Go to content Go to menu

Poderes Divinos y Humanos

Saturday, November 8, 2008

En el mundo de las ideas, no hay revoluciones. La evolución lo es todo. Siempre hay antecedentes. Nada nace sin generadores. El progreso de la vida está en esa evolución constante. Que permite adaptarse a las circunstancias todo lo viviente, para asentir su existencia. El hombre actual no es el de las cavernas. Sus miembros, su cerebro, su sistema inmunológico, han ido adquiriendo unos trazos y dejando otros. Sólo algunas cosas pretenden ser inamovibles, para ser consideradas auténticas. Entre ellas la fe. La fe en lo que sea. En sí mismo, en el propio Dios, en la nación, en el destino,…la fe es la atadura más poderosa con la que los caudillos pueden paralizar la mente de los pueblos, o arrastrarlos en la dirección que deseen.

Conociendo mínimamente la historia de la Humanidad, vemos la reiteración de los casos. El patriotismo, el nacionalismo, el amor a sí mismos y la fe en un destino propiciado por Dios, pueden crear adhesiones inquebrantables en su momento, pero que resultan inexplicables pasado el tiempo. Cuando asumimos una creencia, sea cual fuere, tendemos a irla afianzando en nosotros, hasta convertirla en algo consubstancial.

El común de los humanos preferimos creer ciegamente, antes que probar la consistencia de nuestra fe. Analizar no es renunciar. No es un error equivocarse. Sí es un error pensar que no podemos equivocarnos. La tendencia a creer que nuestra verdad, nuestra sociedad, nuestra forma de ser y conducirnos es la mejor, nos hace inflexibles. Quisiéramos que los demás tuviesen las mismas convicciones que nosotros.

Así nos sentiríamos más afianzados. Ante lo diferente, sentimos inseguridad. Cuando quien piensa con tanta seguridad en la inamovilidad de sus creencias es un hombre poderoso, la inflexibilidad de su fe puede resultar peligrosa para su entorno. Querrá que todos lo acepten, que piensen como él, que lo tomen como jefe. Y, si ese hombre es el dirigente de una nación poderosa, la más poderosa entre las naciones, no se conformará con menos que la sumisión de todas las otras. Debida a quien se cree investido directamente con el poder de Dios. In God we trust. En Dios confiamos, dice su lema, y se lo creen. Nosotros también. Esperemos que nuestros dioses sean el mismo Dios. Con los imperios nunca se sabe, siempre han impuesto el suyo, el que más les favorece.

La base del poder terrenal es la creencia en poderes celestiales, que nos prefieren, cono nosotros los preferimos. La autosugestión es básica, para poder sostener cualquier organización de gobierno que trascienda lo puramente razonable. Para potenciar nuestras ideas, no necesitamos fuerzas externas, sino, simplemente, organización, concentración y afianzamiento. El método es básico. Sin el previo convencimiento de que podemos organizar nuestros pensamientos, fracasaremos.

No hay que crear mundos de fantasía, sino profundizar el conocimiento de nuestra existencia y motivaciones. Si nos basáramos en el pensamiento científico, el pensamiento matemático y su sentido de la abstracción, no nos perderíamos tan fácilmente entre las nebulosas del etéreo pensamiento místico.