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Armonía y Vida

Friday, October 10, 2008

Ser progresista, no es la mejor recomendación ante los hombres de Dios. Más que nada, temen ser borrados por el progreso. Quien razona no cree, piensa. Ya se fijó en el Concilio Vaticano Primero la premisa: La fe ha de prevalecer sobre la ciencia.

Mientras puedan, quienes manejan las fuentes del saber infuso, no dejarán progresar el conocimiento razonado. Los avances de la ciencia, socavan sus cimientos.

A dios rogando y con el mazo dando. Parece que este tercer milenio ha empezado fuerte con las creencias. Estamos asistiendo a una nueva radicalización de las normas. La alianza de los estrictos.

La impresión general, es la suma de las impresiones parciales. Estamos viviendo tiempos de crisis, indudablemente, como siempre ha sido. Las crisis, los altos y bajos, son inherentes a la vida. Sólo que las crisis graves se trasladan de lugar, aún cuando permanezcan en el tiempo. Nunca el mundo fue una balsa de aceite. Desde el subsuelo, relleno de magma ardiente, hasta la estratosfera, con sus inmensas descargas eléctricas. La Tierra está llena de vida, y la vida es energía inquieta. Nada está en calma, nada está muerto, la energía subsiste a sí misma, transformándose. Toda partícula se halla imbuida de vida. No hay quietud en los átomos, todo es energía. No sólo las formas exteriores, las que percibimos a través de los sentidos y conductas, influyen en nuestras impresiones. Hay radiaciones inexploradas, que, de alguna forma, se perciben. Cuando sentimos rechazo inexplicado hacia alguien o algo, es que percibimos el efecto de fuerzas contrarias a nuestro ser. Hay montañas, que apreciamos como abismos sin fondo. Se me eriza la piel, ante las ideas extremas, dogmáticas, excluyentes. Da igual quien las represente, Sadam, Bin Laden Lenin, Putin, Pinochet, o un iluminado religioso, tipo Bush.

El conmigo o contra mí, las guerras de clases, las eternas sospechas, el ataque solapado, castrador y represivo de todos los absolutistas, contra la libertad, generan pensamientos negativos. Niegan el derecho al sexo vivificador que nos fue dado, por la gracia de Dios o de la Naturaleza. Afirman la limitación a la libertad de pensamiento y a la sensación de placer. ¿Quién pudo igualar placer a pecado? Alguna mente enferma de masoquismo profundo y ansias de dominio absoluto. El rechazo de los prebostes a la democracia, no admitiéndose a sí mismos como iguales al resto. La negación a aceptar la vida tal como la percibimos. No puede dar origen más que a energías negativas, fuente de violencias. Donde se instale el dogmatismo hipnotizante, se fuerzan las leyes de la Naturaleza, destruyendo la armonía del individuo. Vivimos rodeados de dogmatismos imperiosos, que cercenan la pequeña flor de la felicidad, que sólo crece en libertad. Quienes son incapaces de apreciar su perfume, tampoco la ven. Negando y negándose el derecho a la vida armónica presente. Soñando tan sólo en un enigmático futuro celestial incierto. Ignoran que, si no cultivamos la vida hoy, el mañana nacerá ya muerto.