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Radicalismos Dogmáticos

Sunday, May 17, 2009

Cada teoría, social o celeste, es hija de su época. Cuando se consolidó el Zoroastrismo, en el siglo séptimo antes de Cristo, se experimentó un cambio radical en la mitología del Oriente Medio, pues se comenzó negando legitimidad a todos los dioses antiguos de la zona, para poder defender la idea de un Dios único, sabio y creador. Cuya ocupación principal era mantener la eterna lucha entre el Bien y el Mal. Al fin, saldrá triunfante el Bien.

Las guerras santas, o sea, aquellas guerras libradas a favor o en defensa de la religión propia, sea ésta cual fuere, no son una modalidad doctrinal exclusiva del mundo musulmán, cristiano o judío, como, erróneamente, se intenta acentuar en la actualidad. Tanto judíos, musulmanes y cristianos, como las religiones védicas y el Sintoísmo, las dan por necesarias. E incluso por inevitables, con unos u otros argumentos. Pero, desde luego, todas consideran santos, o mártires justos, sólo a los caídos en el bando propio. Los otros son, simplemente, infieles, gentiles; enemigos de la religión, de ’su’ religión específica.. Gente actuante del lado de las tinieblas Sujetos indignos siquiera de ser recordados. Los monumentos se levantan en honor de los caídos propios. La imparcialidad no es el fuerte de los hombres religiosos. Esta parcial ceguera religiosa, que les impide ver lo que no les conviene, está generalizada entre los hombres de fe. Donde toda lógica se estrella contra el firme muro de las creencias.

Ser violento es más una cuestión de actitud mental, que ideológica. La ideología no determina la violencia, sino la aceptación del abuso del más fuerte, sea cual fuere su ideología. El enemigo no existe, lo encuentran por sí mismos. Quien quiera difundir una doctrina, usando la violencia, creará más enemigos que adeptos. Esa es la eterna fuente del mal cíclico. La acción es madre de la reacción. No hay generación espontánea, sino consecuencias. Una gran parte de las actuales instituciones religiosas oficializadas, han dejado de ser movimientos liberalizadores progresistas, para pasar a formar parte de las autoridades anquilosadas en el tiempo. Cuya labor principal consiste en defender, ante todo, la conservación de sus privilegios. Que los distingan del común de la sociedad laica.

La peor evolución de estas empresas religiosas institucionalizadas es que han pasado a representarse, principalmente, a sí mismas y sus intereses. Creando una contraposición con los intereses de la sociedad laica. Lastimosamente, se asemejan, cada vez más, a corporaciones de intereses transnacionales. Sálvese quien pueda.

A dios rogando y con el mazo dando. Parece que este tercer milenio ha empezado fuerte con las creencias. Estamos asistiendo a una nueva radicalización de las normas. La alianza de los estrictos. Ser progresista, no es la mejor recomendación ante los hombres de Dios. Más que nada, temen ser borrados por el progreso. Quien razona, no cree, piensa. Ya se fijó en el Concilio Vaticano Primero la premisa: “La fe ha de prevalecer sobre la ciencia”. Los avances de la ciencia, socavan sus cimientos.