaciones del Éxodo, para la construcción del Templo, se habla del fuego del sacrificio, en el atrio del Templo, donde, mañana y tarde, se efectuaban sacrificios de corderos, además de las víctimas donadas por los creyentes.

Claramente, el culto giraba alrededor del fuego y del oráculo divino en que se había convertido el Arca de la Alianza. Pareciendo inspirado en las ceremonias zoroástricas y parsis de Mesopotamia. El templo en sí, con columnas revestidas de oro y plata, puede haber tenido la misma disposición que los templos egipcios de Amon-Ra, atendidos por cientos de poderosos funcionarios sacerdotales. ¿Alguien conoce ejemplos similares?

Los movimientos políticos, cuando comienzan a dogmatizar sobre sus principios, considerándolos inmutables, irrenunciables, están intentando entrar en terreno religioso. Eso suele llevar a confusión y conflicto.

Pues, la sucesiva reinterpretación acumulada de sus mensajes, es lo que ha ido creando un cuerpo dogmático diferenciado. En la práctica, el socialismo, el comunismo, el populismo, o la democracia parlamentaria actual, en su conjunto, no son el producto de una sola mente privilegiada, sino la obra acumulada de una sucesión de continuadores. Una construcción viva, en evolución constante. Igual ocurre en las organizaciones religiosas. Actualmente, las enseñanzas y dogmas de algunas organizaciones de origen cristiano, son irreconciliables con los aceptados por la misma organización en otros tiempos, o en otras ramas del mismo tronco. El fenómeno se repite en las numerosas variantes coránicas.

Desde un punto de vista exterior a cualquier dogma, no podemos considerar, sin más, como inspirados, directamente por Dios, todos y cada uno de los numerosos textos venerables que, como tal, se nos presenten. Ya que su origen, evolución y desarrollo han desembocado en teorías de muy diversa conjugación. No es el fin buscado, lo que cuenta, sino el encontrado. Deja de ser la obra de una mente única y privilegiada. Suponerlo así, implicaría adjudicar demasiadas dudas, contradicciones, vaivenes y errores a un cerebro zigzagueante. Lo que no lo colocaría a la altura de algo admirable. Es la unión de mentes lo que nos permite escoger. Nos quedamos dentro o fuera de un grupo seleccionado, pero, inmediatamente, pasamos a formar parte de otro. No hay exclusión, sino trasvase de convicciones. Quien se permite dictaminar sobre lo que es o no es verdad, en cuestiones de convicciones y creencias, se está adjudicando una superior legitimidad, para juzgar la autenticidad de nuestro criterio. Donde se impone la autoridad por razones de jerarquía. Los cismas son saludables, evitan el triunfo del pensamiento único, conservado, clonado y congelado en sí mismo. Viviríamos, si no, en la artificiosidad de un constante pasado presente.

No tienen para nada en cuenta, estos grupos, que, una cosa es el Dios Creador en sí, y otras las incontables religiones, organizaciones y comunidades que dicen servirlo y representarlo, de distintas formas. ¿Todo es Uno, o Todo en Uno? ¿Todo es Dios, o todo en Dios? ¿Panteísmo o Panenteísmo? ¿Necesita Dios portavoces, defensores y administradores? Creo que se debe bastar a sí mismo. Si es que continúa activo. O, más bien, Dios está en nosotros, sin sujetarse a normas ni dogmas, ritos o ceremonias. Todo lo accesorio, lo prescindible, es obra humana. Dios es un sentimiento, que el Hombre necesita tener, para sentirse protegido. Admitiéndolo como la última explicación de lo inexplicable.

