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Progresar en Libertad

Saturday, October 24, 2009

Libertad y progreso son inseparables. Cualquier avance en las relaciones y conocimientos humanos necesita de libertad para desarrollarse. El control doctrinal o intelectual sobre lo nuevo, sobre lo inédito, sólo consigue frenar su marcha. Cuando las doctrinas, erigidas en controladoras de la sociedad, pretenden también controlar el progreso, se tiende al estancamiento del potencial intelectual de los pueblos. Eso lo hemos visto a lo largo de toda la historia de la Humanidad. Nunca los poderes establecidos son potenciadores del cambio social. Simplemente, porque la subida de unos estamentos sociales significa, como contrapeso, la bajada de otros. El equilibrio es fundamental. El progreso de la vida está en esa evolución constante. Que permite adaptarse a las circunstancias todo lo viviente, para asentir su existencia. En un mundo donde la idea del pacifismo progresa, parece fuera de tiempo la institucionalización de la muerte violenta, como justificable a los ojos de Dios. Las guerras aniquiladoras entre creencias de signo distinto, ha sido el mayor enemigo de la Humanidad, a lo largo de toda la Historia.

Quienes se proclaman pacifistas, siempre que les dejen imponer sus teorías, son, realmente, los mayores defensores de la guerra eterna entre el Bien y El mal. Haciendo suponer que los únicos representantes del Bien son ellos, exclusivamente. Mientras que el Mal lo representan todos aquellos que no defiendan sus mismos principios. Lo que me parece bastante parcial. Quienes viven de dogmas inmutables y principios pretendidamente eternos, los propios, intentando imponer sus principios por cualquier medio, no se adaptarán nunca a los principios de la evolución: Nada es eterno, salvo el propio cambio continuado.
El mayor acto de progreso que puede experimentar el ser humano, es el de su liberación de las creencias. Mientras el peso de las convicciones lastre su mundo, no levantará el vuelo. No se puede ir por el mundo pretendiendo ser los dueños de la razón. La razón, los derechos, son siempre compartidos. Quien no escucha, pierde el derecho a ser oído. Quien no cede nada, no puede pedir algo a cambio. No se puede pedir ser progresista, a alguien que tiene prohibido pensar, sobre la razón de sus razones. Quien tiene la manía de inventarse enemigos, no puede sino terminar encontrándolos, de verdad. Los enemigos se fabrican, a base de provocaciones reiteradas. Los dirigentes visionarios, no saben de realidades, sino de sueños, hasta que la realidad los aplasta.

Los progresos sociales, no son admitidos paralelamente en el mundo de lo religioso, más conservador. O, sencillamente, más auto protector. Por miedo a perder sus privilegios. El hombre, como ser pensante y moral, ha de someterse a sus propias leyes. No puede pretender regir el mundo, forzando la aplicación de códigos hechos a la medida de los dioses. Las normas de conducta han de ser, en primer lugar, humanas. A más razonamientos, menos creencias.

El progreso científico y económico, comenzó cuando los hombres de ciencia pudieron liberar sus estudios de condicionamientos mágicos, místicos y doctrinales.