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Dogmas y Teoremas

Sunday, November 23, 2008

Si las ciencias sirven a la Humanidad, las creencias se sirven a sí mismas. Cuando la razón habla, la sinrazón enmudece.

Principiantes somos todos. Los que pretendemos aprender algo, estamos en el introito del conocimiento. En el vestíbulo de las verdades. A ser maestros, no llegaremos nunca. Todo lo más, aprendices aventajados. La evolución de un conocimiento, no puede entenderse de forma aislada, sino en relación con la comprensión de los cambios habidos en su medio. Se habla de reconquistar, para las creencias europeas, el terreno espiritual perdido tras la descolonización y las sucesivas revoluciones habidas. Quienes esperen una masiva reconversión en el ámbito del Caribe, pueden seguir esperando. El Animismo llegado de África y Oriente ha estado omnipresente durante estos siglos.

Intuimos que esto es, en gran parte, así, más por la composición étnica de los oficiantes que por su base doctrinal. Cuba, Haití, Puerto Rico, ya han sido católicas, oficialmente, durante quinientos años. Siempre de una forma muy especial. Mezclando una apariencia exterior cristiana, que actúa, más que nada, como capa de pintura protectora ante la sociedad. Gente que va a misa los domingos, mantiene en su casa altares a los ’santos’. Meras caretas cristianas de fuerzas africanas, a quienes realmente van dirigidos los cultos.

Durante el período colonial, los negros esclavizados, y posteriormente los orientales, fueron autorizados a fundar cofradías religiosas. Siempre que estuvieran bajo la advocación de algún santo cristiano. Esto constituyó la única oportunidad de reunirse con sus compañeros de cautiverio, sin despertar las sospechas de sus señores europeos.

Lo que, en principio, estuvo permitido, para fomentar la fe cristiana entre los esclavos, derivó en la conservación de sus creencias animistas. Los espíritus africanos cambiaron de nombre externamente, pero eso fue casi todo. Se pusieron figuras de santos católicos en los lugares de culto y a ellos iban dirigidos los ritos y oraciones. Pero los esclavos sabían íntimamente que, tras la estampa del santo, se escondía la energía venerada en África por sus ancestros.

¿Cómo podría el misionero blanco convencer a un negro esclavizado de su sinrazón?
¿Cómo podría éste creer que el Dios del Amor estaba de parte de los negreros? ¿Cómo podía confiar un indígena americano en que la doctrina de los conquistadores, que los exterminaban y explotaban, eran las que representan a un Dios justo, magnánimo y bondadoso? Podían simular creer. Agachar la cabeza y asentir a cuanto dijesen sus nuevos señores cristianos, pero las creencias ancestrales las siguieron guardando en su corazón. La pervivencia del Animismo de África en América, es como el resto del tesoro identificativo de su propia cultura, que lograron salvar estos pueblos de la agresividad y rapiña de los bárbaros caballeros cristianos. Quienes no sólo se creían con derecho a robar sus tierras y bienes, apropiándose incluso de sus cuerpos para explotarlos, sino que también querían sustraerles sus dioses y espíritus. A esto se resistieron. Y siguen haciéndolo. Ahora, no todos los rostros de políticos son blancos. Ni sus creencias.