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Revoluciones de ayer

Saturday, August 16, 2008

Lo revolucionario está vivo. Sucede mientras piensas, ahora mismo. La revolución es vida constante, no recuerdos, ni proyectos. Es lo inesperado, lo inminente. Lo logrado, sin pensar en sus consecuencias.

Quien se detiene, para la vida. Para lo vivo, no hay pausas, sólo continuidad. Las reflexiones demasiado meditadas, paran el curso de la vida. La duda es creativa. Nada se crea, si no hay una duda antes. La ciencia y el arte no podrían existir, sin tener antes dudas sobre todo. Si el hombre no tuviese la capacidad de razonar, se extinguiría. Las creencias limitan el razonamiento.

El cristianismo fue revolucionario hace dos milenios. Ahora, ya, es un viejo lleno de achaques, vicios y malas costumbres. La habituación al poder deforma las ideas originales. Una moral para pobres, deja de ser práctica, cuando la abundancia se generaliza. La comida del pobre la organizan los ricos. Casi siempre, de forma injusta. Lo innovador deja de serlo, al paso que envejece, pretendiendo permanecer igual a sí mismo. Lo revolucionario trata de acabar con lo obsoleto, producto de revoluciones caducas. La mente no puede estar ociosa. Sin renovación del pensamiento, la sociedad deja de ser activa. Útil, para ser vivida con satisfacción.

Quien celebra las ceremonias, sintiéndose el centro del ceremonial, tiende a sentirse como el homenajeado. Por deformación de la costumbre, viste más galas el oficiante que el oficiado. Los jefes políticos, que se atribuyen contactos directos con la divinidad, como el inefable Sr. Bush, subvierten el orden mundial, sólo con sus palabras, fuera de toda lógica y, posiblemente, faltas de veracidad.

Celebrado será su pronto retiro de la vida pública, como el de otros jerarcas actuales, en activo, que ejercen con ínfulas mesiánicas, arrolladoras de todo cuanto suponga un obstáculo a su poder. Este estilo cuadra también al Sr. Putin, a quien, al parecer, se le quedan estrechas las amplias fronteras de su inmenso país. Quien no conoce límites a su ambición, resulta, siempre, peligroso. Escuela para ello no le falta. La policía política soviética, la tristemente famosa KGB, en cuyas academias se formó, no era una escuela que educase en el amor al prójimo. Aunque el culto a la personalidad no tienda a ver más que virtudes y aciertos en la persona adulada, su vida profesional y pública está llena de ejemplos, al menos intrigantes. Los disidentes siempre mueren, de forma inusual y sorprendente. Quienes quieran seguir creyendo en las bondades de regímenes piramidales autoritarios, siempre encontrarán motivos para confirmar sus creencias. Las mentes no se hacen, se forman y deforman con gran poderío, sobre todo cuando las tendencias dominantes en ellas son el egocentrismo y la egolatría. Personalidades así tienden a chocar entre ellos. Quienes creen, prioritariamente, en sí mismos, siempre encuentran motivos para reafirmar sus convicciones. Sobre todo, si tropiezan con alguien que pueda hacerles sombra. Cuando se trata de poder a poder, el enfrentamiento nunca es para equilibrar fuerzas, sino para dominar al contrario, como sea. Y ese como sea incluye casi todo. Ejemplos de trasgresiones, por ambas partes, no faltan.

Emilio del Barco
Agüimes, 15/08/08