Lo más probable es que fuesen sucesivos descubrimientos inconexos y deducciones individuales, los que formaron un núcleo de creencias asistemático, que luego fue conformando la sucesión de teorías, origen de los primeros sistemas mágico - religiosos, con el desarrollo del pensamiento organizado El monoteísmo no fue adoptado , en los tiempos bíblicos, entre los judíos, más que de una forma paulatina. Si bien se puede hablar de monolatría, es decir de adoración de un solo dios, el propio, no se dudaba de la existencia de distintos dioses, pertenecientes a otros pueblos. Aunque, al no ser dioses de la etnia, se los clasificase, a veces, como manifestaciones del Mal. Claro que el origen de esta clasificación no carecía de lógica: Si los pueblos vecinos eran enemigos, sus dioses no podían ser buenos, ni amigos.

Cuando Dios habla a Jacob, le dice: “Soy tu Dios, el Dios de Betel.” Es decir, necesita singularizarse, identificarse, para evitar la posible confusión con otros dioses contemporáneos

Parece como si las ideas dinásticas hubiesen calado hondo en el Caribe. El Presidente Chávez se sucede a sí mismo, y Fidel Castro traspasa el mando a su hermano. Castro, al parecer, prefiere fundar una dinastía familiar. Ya veremos cómo continúa la saga.

Estos hombres, que, en su día, fueron revolucionarios, ahora, en la senectud, se transforman en involucionarios. Conservadores de lo malo, más que de lo bueno.

Todo gobierno, que se sucede a sí mismo, debería aportar novedades. Si se limita a repetir la función, el pueblo puede aburrirse pronto. Se cree en los milagros una vez. Repetidos, se convierten en un número circense.

Las dictaduras están basadas en el miedo al dictador y sus disposiciones. Una dictadura de la gerontocracia es muy posible que no tenga larga vida. Su peor enemigo es la propia naturaleza. No necesitan buscarlo en las playas de Miami.

Una cosa demuestran, claramente, los actuales gobernantes cubanos: que prescinden, totalmente, de la voluntad y bienestar del pueblo al que pretenden gobernar. Se justifican, concentrándose en ideologías demostradamente ineficaces para proporcionar felicidad a los pueblos. Sólo convenientes para crear fábricas de esclavos desmotivados e ineficaces. Esas ideologías, productoras de mentes clonadas, sólo son convenientes para las cúpulas del régimen.

Lo del gobierno, por y para el pueblo, es pasado, si es que alguna vez existió. La realidad actual, la marca un gobierno fuertemente jerarquizado, donde la aristocracia gobernante coincide con la cúpula del partido. Y todo ello basado en una desmesura de burócratas, funcionarios, militares y policías. Todos espían a todos. Mientras, el pueblo se convierte en plebe, sin voz ni voto. Sólo con mucha capacidad de aguante. Y una enorme fantasía para poder sobrevivir de la picaresca.

Nunca comprendí, como ejemplo cívico, la supuesta heroicidad de un médico, dedicado a matar, para salvar a los pobres campesinos. ¿No podría haberlos salvado de sus males, curándolos y aconsejándolos?

Si todos los héroes míticos tuviesen esa base ideológica, podríamos borrarlos de la lista de bienhechores de la Humanidad. No quedarían mal colocados en la de aventureros y guerrilleros. Quien no evoluciona, se queda antiguo, fuera de su tiempo, fabricando dinastías al estilo visigodo.

Encendiendo nuestra fe, se nos apaga la angustia vital, pero, para ello, se hace necesario disolver, antes, los gobiernos dictatoriales del mundo. La libertad intelectual es la mayor fuerza creadora del mundo.

Últimamente, despiertan expectación internacional los intentos recientes de retomar las buenas relaciones entre el Gobierno cubano y el Estado Vaticano. Siempre ha sido una especialidad de la curia vaticana el tener buenas relaciones con dictadores, parece como si hubiese, entre ellos, un sentimiento identitario, que los acerca.

