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Madre África

Wednesday, June 25, 2008

Entre los ocultistas hebreos, el seis era el símbolo de la mujer, el agua y la armonía. Una derivación, aún perceptible en algunos idiomas modernos, es que los fonemas correspondientes a ’sexo’ y a ’seis’ sean todavía casi idénticos. Claramente, para el hombre primitivo, el concepto de mujer era equivalente al de sexo. Aún cuando la ortografía cambiante haya ido diferenciando las percepciones.

En la simbología cabalística hebrea, el nueve es el símbolo de lo perfecto, de la inspiración y la espiritualidad, del cielo. También de lo masculino.

El número 666, identificador de Satán, en la civilización judeocristiana, quizá pueda relacionarse mejor con el Maldito, sabiendo que, leídos los dígitos independientemente, al modo cabalístico, se aclara su sentido oculto: sexo, sexo, sexo. Ya sabemos que la obsesión por la concupiscencia es el mayor enemigo de los místicos, que pretenden conservarse castos, puros. Al pretender prescindir de la libido, lucha imposible, se obsesionan con ella.

No es casual que el texto del sexto mandamiento esté dedicado a la fornicación (de nuevo el seis, igual a sexo, mujer y humedad). El hexagrama, o estrella de David, tiene seis puntas, compuestas por los vértices de dos triángulos isósceles, superpuestos y enfrentados. Su simbolismo es anterior y externo al judaísmo. Con origen en las religiones mágicas de Mesopotamia. Los dos triángulos equiláteros enfrentados, en la cultura hindú, representan lo mismo que el Yin - yang para los chinos. La unión e interacción de cielo y tierra. El cielo incrustado en la tierra. Considerando al cielo masculino y a la tierra femenina. Podemos añadir el significado místico de las estrellas en la cultura babilonia, como equivalentes a dioses. Es decir, cada estrella es la personificación de un dios. La versión judaica, con raíces en la vieja Babilonia, unifica ambos significados, tomándolos como símbolo del Dios Creador del Universo, protector preferente del pueblo hebreo, su pueblo escogido.

Según las últimas investigaciones genéticas, la línea ascendente de la existente raza humana, lleva, teóricamente, hasta una sola mujer, con dieciocho hijas. Tales estudios genéticos, se fundaron en la investigación, realizada durante años, del ADN mitocondrial, que parece confirmarlo de forma unívoca. Posteriormente, por estudios realizados en la Universidad de Pensilvania, también se ha podido demostrar, estudiando el cromosoma ‘Y’ de miles de individuos, que, la parte masculina de la Humanidad actual, apunta, igualmente, hacia un origen único en África. Podríamos deducir, de esto, que todos los humanos, desperdigados por el mundo, somos inmigrantes-emigrantes. Nuestro punto de partida estuvo cercano a las fuentes del Nilo. Formamos una vieja familia.

Ya se verá, dentro de un par de generaciones, lo que se piensa al respecto. Tomemos esta revelación como la postrera ‘verdad’ provisional sobre el Paraíso perdido. Aunque, en ciencia, ya sepamos que nada es definitivo. Todo queda pendiente de las últimas investigaciones. Por supuesto, para avanzar en ciencia, se hace necesario aplicar alguna capacidad crítica. Quien esté limitado por su firme convicción de que ‘dudar es pecar’, no llegará a las mismas conclusiones. Quedará momificado en sus convicciones religiosas.