Rostros sin perfil

La relatividad moral de los preceptos, tiene el límite de la conciencia individual. La cercanía no siempre ayuda a ver mejor. La salud integral de la sociedad, es algo que nos afecta a todos. Las armas de destrucción masiva no tenemos que buscarlas muy lejos. Las tenemos en nuestras calles: Drogas, drogas, drogas. Mentiras, mentiras, mentiras. Y falta de solidaridad. Desde la cerveza o el vino, a la heroína, pasando por la marihuana. Ninguna es buena, Como mucho, más o menos mala. Que algunas corrientes religiosas las usen como medio de financiación de sus organizaciones de poder, acerca bastante a la vacuidad de su valor moral.

Algunas drogas y mentiras pueden tener efectos saludables, para solucionar momentos de crisis. Pasada la oportunidad, pasa la adecuación. De ser remedio del mal, se truecan en mal sin remedio. Varias de las guerras, más largas y enconadas, que se libran en la actualidad, tienen su origen y financiación en la producción de drogas. Desde Pakistán a Colombia o Tailandia. El fuerte también ha de serlo en sus razones. Razonar más, cuanto más fuerte se sea. Para que no quepa duda de la fuerza de la razón.

La cobardía está en la búsqueda de la impunidad. El cuestionamiento sistemático, es básico a la hora de no querer convertirnos en piedras. Ser inamovibles en moral, conocimientos y costumbres, es estar momificado de antemano. La soberbia, pecado de la gente que cree estar en posesión prevalente de la única y exclusiva verdad moral, es el más destructivo de todos. Mantiene a la humanidad en la ignorancia de quienes dicen saberlo todo. Negando valor a la lógica y la razón. Bajo el mando de quien es incapaz de salir de las ciénagas del pasado. El boato teatral con el que adornan sus apariciones, es sólo la cáscara de un vacío total.

Negar la realidad lógica de lo presente, pretendiendo que la gente viva en la fantasía de sus relatos infantiles, es lo más perverso que pueda haberse ideado. Es el intento universal de mantener a sus leales en la ignorancia total, sustituyendo la razón por la fantasía interesada. El mayor daño que han causado a la Humanidad ha sido la detención del desarrollo intelectual de los pueblos. No sólo convenciendo, sino, a menudo, venciendo mediante cruentas guerras de creencias. Son los dueños de la mentira sistematizada. Los dueños antihumanos del misterio y la ocultación. Enemigos de la ciencia, la investigación y la razón.

Recordemos que las obras de Descartes, o Einstein, fueron lectura restringida, en la pacata sociedad española del siglo XX. Su gran pecado era que enseñaban a pensar. Cuando la mejor política debería estar basada en el amor, hay quien aún confía en el poder seductor del palo y tentetieso. El poder político nunca puede estar basado en la prohibición, en el temor al inspector de Hacienda. Pues entonces se convierte en un poder represor, manipulador, deformador, destructor. Nunca el temor fue creativo. La creación es función del amor.

El bien común no debe implicar la anulación de los derechos individuales.

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