Quienes esperen ver una masiva reconversión al Catolicismo en la isla de Cuba, pueden esperar sentados. Los cubanos carecen de muchas cosas, pero no de creencias. Cuba ya fue católica durante quinientos años. Pero, siempre, de una forma muy especial. Durante todo este tiempo, el Animismo, llegado de África y Oriente, ha estado omnipresente. La santería cubana proporciona color a las ceremonias pseudo-mágicas africanas, que se mezclan con santos y ritos católicos. Aunque esto represente sólo el exterior de las mismas. Más que nada, los nombres y ritos cristianos sirvieron de ocultación a orichás africanos. Durante el período colonial, los negros esclavizados y, posteriormente, los orientales, fueron autorizados a formar cofradías religiosas. Siempre que estuviesen bajo la advocación de un santo católico. Esto constituyó la única oportunidad de reunirse con sus compañeros de cautiverio, sin despertar las sospechas de sus señores blancos. Así, lo que, en principio, estuvo permitido, para fomentar la fe cristiana, entre los esclavos, derivó en la conservación de sus creencias animistas. Los espíritus africanos cambiaron de nombre externamente. Pero eso fue casi todo. Se pusieron figuras de santos católicos en los lugares de culto y a ellos iban, externamente, dirigidos los ritos y oraciones. Pero los esclavos sabían íntimamente, que, tras la estampa del santo, se escondía la energía venerada en África por sus ancestros. Y eso sigue así.

Creencias no faltan, faltan libertades.

Creer, pensar, razonar, son acciones interrelacionadas, e intercambiables. Quien cree, generalmente, no razona. La lógica es, casi siempre, incompatible con las creencias. Cuando no se razona, el pensamiento se deriva hacia la creencia.

La enseñanza razonada no puede estar basada en creencias, del tipo que sean. La mezcla indiscriminada de razones y creencias, conduce al caos. Creer, sin razonar, es la base de los mayores errores. A la luz se llega razonando, no sumiéndose en una irracionalidad esclavizante.

Si se puede saber, ¿por qué se ha de suponer?

Animismo y Panteísmo están entre los sistemas de creencias menos razonados y razonables. Pertenecen al primitivismo más evidente, latente y persistente en la raza humana. ¿Cómo es posible que sigamos creyendo en espíritus que corren por los montes y bosques, alojándose en las cuevas más oscuras, o migrando de una persona a otra?

Incluso, hay quienes creen que, entre animales, también pueden existir los efectos del más dañino animismo. Entre campesinos, aún se oye contar, a venerables ancianos, casos que dicen haber conocido de personas, o animales, que fueron víctimas del mal de ojo. Una maldición formulada por alguna persona malintencionada. De las que afirman tener “poderes”, lo que quiera que eso sea. A los perjudicados, no se les ocurre pensar que pudieran haber sido víctimas de alguna substancia más natural, más habitual, y menos espiritual que una simple maldición. Sin embargo, la gente de pensamiento plano, o nulo razonamiento, tienden a creer en este tipo de maldiciones.

De hecho, en todos los continentes encontramos personas, incluso organizaciones, especializadas en la fabricación y, sobre todo, venta, de remedios contra el mal de ojo, los malos espíritus y las maldiciones de personas que nos quieran mal.

Quizá, el primer antídoto eficiente podría ser el hacernos querer, procurar no hacer daño a nadie, con lo que nos ahorraríamos unas cuantas miradas torcidas y maldiciones, a nosotros dirigidas. El mal lo lleva, cada uno, en su cerebro. Quien sea maligno, no va a recibir cariño. Hace poco, oía a un político, que pretende dirigir una nación, hablar de su “corbata de la suerte”. Se la pone, como talismán, para sus comparecencias difíciles. En fin, hay quien, todavía, cree en cosas así. Si pretende tener suerte, confío en que disponga de algunos remedios más que la corbata. Aún cuando la autosugestión también obre milagros.

