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Progreso en Libertad

Wednesday, April 16, 2008

Si algo hubiese antinatural en la Naturaleza, sería un contrasentido. Lo más natural lo considerado antinatural por nosotros.

Para quienes quieren creer, la orientación general continuada de las ideas es hacia el Sincretismo, la unión de credos, donde cada cual mezcla, a su manera, ritos, dogmas y creencias de diversa procedencia, dando como resultado un nuevo producto religioso, con el desarrollo del pensamiento organizado.

El resultado que tenemos, en la actualidad, es una progresión, o regreso imparable, del Animismo africano. Que subyace en doctrinas actuales, pretendidamente ortodoxas. Oímos que, en algunas religiones orientales, para progresar, se hace indispensable seguir el camino trazado por un maestro, del que no se puede prescindir, si se quiere llegar a buen término. Pero, sin libertad no hay progreso. Los guías, más bien, estrechan el camino. En el Budismo ortodoxo, no se afirma o niega la existencia de Dios. Sencillamente, se prescinde de su evaluación. En él, se llega al estado de redención o iluminación, por el esfuerzo propio y el avance añadido de la progresión espiritual. Se traspasa el saber, no la sabiduría. Seguramente, los hombres sabios de otras épocas, forzados a mantener su reputación, hablaron por encima de su sabiduría, aportando datos que ellos mismos desconocían.
Decir que la Tierra gira alrededor del Sol, verdad ya sabida hace dos mil quinientos años en Grecia, Persia, Babilonia o Egipto, contradecía la interpretación de la Biblia, que sitúa a la Tierra en el centro del Universo. Los sucesivos concilios habían dado esta versión como válida. Expresar algo contrario al pensamiento oficial de la Iglesia, en aquella época, era aniquilarse. Miguel Servet, descubridor del pequeño sistema de circulación de la sangre, Galileo Galilei, Nicolás Copérnico y tantos otros científicos, conocieron lo que es enmudecer o morir, ante el poder constituido. Ahora, el Papa actual ha resucitado la existencia eterna del infierno. Creencia que fue borrada del catecismo, tras el Concilio Vaticano II. Vuelven las cadenas medievales.

La apostasía, desviación o renuncia de la doctrina oficial propia, fue condenada, durante siglos, con la muerte, por las iglesias cristianas. Tal pena, fue reflejada en las leyes coránicas, donde aún existe. La ley coránica se aplica aún de forma extremadamente severa, en cuestiones de fe. Todavía se pena con cárcel o ejecución al hombre que, sin ser musulmán, case con mujer mahometana, sin haber abjurado antes de su fe. Y, por supuesto, el matrimonio se declara nulo.

Las buenas costumbres han de establecerse por el ejemplo y la práctica de los dirigentes, no mediante castigos, temores, e imposiciones. Las leyes represoras, son menos necesarias cuanto mejores sean los gobernantes. Igualmente en la familia. La bondad es el amor a los humanos, la sabiduría su conocimiento. Y nadie es perfecto.

Confucio, que vivió numerosas dificultades, en tiempos difíciles, dedujo que, si todo estuviese bien como está, debido a la sabiduría de los Cielos, como aseguraban los taoístas, no habría que cambiar nada en el mundo; pero es evidente que no es así. La disposición mental, implica el propósito de entrenamiento continuo de la mente, para llegar al conocimiento profundo del ser humano; ordenadamente, constructivamente, pero sin límites preconcebidos.