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Hipócritas e Hipocresías

Wednesday, October 22, 2008

En el Punjab, al norte de la India, se halla el Lago Sagrado de la Inmortalidad. En su centro se sitúa el bellísimo y famoso Templo Dorado, eje de los Siks. Entre los hinduistas, revisten gran importancia los rituales de purificación por el agua. No sólo los sacerdotes han de bañarse ritualmente cada mañana, también antes de los sacrificios y ciertas ceremonias, sino que, entre los creyentes, es práctica habitual el baño colectivo en algunos ríos, lagos, fuentes y estanques, clasificados como sagrados. Con lo que se purifican.

Jesús, a veces, dejó de cumplir ciertos ritos de purificación hebreos. Como la obligatoria ablución antes de las comidas, de la que, según testimonios, prescindía en ocasiones. El fundamento litúrgico del lavado ritual, en todas las religiones de la época, era el deseo de eliminar con él la impureza que pudiera haberse contraído en las manos, si se hubiese tomado contacto con objetos o personas impuras. Lo que tornaría en impuros tanto alimentos como cualquier objeto de culto que tocasen. Manipularlos, sin haberse lavado, los invalidaba para los creyentes que se considerasen puros. Los infieles o gentiles tampoco podían tocar los alimentos de los judíos puros. Aunque estos lavados rituales tuviesen una acertada base higiénica, dicha higiene ritual se interpretaba como pureza religiosa.

Por la exigencia de observancias tales, llamó Jesús hipócritas a los fariseos; definiéndolos como sepulcros blanqueados. Observadores de la forma y no de los contenidos. La tendencia de las religiones es, derivar del rito a la fe. La pureza del rito, que era de la máxima importancia, sin perder todo su significado, ha cedido terreno a la preeminencia de la fe. En las grandes religiones actuales, se acentúa el valor de la fe, incluso por encima del de las obras. Es decir, se deriva de la práctica a la teoría.

La filosofía védica, enfatiza la autorrealización. Así que, se crea o no en la existencia del alma, no hay motivo para lamentar la pérdida del cuerpo, es decir, la muerte. Por ello, el guerrero que, cumpliendo con su deber, mata a alguien, en una lucha justa, no debe lamentarlo; pues el alma inmortal de su enemigo muerto, liberada del cuerpo, seguirá su curso en la sucesión de existencias. ¡Es un consuelo!

Destaquemos también que, en la práctica coránica, las multas o sanciones a pagar, caso de que un creyente matase a una persona, se estipulan según distintas valoraciones y circunstancias. Pero sólo en el caso de que el muerto fuese creyente. Es decir, musulmán. Si el difunto perteneciera a otra religión, no se menciona expresamente castigo alguno.

Esto no quiere decir que se haya de alentar la violencia, sino que no se ha de prescindir de ella, cuando sea necesaria. Por quien esté obligado a usarla. Tanto en la teoría hinduista, como en la coránica o bíblica, los mártires pasan directamente a gozar de la presencia de Dios. En consecuencia, no se los perjudica, al enviarlos al Cielo.