A través del mundo, cuando el humano ve que la situación escapa a su control lógico, empieza a pensar que necesita ayuda exterior. Más poderosa que la de sus iguales en saber y poder. Es entonces cuando acude a magos, brujos, sacerdotes, seres divinos y poderes celestiales, o infernales, para que medien en su favor. Restos de estas creencias en medios externos a nosotros, son evidentes, en cuanto se investiga el por qué de algunas costumbres tradicionales. Aún hoy día, las culturas amerindias aportan una gran parte de sus creencias animistas a las modernas religiones espiritistas de América. A su vez, se ha de indicar que, algunos rasgos culturales de la civilización Olmeca, en México, tienen conexión evidente con antecedentes chinos de la dinastía Tchu. Lo que puede ser un indicador más de la migración y pervivencia de las ideas, unidas a los hombres. La mente humana, en sus estadios más primitivos, no puede concentrarse más que en cosas que le atañen, directa e inmediatamente. Ello llevó a esa identidad de criterios que encontramos en todos los pueblos que comparten ideas tradicionales. En las culturas animistas actuales, como las del Pacífico insular, se dice de una figura religiosa que está “viva”, si se cree que el espíritu del dios, al que representa, habita en ella. Si se piensa que el ánima abandonó la figura, oque nunca la habitó, entonces se dice que está “muerta”. Como las corbatas que no dan “suerte”.

Quienes buscan realizar su vida, a través de la muerte de otros, han equivocado el camino y la meta. La vida se alienta con más vida, no con destrucción y venganzas.

La fanatización de occidente, no puede ser la respuesta a los actuales fanatismos orientales. En esta lucha por la primacía, que mantienen los clanes religiosos, deberían primar los intereses laicos de la inmensa mayoría de la población mundial. Las cabezas de las distintas corrientes de creencias, no deberían involucrar a todo el mundo en sus rencillas, sobre la primacía de una u otra teoría teológica.

Arrastrando a sus seguidores en sus luchas de poder, a través de las creencias, no sirven a sus dioses, sino a sí mismos. Avaricia, hipocresía y soberbia, son los tres grandes pecados de quienes se creen mejores, aplicándose, con ventaja, su propia baremación amañada. No deberíamos estar inmersos en una guerra de creencias particularizadas, sino en la inserción pacífica de la primacía de la razón universal, en la civilización actual. El poder concentrado en manos religiosas, siempre tiende a lo absoluto. El rival queda reconvertido en enemigo.

Las conciencias no se conmueven por los mismos motivos, en una u otra religión. En los sistemas de creencias asiáticos se da poca, o ninguna, importancia al arrepentimiento. Pues su expresión no modifica el hecho originario. Toda actuación pone en marcha sus consecuencias. Desde su realización. De forma irreversible. No cabe arrepentirse de lo actuado. Da igual que se cause personalmente un accidente por ir a una velocidad inadecuada, o que el suceso se haya originado por la imprudencia culposa de contratar medios de transporte impropios, para personas que no pueden eludir su uso.

Como en el caso del Yak 52. La responsabilidad está en el inicio de la acción, no en su desenlace. Nadie deseaba la muerte de los accidentados, pero el siniestro no habría ocurrido, si se hubiesen respetado las leyes de la prudencia. Ahora, nada puede volver a su origen. El agua que salía ayer de una fuente, no es la misma que sale ahora. El mal se esconde en el proyecto original, no en la obra finalizada. El arrepentimiento no influye en el pasado. Aunque el propósito de enmienda pueda orientar acciones futuras, la responsabilidad del pasado subsiste. La justicia solicitada por los perjudicados, puede sonarles a venganza a los causantes. Realmente, pocas veces hay diferencia entre una y otra. Sólo el punto desde donde se mire, difiere.

El “ojo por ojo y diente por diente” ya era ley en Mesopotamia, el actual Irak, mil años antes de Moisés. Y, entre los musulmanes, el Corán incluso perdona la venganza, promoviéndola.”Dios auxilia a quien castiga, del mismo modo que fue castigado, si luego es oprimido. Dios es absolvente, indulgente”.

