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Soberbia Avara

Thursday, February 25, 2010

La ignorancia, el odio y el egoísmo, son las raíces de casi todos los males que nos afectan. Y no hay mayor generador de odios que el pretender ignorar la legitimidad de otras creencias. Quien pretenda estar en posesión de la única verdad, es el más equivocado. Sólo que su egoísmo y autocomplacencia le impiden ver. No en vano, la soberbia fue el primer pecado considerado en la Biblia, y sigue siéndolo entre quienes se creen elegidos.

Desde el momento en que se destroza el equilibrio, muere la democracia. No se puede pretender ser demócrata y dominador, simultáneamente. Quien ensaye conjugar ambos vocablos, de forma simultánea, isócrona, o miente, o se engaña intencionadamente. En todo caso, es un farsante, que se sirve de la democracia como pedestal, para levantarse sobre ella, pisándola. Quien lo pretende todo, no puede ser justo.

Avaricia y soberbia, cuando trabajan juntas, unidas en la misma persona, se justifican mutuamente; aún más cuando se basan en oportunas creencias religiosas. Con ellas, el autor de las tropelías, se siente justificado. Quiere ser más rico, más grande, más poderoso, más respetado para, según dice, poder así ensalzar mejor a su Dios.

Los políticos con ínfulas de Abraham, dispuestos para sacrificar a sus primogénitos, para hacer méritos ante su Dios implacable, deberían ser retirados del poder. Viven fuera del mundo y de su tiempo; flotan entre las páginas de relatos legendarios, que les proporcionan ejemplos rancios. Los objetivos actuales son distintos: Buscar la felicidad terrenal del mayor número de personas posible. No la satisfacción de una divinidad, utópica y exigente, que se recrea en el sacrificio y sufrimiento de sus adoradores. Vivimos en un mundo donde se considera importante la felicidad de los humanos, pasando a un segundo plano la dicha de los seres celestes. Ellos ya están en la Gloria.

Cree quien quiere creer. Quien busca la fe, es que ya la ha encontrado. Nada se crea, si no hay una semilla previa. La duda es, como la semilla, creativa. La certeza es petrificante. No tiene evolución. Sembrar dudas de forma creativa, para mejorar lo existente, no busca la destrucción de lo creado, sino la evolución y mejora de lo que merece evolucionar hacia algo mejor. Si nuestro único sentimiento, hacia lo ya existente, fuese de respeto conservador, la evolución de todo lo creado estría por venir.

Cualquier cosa creada, puede evolucionar hacia algo mejor. O, al menos, podríamos intentarlo. Si no fuese así, estaríamos al principio de la Creación. Es indudable que la evolución, además de estar basada en hechos y condiciones preexistentes, va siendo ayudada en su marcha por los mismos seres evolucionados, que han aprendido a cambiar sus condiciones de vida y cambiarse ellos mismos. Lo que puede cambiar, evoluciona, hacia algo, mejor o peor, pero distinto. Nada es eterno, en el sentido absoluto de la palabra. Y, si algo hubiere que lo fuese, no estaríamos aquí los humanos para contarlo. Seríamos algo diferente.