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Creación y Creencias

Wednesday, January 27, 2010

Los fanáticos, de cualquier creencia, son la negación de la vida. Actúan como predadores, exterminadores de todo aquello que no consideren su igual. Quien proceda, en sus acciones, dando prioridad a las creencias, antes que al razonamiento, no puede sorprenderse si encuentra dificultades en la realización de sus proyectos. La vida es un encadenamiento de hechos lógicos.

Los razonadores crean, los creyentes, ignoran. Para ser querido, se ha de amar. Quien albergue odios, rencores, envidias, no puede ser feliz. Las mismas ondas que emitimos, las recibimos rebotadas desde nuestro entorno. Las teorías, para demostrar su validez práctica, han de ser usadas. El proceso histórico es el que demuestra a dónde llevan. Si se tiene el poder y los medios suficientes para imponer la paz, no debería hacerse a través de la guerra. Creando odios, donde sólo existía indiferencia. Quien no pueda deshacerse de sus rencores en soledad, consigo mismo, no debería asumir una responsabilidad que le permita rociar con su bilis a toda la Humanidad.

Quienes temen al Dios juzgador que conciben, no pueden amarlo. Para ellos, es más un lejano juez, propenso a la destrucción, que un padre creador. Casa uno lleva dentro al dios que le corresponde. El cielo es de los creyentes. De quienes creen en él. Igual que el infierno. Quien crea que se lo merece, lo tendrá. Lo creamos los humanos, en nuestra mente. Aquello en que se cree, se realiza. Por eso los creyentes son, también, temerosos. Pretender gobernar el mundo con sentimientos viscerales y egoístas, crearía un futuro lleno de rencores.

Quien, teniendo el poder y los medios suficientes para imponer la paz, quiera hacerlo a través de la violencia, para demostrar su fuerza, creará odios, donde, posiblemente, sólo existiera indiferencia, o rivalidad. Para ser querido, se ha de amar. Los hombres religiosos que utilizan la religión para medrar en política, contradicen sus principios. A no ser que consideren la religión como una forma de hacer política. Lo estamos viendo, fehacientemente, en Iraq, Irán, y todo Oriente Medio. Pero es también una forma de alcanzar puestos de poder. Todos los contendientes usan su propia religión, para cohesionar a los suyos, como un arma más contra los que son diferentes. Cuando, de lo que realmente se trata, es de ganar territorios y privilegios ambicionados. Los hipócritas conocen el valor de sus armas.

El monoteísmo, en cualquiera de sus variantes, produce el mayor porcentaje de intolerantes. Reales o de conveniencia. Pretendiendo forzar reglas propias en vidas ajenas. Cuando, nadie es respetable por encima de nadie. Es decir, todos deben merecer el mismo respeto, crean lo que crean. Las guerras contra los herejes, durante la Edad Moderna, no son hechos muy distintos, ni distantes en su génesis. El resultado era la incautación de sus bienes y la expulsión del territorio. Como solución, buscada, aunque nunca declarada, de la aplicación de la intolerancia. Tales hechos se basan, jurídicamente, en querer forzar reglas propias en vidas ajenas.