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Política y Religión

Monday, August 11, 2008

Los políticos que se declaran religiosos, juegan con ventaja. Sus fieles están asegurados. Aún cuando, la religión, emparejada con la política, pueda procrear engendros monstruosos. Al humano que dedica su vida a solucionar problemas de otros, se le ha de suponer buena voluntad. Sea ésta religiosa, o no. La bondad, para ser auténtica, no necesita tener origen religioso.

La bondad, motivada por la religiosidad, puede estar más inclinada a servir a su tendencia religiosa, que a la Humanidad, en general, sin apellidos. Algunas ideas religiosas, llevadas a su cumplimiento extremo, matan más gente que salvan. Sobre todo, producen más sufrimientos que felicidad.

Religión y política juntas, si actúan con anuencia de las fuerzas más conservadoras de los países, especialmente las militares, forman una ecuación perfecta, de solución conocida: la sustitución del poder democrático por el dictatorial de los poderes estatales, liderados por un puñado de radicales. Si, quienes dominan la política, se identifican con quienes representan la religión, el poder absoluto está asegurado.
Los partidos políticos que pidan a sus seguidores tener fe en sus dirigentes, usan elementos religiosos, para manipular a quienes creen en ellos. Las cosas de este mundo, entre las que contamos la política, han de ser regidas por la razón. Con ayuda de los conocimientos y de la propia conciencia. No por las creencias. Sin la continua intervención de quienes manejan la fe como un bien propio, ya hace tiempo que se hubiesen resuelto en paz conflictos tales como los de las provincias vascongadas, Argelia, Palestina, Chipre, Sahel…. Usar la irracionalidad como arma, no puede conducirnos más que, de nuevo, a las cavernas.

Cuando un político carismático es honrado, ha de explicar las razones tras sus opiniones. Esto ha de hacerlo, siempre. No puede permitirse actuar como un iluminado, exento de dar explicaciones y asumir responsabilidades. Esperando que todos comprendan, por encima de cualquier dificultad, a través de los oscuros recovecos de su cerebro singular. Volviendo a pedir fe en su persona. Esto es peligroso. No se ha de caer en la tentación de convertir la política en una religión y al partido en su iglesia. El culto a la personalidad, tiende a no ver más que virtudes y aciertos en los actos inspirados por la persona admirada. Situaciones así ya las hemos vivido durante el comunismo estalinista, el fascismo, el nazismo, o la fascinación americanizante,… tuvimos suficiente de todos ellos. Pretender hacer dioses de los humanos, es, simplemente, peligroso. Aunque la idea de Dios se halle en el cerebro de los hombres.

Hablar de fe en política, es contradictorio en sí mismo. Y es que las razones de gobierno han de pesar y quedarse sobre la tierra. Sin intentar llegar al cielo. Eso se quedaría para los ángeles, de los que no conozco a ninguno en política. Los depredadores son quienes más necesitan seguidores con fe. Que no razonen sobre los hechos aniquiladores de sus jefes de filas. Ellos sí necesitan creyentes ciegos.