El derecho consuetudinario de los pueblos, tiene sus raíces en los posos restantes de las distintas religiones que tuvieron asiento en su territorio. Las costumbres de la comunidad actual, guardan las huellas de su pasado. Por tanto, influyen en las leyes. No entienden de igual forma los derechos del individuo quienes hayan sido educados en distintos credos. Una vez se implante una corriente religiosa cualquiera, en una sociedad, su ética impregna todas las instituciones. Las leyes, las costumbres, las enseñanzas, la sociedad, en suma, cambian cuando se alteran las creencias. No es lo mismo vivir en una sociedad libre, de ciudadanos racionales, sin dogmas ni obediencias ciegas, que hacerlo en una dominada por creencias irracionales y doctrinas integristas. Con la estructura piramidal y aristocrática de la obediencia debida. En una sociedad así, sólo puede dominar la hipocresía institucionalizada. Deseemos el reinado de la razón. El fanatismo es como una enfermedad contagiosa; inficiona todo lo que encuentra a su paso.

La imbricación de poderes y la confusión de las fronteras entre lo divino y lo humano, indica que estos límites no siempre han estado bien definidos.

El mismo Moisés, fue una mezcla de sacerdote, legislador, general, profeta, mago y conductor político, muy de su época. Actor y director de escena, asumía el papel adecuado en cada momento. Los jerarcas religiosos, de cualquier confesión, tratan de perpetuar esta mezcla. Juegan con ventaja. Porque, esa múltiple condición, les otorga potestades, de las que ninguna otra autoridad goza. Es como si un ciudadano corriente se dedicara a jugarse sus ahorros con tahúres; perdería siempre.

Llevan milenios jugando este doble juego, del que sólo pueden obtener prerrogativas.
Los emperadores europeos, eran ungidos y coronados por el Papa, comprometiéndose con ello a la defensa de la Iglesia Romana. Recordemos el Sacro Imperio Romano-Germánico. Al tiempo, tal ceremonia de coronación era como un signo externo de sumisión al poder papal. Hasta que llegó Napoleón y se coronó él solito.

En la actualidad, en España, la concesión y sucesión de títulos de nobleza, conserva un trámite en el que emiten su informe, de buen cristiano, las autoridades eclesiales de la diócesis donde resida el futuro titulable. Se ha de tener en cuenta que los nobles, la aristocracia, eran descendientes de los ‘defensores de la Cristiandad.’ Aguerridos cruzados, que habían de mostrar su arrojo en defensa de la fe, matando moros, como principal ocupación. Siguiendo el ejemplo de Santiago Matamoros. Las ceremonias permitían mostrar que los monarcas ejercían su poder como un don de Dios, con lo que, desobedecer al rey, podía convertirse en la no - aceptación de las leyes divinas. En la actualidad, en países de fe musulmana, al coincidir las leyes religiosas con las civiles, o bien estar fuertemente ligadas ambas, existe una cierta superposición de poderes, sobre todo en los casos de monarquías. ¿Qué exceso de mezcla de poderes podemos achacar a las monarquías musulmanas, que no hayan sido de uso corriente entre monarcas cristianos, en tiempos pasados? En la actualidad, los reyes cristianos de Inglaterra, Suecia, Noruega, Holanda, son, conjuntamente, reyes y superiores de sus respectivas iglesias nacionales.

Resulta curioso constatar que, quienes tanto hablan del derecho a la vida, tengan un Estado, único en la Europa occidental, en el que puede ser legal aplicar la pena de muerte. Porque nunca fue abolida en su territorio. ¿Es eso un olvido de los tiempos? ¿La asunción de un poder divino? ¿O una muestra más de hipocresía? ¿Cómo, y por qué, pretenden monopolizar el derecho a disolver matrimonios? ¿No esconde eso una injustificable pretensión de derechos exclusivos? Habiéndose publicado tantos, y tan jugosos, reportajes sobre extrañas tramitaciones de separación, la credibilidad queda bastante afectada.

