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Poder y Riqueza

Saturday, August 2, 2008

Está claro que las organizaciones religiosas, militares y políticas, no pueden mantenerse sin dinero. Y, puesto que no lo crean, para conservarse y perdurar, han de servirse de las riquezas que aporten sus adeptos y administrados.

La interdependencia de economía y religión es manifiesta; los pueblos más ricos siempre han conseguido imponer sus doctrinas a los pobres, que acaban aceptándolas. El ejemplo más claro y cercano lo tenemos en las nuevas corrientes religiosas americanas.

Este fenómeno, que vincula economía y creencias, es lógico. Así se explica la extensión de toda clase de ideas religiosas, que tengan una eficaz organización financiera tras ellas. Sus adeptos terminan por interpretar que, la acumulación de poder económico, es una muestra del favor de Dios por la fidelidad a sus creencias. Los encumbrados sienten la necesidad de ser religiosos, para poder confiar en la continuidad de su buena suerte, con la ayuda del Cielo. Ahorrar, acumular riquezas y saber invertirlas, puede devenir en una suerte de nuevas virtudes existenciales, junto a las clásicas teologales de fe, esperanza y caridad. Recomendando una vida austera y laboriosa a los creyentes, se crean las condiciones necesarias para que haya excedentes. Después, de forma natural, no es difícil suscitar el sentimiento de obligación moral, que les haga invertir una porción de sus ahorros, (interpretados como dones divinos), en la adquisición de un puesto en el Paraíso. Como quien compra un seguro de vida eterna, se subvencionan obras pías, o templos y monumentos, para la conservación de reliquias. Su mera existencia, en ocasiones, se ha utilizado como atributo justificativo de predominio.

Tal sucedió cuando, en el primer milenio de la era cristiana, la lucha por el poder, entre los patriarcas de Roma y Constantinopla era más enconada. Su presencia decidió la pugna. Con ventaja para el Papado romano. Como mérito extraordinario sobre Bizancio, se adujo la consideración de ser Roma ciudad santa.

Para su clasificación como tal, supuso una ventaja decisiva la existencia en ella de tumbas que, supuestamente, contenían los restos mortales de San Pedro y San Pablo, añadidas a las de diversos mártires. Numerosos lugares de peregrinación han basado su prosperidad y pujanza sobre argumentos similares. ’Lignum Crucis’, astillas procedentes de la Santa Cruz, hay en todos los conventos antiguos que se precien. ‘Santos Sudarios’ y paños de la Verónica, con la impronta del rostro de Cristo, hubo varios durante la Edad Media, depurándose, con el tiempo, los más dudosos. Gran parte del turismo medieval estaba basado en peregrinaciones hacia estos lugares, privilegiados con la presencia de tales objetos singulares. Ahora se ha reducido su número, debido, principalmente, a los progresos científicos, que han demostrado la falsedad de algunas atribuciones. El carbono 14, ha obrado como demoledor de mitos. En cambio, en el último siglo, las numerosas apariciones marianas han proporcionado notoriedad y riqueza a algunas pequeñas villas, que se han convertido, bajo su influjo, en grandes centros de turismo religioso, en busca de curaciones milagrosas y la confirmación definitiva de sus creencias. Está claro que cree quien quiere y necesita creer.