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Invocaciones y Rezos

Saturday, October 11, 2008

En algunas doctrinas, no sólo se piensa que la palabra, por sí, tiene un poder determinado, sino que su misma grafía o sonido, aún careciendo de significado concreto, puede convocar poderes. Así se entiende en el Tíbet, donde existen sonidos sagrados. El poder de las palabras sagradas puede ser incrementado o disminuido según quien pronuncie el sonido mágico y en qué circunstancias se haga. En el Animismo, se considera también que toda persona transmite, emana, irradia, u origina energías. Y una parte de estas energías, es transportada y comunicada por sus palabras. Por lo que las palabras encierran poder.

Incluso existen palabras sagradas, que no se debían enunciar, como los nombres del Señor. Estaba prohibido ‘invocar el nombre de Dios en vano’. O, por el contrario, se asegura que ciertas palabras atraen sobre quien las pronuncia, los efectos deseados, sirviendo de llave al cumplimiento de las peticiones. Sobre todo si, al tiempo, se efectúa una ceremonia predeterminada. Esto último, está claramente conectado a los conjuros mágicos. Recordemos el Abracadabra, abridor de arcanos. Grabada esta palabra, en escala descendente, sobre un ónice, se colocaba sobre un enfermo, para bajarle la fiebre.

En el Hinduismo, los Hare Krisna, una corriente religiosa de moderna creación, y pretendida antigüedad, que ha trascendido las fronteras de la India, creen que, la pronunciación continuada del nombre del Señor Krisna, produce efectos benéficos sobre la persona que lo recita, contribuyendo decididamente a su salvación. La lógica de tal práctica es la siguiente: El nombre del Señor es parte de su mismo ser. Estando tal nombre sagrado omnipresente en nuestras mentes, nos encontramos acompañados por el Señor constantemente. En tal compañía, sólo se puede ascender a los reinos celestiales.

Estos nombres divinos pueden estar incluidos en mantras, frases, sonidos o expresiones a las que se atribuye poder mágico. Es una práctica habitual el pronunciarlos en situaciones difíciles, para atraernos su protección.

Igual técnica, en circunstancias más prosaicas, es usada en sicología, propaganda o mercadotecnia. La repetición constante de palabras o consignas, hace que éstas se fijen en la mente individual, influyendo en el pensamiento.

Dentro del Cristianismo, la repetición de letanías, jaculatorias u oraciones, también se invoca como medio de acercarse a Dios. En el Islamismo, se confeccionan talismanes, con frases sacadas del Corán, portándolas al cuello, encerradas en pequeños estuches. Estas expresiones sagradas, han de proteger al creyente. Su efectividad reside en el principio mágico de que el poder está encerrado en la palabra. Las jaculatorias, invocaciones a la divinidad, se repiten, desgranando las cuentas de una sarta de bolas, que ayuda a concentrar el pensamiento en el Ser Divino.

Aunque resulte difícil de comprender, los mitos antiguos se vuelven a poner de actualidad. No hace falta razonar, sólo creer. En toda religión, encontramos teorías evolucionadas y otras que han permanecido cercanas a sus orígenes. El creyente no suele ser crítico, se lo prohíben sus propias reglas. Así, admite cuanto le viene dado. Si le surgiesen dudas, las achacaría a su falta de fe, no a fallos doctrinales.