¿Se habrá pronunciado alguna vez la sentencia que reza “quien se ensalza, será humillado”? ¿O es sólo una medicina para uso externo?

Hay personajes que marcan su época. Uno de ellos, destacado, fue Pío XII, Príncipe Eugenio Pacelli, en su vida secular. Haciendo gala de las habilidades y virtudes heredadas de sus maquiavélicos ascendientes renacentistas, acumuló especial mérito negociador, atesorando jugosos pactos con todos los dictadores de la época. Pasando por Franco, Salazar, Hitler, Mussolini, Trujillo, Chang-Kai-Chek, los reyes de Tailandia y una serie interminable de generales autoritarios sudamericanos, reconvertidos en dictadores cristianos. Logró unir el Cielo con la Tierra, una fusión perfecta de Averno y Gloria. “do ut des”. Los Concordatos tenían, y tienen, un precio.

¡Bendita sea Internet! Mientras más independiente es la red, más se la usa. Y, cuanto más autónomo sea el individuo, más útil la encuentra. En la actualidad, no habría libertad cultural posible, si no hubiese una Internet libre.

La cultura está basada en la libertad del pensamiento autónomo. Los autómatas no inventan o innovan, sólo copian el modelo que se les da. Internet multiplica, exponencialmente, la difusión de las nuevas ideas, y el conocimiento de las clásicas. Así que, lo primero que produce la red es la aceleración del flujo de ideas. El aislamiento cultural deja de existir, si no es voluntario, o forzado. Sólo los movimientos religiosos dogmáticos y los gobiernos dictatoriales, pueden ver un peligro en la libertad de ideas.
Porque eso significaría la extinción del aislamiento cultural. Y, tanto los dogmáticos como los dictatoriales, necesitan, para triunfar en sus fines, el aislamiento intelectual de sus fieles, para poder adoctrinarlos más profundamente. Pues, con las técnicas actuales, cualquiera podría ilustrarse, libremente, desde su casa. No hace falta salir al Ágora, a oír al filósofo de turno. Ellos vienen a la tuya; todos los que quieras. Con conocimientos, siempre ampliados, la luz del saber ilumina las mentes. Con lo que la razón brillará sobre la Humanidad. Al final, la razón se impone sobre el atavismo.

Realmente, los dirigentes doctrinales que viven de la exclusividad de sus comunicaciones con el Cielo, van a tener que evolucionar algo más rápido, porque el resto de la sociedad los sobrepasa. Se están quedando relegados, por su propia falta de impulso. Vivimos tiempos en los que la verdad brota en los campos de la ciencia, no manando ya de fábulas ingeniosas. Quien pretenda estar más cerca de la verdad, que investigue, y deje investigar. La libertad, la autonomía de pensamiento, es primordial en todo progreso humano. El hombre se completa como ser humano, cuando sus pasos están guiados por la razón. En fin, con la cantidad de miles de años que ha necesitado la raza humana para crear las bases de las ciencias actuales, hasta llegar a los enormes avances de los últimos años, en biología, genética, bioquímica, antropología y otras ciencias afines, nos quedamos boquiabiertos ante la audaz “clarividencia” de los creacionistas religiosos, correligionarios del Sr. Bush, que admiten como fuente de inspiración sólo los textos bíblicos. Oponiéndose ardientemente a los evolucionistas científicos, que basan sus conocimientos en el continuo estudio e investigación.

