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Hipocresía al Poder

Saturday, October 24, 2009

Quien mejor sepa mentir, revistiendo sus intenciones finales con ornamentos impolutos, ese sabe cómo mantener el poder en su mano. El objetivo final: poder absoluto, queda siempre oculto, bajo la hojarasca de razones morales.

Las religiones expansivas, especialidad de las monoteístas, no han tenido nunca inconveniente en seguir los caminos abiertos por sus soldados. No les asusta la sangre, sino la fachada del método. Debe mantenerse la apariencia de legalidad. Las ’yihads’ islámicas no son muy distintas de nuestras cruzadas, o de las limpiezas étnicas israelitas. En la base de los más encarnizados conflictos actuales, hallamos, siempre, disputas por la preeminencia de grupos religiosos. Ocultas entre ristras de principios morales artificiales. El objetivo final es transparente: Atribuirse el poder sobre las conciencias de los ciudadanos.

Sin embargo, se lavan, olvidan y purifican los ríos de sangre causados por la imposición de creencias. Para que el hedor de su putrefacción no llegue a las narices de sus seguidores. La relatividad moral de los preceptos, tiene el límite de la conciencia individual, siempre marcada por experiencias irrepetibles. Hay que respetar el conjunto. No se alcanza la paz violentando la armonía.

Creer, obedecer y purgar, por faltar a la obediencia debida, son los verbos fundamentales y casi únicos de toda religión. Hay que sufrir por vivir y dar vida. Las creencias son el triunfo del no pensar. Creer es el estado primitivo del pensamiento humano. Cuando se razona, se sabe o se ignora. La pretensión del laico es llegar al conocimiento de la verdad, a través del estudio y la experiencia. No por revelaciones celestiales.

Cuando oímos hablar de sectas satánicas y sus métodos, para dominar la mente de sus adeptos, ¿nos sorprende comprobar que sus intervenciones de dominio están inspiradas en métodos existentes, desde antiguo, en otros grupos de creencias más aceptados cotidianamente? Nada nuevo bajo el sol. Sólo cambio de apariencias.

La historia de las creencias ha ido, casi siempre, acompañada de la de sus conquistas territoriales. Con poca paz por medio. Nuestros grandes conquistadores no fueron la excepción. Sus grandes batallas se libraban, para extender los dominios de los monarcas de turno, con la bendición de cada uno de los papas
contemporáneos, justificada por la expansión de la fe vaticana.