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Deberes Impuestos

Monday, January 11, 2010

Las ideas deben estar al servicio de los Humanos, no al revés. Cuando la ley es parte del problema, y no la solución, habrá que cambiar la regla.

Ninguna base ética niega el derecho a codecidir, actualmente. En principio, los derechos pertenecen a todos. Aunque las circunstancias, las personas y las sensibilidades cambien. No es bueno cultivar diferencias insalvables. No sabremos nunca si seremos los primeros en necesitar traspasarlas. Las circunstancias, las personas y las sensibilidades evolucionan. El placer es parte de la vida. Los enemigos del placer, están más cerca del reino de los muertos, que gozando la vida. Gozar no es sinónimo de pecar. Sólo mentes retorcidas pueden colocar ambos conceptos en el mismo plano de experiencias. Lo pecaminoso es, en primer lugar, destructivo de algo. De la paz, del amor, de la armonía,…Quien basa el cumplimiento de sus creencias en la negación del placer, está mutilando su alma, cercenándola. Porque, con ello, se niega a sí mismo como persona. Con lo que nunca podrá vivir una vida placentera. Pretender la felicidad en la tierra, es algo legítimo.

No podemos esperar todos a ser felices en el cielo. Tras la muerte, acumulando sacrificios y prohibiciones. Nuestros deberes en la tierra pueden cumplirse con placer, siempre que sean los escogidos por nosotros, cumpliremos mejor nuestra tarea. Es preciso buscar, encontrar y expandir la propia felicidad por el mundo cercano. Repartir felicidad ha de ser un acto gozoso, bienhechor, alegre. La alegría es un don de los dioses, no un pecado. Repartir alegría a nuestro alrededor, es también una búsqueda de la perfección. Y si es inconsciente, mejor. Porque no tenemos que esforzarnos para dar lo que nos sobra. Quien se sintiese sacrificado, limitado, sometido por su entorno, poca felicidad podría repartir a su alrededor. Aparte de que sería menos efectivo en su tarea. Entregarse a una obra, que ha de llenar nuestra vida, ha de hacerse con placer y por placer. Si no fuese así, sería un sacrificio para quien la efectúa. Alguien que, al cumplir un deber, se siente sacrificado, no es la persona idónea para el mismo. Quien se entrega a una tarea, de forma voluntaria, ha de sentirse feliz en la tarea, si no, su obra no será nunca perfecta, disfrutada hasta la perfección. Sino un castigo.

La lucha del mundo contra los dictadores, debe ser por amor a los vivos, por su felicidad. Quien hace infeliz a un pueblo, destruyéndolo, no puede amarlo. Quien muta todo lo que toca en una máquina de exterminio, no merece seguir vivo en la memoria de su pueblo.

Cuando leyes y mandatos, tenidos por divinos, son excusa para la destrucción de otras civilizaciones, con creencias distintas, con dioses diferentes, algo falla. O bien la interpretación del principio, o bien el principio en sí.