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Tolerancia Religiosa

Saturday, October 18, 2008

Los obispos tienen razón: Deberían dedicarse más horas de estudio a la Religión. A todas, sin excepción. O a las que pudiesen ser abarcadas, pues son miles. El fenómeno religioso afecta a todas las etapas de la vida. Así los jóvenes podrían hacerse una idea del inmenso mundo de fantasía en el que pueden perderse.

Desde el punto de vista religioso, tendría una ventaja: llenaría el cerebro de incontables creencias, restando, así, el tiempo suficiente a los estudiantes, para evitarles la veleidad de pensar en las ciencias. El Primer Concilio Vaticano, a fines del siglo XIX, ya fijó la prioridad de la fe sobre la ciencia. Tan perjudicial ésta para la conciencia del ser humano que, incluso el Averno, ha tenido la preocupación de ocupar en exclusiva a su colaborador Belfegor, en incitar a los hombres al descubrimiento de nuevos avances científicos. Pues, el Hombre, en su soberbia, llega a creer que puede tener la opción de mejorar la obra de Dios. Ese fue el Pecado Original: querer saber. ¿Experimentar con células madre y cosas por el estilo? ¡¡Pecaminoso¡¡ El hombre vino al mundo para sudar su pan y la mujer para sufrirlo.

Sharon y Bush tienen la reputación de hombres muy religiosos. Videla y Pinochet también, de comunión diaria. ¿Quién les perdonó sus pecados? Franco era un cristiano ejemplar, Paladín de la Fe y Caudillo de España, por la Gracia de Dios. Tan purista él que, terminada la Gloriosa Cruzada Nacional, la continuó, en paz espiritual, mandando fusilar silenciosamente a miles de españoles impuros. Contaminados de ateísmo, o indiferencia. Siendo, casualmente, todos ellos, o casi todos, republicanos librepensadores, se consideró que no podían representar más que a las fuerzas del mal, así que sobraban.

La ONU podría tener una nueva tarea: averiguar en nombre de qué creencia se han matado más humanos. Cultivaría la capacidad crítica de los alumnos, ensanchando el campo de sus conocimientos. Si esta forma de acercar el mundo de las religiones, al saber de los alumnos, no satisface a alguna autoridad, porque piensen que se incumple el Concordato con la Santa Sede, siempre cabría la solución de denunciarlo.

Pues, ninguna potencia extranjera, y el Estado Vaticano lo es, puede tener el privilegio de dictaminar qué y cómo han de ser impartidas las enseñanzas en nuestras escuelas. Con el mismo criterio, e igual derecho, podrían pedir que se consultara al Imán de La Meca, el Gran Rabino de Jerusalén, el Dalai Lama, la Reina de Inglaterra, el Emperador del Japón, o el Gran Chamán de los Hotentotes. Todos ellos, con fieles seguidores en nuestro país. Nadie es respetable por encima de nadie. Es decir, a todos correspondería merecer equivalente respeto.

Viviendo en un país con libertad religiosa, no puede concretarse la enseñanza a una sola. Menos, de forma prácticamente excluyente. Existen, y coexisten, miles de formas y culturas religio