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Almas Múltiples

Friday, May 23, 2008

No hay creación, sin cerebro creativo. El alma la ponemos en lo que hacemos, en lo que decimos. Aunque, a veces, se nos pueda adivinar en los ojos, en una sonrisa, o en la expresión del rostro. Principalmente, el alma se da, cada día, como parte de nuestra obra cotidiana. El alma somos nosotros, nuestra personalidad, nuestra vida.

Cuando desaparece la unidad vital que sostiene la vida, muere el alma. El alma tiene vida en lo natural, no nos trasciende. Es el impulso y nexo que nos mantiene unidos a la vida. Cuando ese impulso, esa armonía vital, desaparece, la vida como unidad vital, se extingue. Tras eso, viene la descomposición . Con la que nos convertimos en multitud de vidas. Pasamos a un nuevo ciclo vital, sin unidad, que se transfiere, poco a poco, a lo mineral, nuestra base existencial. Desaparece una vida grande, para diluirse en multitud de pequeñas existencias. Pensamos con minerales.

Quisiéramos trascender. Pero la trascendencia humana se logra a través de la obra realizada, ya sea intelectual o material, hijos, obras y productos.

Las religiones de la India, en general, asignan a los animales un puesto no muy definido entre los seres creados, puesto que su estado no se considera inmutable. Para los creyentes del Hinduismo, las leyes de la trasmigración de las almas se cumplen también, tanto en los animales como entre los dioses menores o semidioses. De hecho, en el Hinduismo, se admite la trasmigración del alma animal a un cuerpo humano y viceversa. Algunos dioses tienen aspecto animal, o animaloide.

El bautismo purificador era ya practicado tanto en el antiguo Egipto, mediante la modalidad de baño ritual en las sagradas aguas del Nilo, como en las aguas del Ganges, río sagrado, purificador de pecados, aunque sus aguas estén entre las más contaminadas del mundo. La ceremonia tenía lugar a la salida del Sol. Se suponía que las almas de los muertos pasaban por una ceremonia parecida, antes de acceder a la presencia de los dioses. Con ella se lavaban sus pecados terrenales. El uso del bautismo, en ríos sagrados, como también lo era el Jordán, se convierte en ritual purificador, dándole un significado espiritual, al convertir el agua en lavadora de pecados. Se supone que la ceremonia bautismal deja una marca indeleble, identificadora del alma del bautizado. Tanto de los ritos purificadores del agua, como sobre los del fuego, podemos colegir que, históricamente, el origen de tales ceremonias se pierde en la noche de los tiempos, siendo anteriores a cualquiera de las fastos litúrgicos existentes en la actualidad. En el antiguo Egipto, el fuego era considerado medio purificador, sirviendo también de castigo a las almas condenadas. Entre las antiguas creencias judaicas, se admitía la temporalidad finita del Infierno. Esta modalidad de Infierno limitado, pasó a ser el Purgatorio en el Cristianismo. No olvidemos que el propósito del fuego en el Purgatorio es purificador. Cuando la catarsis se completa, termina el proceso. Después de eso, servimos, solo, para obrar milagros, si es que alguien nos los atribuye.

También recogieron ideas panenteístas, presentes en las religiones indias, que suponían la preexistencia de las almas en el seno de Dios, de donde salían y a donde regresaban, tras su breve periplo terrenal. Cuando Cristo dice: ‘ El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Las palabras que yo os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que mora en mí, es quien realiza sus obras. Yo estoy en mi Padre, vosotros en mí, y yo en vosotros’. Está realizando un planteamiento totalmente acorde, claro, preciso y absolutamente ortodoxo; si lo consideramos dentro del Panenteísmo, claro.