El fanatismo es como una enfermedad contagiosa. Inficiona todo lo que encuentra a su paso. La tendencia del Sr. Bush y sus consejeros a pretender sacar todas las directrices de estrategia guerrera de sus inspiraciones bíblicas, no ha servido más que para aumentar el número de sus enemigos. La expansión constante de los frentes, entre los pueblos señalados en la Biblia como enemigos del pueblo escogido, arruina a medio mundo y encadena el futuro, de una gran parte de la Humanidad, a la destrucción y ruina de sus países. El Oriente Medio está fanatizado por completo. Asia, y una parte de Europa, han quedado ya infectadas con este virus del fanatismo y en África ha derivado en la vuelta a las guerras tribales atávicas. Prescindir de la razón, para regresar a los campos de lucha históricos, en los que siempre se combatió por o contra alguna creencia, es la peor orientación que pueda dársele al presente. Las luchas entre creencias siempre son a muerte. Quienes las dirigen, en la distancia, siguen viviendo en sus palacios, blancos y dorados. Sin riesgos ni amenazas. Pretendiendo quedar para la historia como los buscadores de la paz. La sinrazón fanática, sólo puede crear más fanatismo y sinrazón.

La amenaza a la convivencia humana, no viene de ninguna religión en particular, sino de los fanáticos en general. Sean de la creencia que fueren. Hay fanáticos de cualquier creencia. En el fanatismo está el peligro, no en la creencia. Mal iría España, si la política exterior se hiciese según las conveniencias de Washington, y la interior se susurrara, desde Roma, en los confesionarios, cuando no se trate de forzar con manifestaciones ruidosas y emisoras trasgresoras.

Cualquier principio religioso, tiene implicaciones sociales. Y, al revés; las reglas sociales suelen tener justificaciones religiosas. En las comunidades primitivas, la imbricación de ambos principios, hace que los conceptos se confundan. Formando la vida religiosa y la social un núcleo inseparable. Si los condicionantes sociales forman parte del individuo, los religiosos son la esencia misma de lo que condiciona su espíritu. Así, cuando unos y otros se enmarañan, como sucede en toda sociedad ancestral, al ser humano le queda muy poco espacio para maniobrar su libertad. La petrificación social se produce, por generación espontánea.

Todo camino fija la meta. El hombre es su propio artífice. En él se hallan el origen y la causa. Todo su ser está, al tiempo, condicionado, y es condicionante. Cada cual se realiza, llevando a la práctica sus tendencias naturales. El individuo, en libertad, consigue la felicidad, ejerciendo la armonía de su propia naturaleza. Los conceptos de Bien y Mal, son siempre relativos. Lo que puede ser bueno para unos, en un momento dado, podría ser malo para otros, en ese o diferentes instantes.

La identificación armoniosa del individuo, consigo mismo y con el Universo, es lo que le confiere pureza, libertad y felicidad. Es la comprensión lo que conduce a la libertad. Para ser libre, se han de haber comprendido las verdades fundamentales de nuestra existencia, llegando a la iluminación temporal y, por ésta, a la liberación vital. Nada se alcanza soñando, sino realizando los sueños, en plena consciencia.

La libertad individual, a la que aspira el humano, no es nada irregular o infrecuente. Para encontrar personas felices, se han de buscar entre aquellas que se consideren libres. La libertad es la puerta. Puede decirse que esto es la regla, más que la excepción. Para que el individuo con buenas intenciones, se mueva en libertad, dentro de sus creencias personales, ha de disipar la rigidez del dogma. Los misterios asumidos como tales, no se aclaran solos. Se ha de buscar el reto de la revelación trabajada. Cada uno por sí.

Si bien el hombre primitivo, acosado por las necesidades y condiciones extremas de su vida diaria, no debió tener mucho tiempo libre para filosofar, pues su problema cotidiano acuciante a resolver era, cómo llegar vivo al día siguiente, lo patente es que, con el tiempo, las condiciones de vida de cada pueblo, determinaron también la naturaleza de sus creencias y dioses. En nuestro siglo, también están cambiando las cosas, de forma acelerada. La lluvia de conocimientos que nos alcanzan cada día, es más copiosa que la que pudo llegar a cualquier humano durante toda su vida, en otros tiempos. Nuestra mente no permanece inerte. Queramos o no, la voluntad no cuenta. La lluvia sigue empapándonos.