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Ideales Prematuros

Friday, July 10, 2009

Una utopía es sólo un ideal prematuro. Nacido antes de tiempo. El centro de un círculo está siempre a la misma distancia del perímetro, por mucho que gire. Debemos procurar ver el mundo a través de nuestros propios ojos, no como nos lo presenten. Lo ideal sería, convertir los problemas en soluciones.

Hay pueblos con un inmenso bagaje cultural, pero sin potencial decisivo para mejorar sus vidas. Falta sólo, quizá, que comiencen a considerarse el centro de su mundo. Y reaccionen en presente. Sin esperar el siempre alejado futuro de la existencia ideal. Ni aguardar al mensajero celeste, que haya de traernos la dicha. Las soluciones vienen del interior humano. Las ideas deben hervir en el cerebro, hasta que la presión interna las arroje al exterior, poniéndolas en marcha.

Una educación centrada en promover el éxito social, no es la ideal para formar ciudadanos solidarios. Eso es el cultivo de la guerra individual. No se busca la felicidad comunal, sino el éxito personal. Falta incentivar la labor en equipo. No se promueven los principios, sino los fines: ganar, como sea. La sociedad humana forma un conjunto de vasos comunicantes. Nada de lo que pase por uno de esos vasos deja de comunicarse a los demás. Entre la utopía y la realidad, siempre habrá una distancia, pero, si no tendemos hacia lo ideal, nunca nos acercaremos a la utopía.

Cuando se pretenda llegar a metas revolucionarias, lo más seguro es: alcanzarlas por medios evolutivos. Presionando en la dirección deseada, suave, pero constantemente.

La tendencia juvenil a buscar medidas extremas, rápidas, dramáticas, radicales, es explotada, militar y religiosamente, por todas las ideologías absolutistas. Consiguiendo, por el camino de la fe en sus principios, que, personas de firmes convicciones, consideren su obligación y privilegio el dejarse inundar por sus ideas. Aún cuando pudiera evitarse el fatal desenlace, se escoge el dramatismo del sacrificio. Con la bendición de sus dirigentes. El ejemplo de los muertos, sirve de fertilizante.

Un hombre, aparte de ser él mismo, es también parte del todo, y, como tal, un reflejo de cuanto le rodea. Receptor, transmisor, emisor, en cuanto transformador de lo que recibe.

El prototipo idealista de la sociedad futura, en la que se hubiese erradicado el mal, sería el de un conjunto evolucionado, en el que cada cual haría, con buena voluntad, aquello para lo que estuviese dotado. Siendo atendido según sus necesidades. Un mundo paritario ideal. Pero, lastimosamente, irreal. La Humanidad está formada por individuos. No somos clones de nuestros semejantes. Y, cada uno, en función de sus circunstancias personales, tendrá ideales y necesidades diferenciados. Nadie puede pretender que la sociedad humana sea un conjunto homogéneo. Las doctrinas que proyectan construir conjuntos de ciudadanos uniformes, con las mismas virtudes y obligaciones, están fuera de la realidad. Ponen sus ideales por encima de la armonía humana, que debe estar de acuerdo, en principio, con su propia naturaleza. Por lo pronto, somos humanos. En el cielo, ya veremos.